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Capitulo 004
“La Nueva Misión”
Apenas un día después de haberse liberado de la amenaza de aquel horrible ogro que por tanto tiempo los atemorizó, el pueblo de Sallivan, en el Reino de Vallaria, recibió el sorpresivo y extraño ataque de unos seres de una... apariencia peculiar. Sería extraño de contar, pero la verdad era que esa misma mañana acababan de ser atacados por osos de peluche gigantes, que entraron en su pueblo, comenzaron a destruir las casas, y a causar un gran número de desastres, asustando a todos. Pero todo había salido bien al final; habían logrado repelerlos y salvarse.
Algunos de los hombres del Jefe Connor habían reunido las partes de aquellos osos, cabezas, piernas, brazos, torsos, en una pila para luego prenderles fuego de inmediato. Habían oído rumores de demonios que eran capaces de unir de nuevo sus partes del cuerpo y volver a la vida, y no se iban a arriesgar a que eso ocurriera. El recuento de los daños era amplio, sin embargo. Muchas casas habían sido destruidas, otras habían sido puestas patas arriba, hubo un par de incendios y diversos daños más. Hasta el momento parecía que nadie había muerto por fortuna, pero había muchos heridos, algunos de gravedad, y el doctor Lloyd y los soldados del pueblo estaban muy ocupados atendiendo a todos ellos. Pero en general, habían salido bien librados.
Pero los pobladores de Sallivan tenían que aceptar que todo eso se lo debían a la pronta intervención de una extranjera, una misteriosa chica de cabellos negros que había luchado sin temor contra ellos y les había mostrado justo cómo hacerlo; de no ser por ella, tal vez todo se hubiera perdido. Luego de aquel combate, y mientras afuera las personas intentaban comenzar a ordenar todo, en la posada, Nora, el Alcalde del Pueblo y el Jefe Connor, hablaban con la extraña y el caza recompensas que la acompañaban. Lo principal era, primero que nada, darles las gracias.
- Quiero agradecer a ambos lo que hicieron por nuestro pueblo. – Agradeció el alcalde, un hombre mayor, de bigote pronunciado y cabello canoso, vestido con un traje elegante azul. – Sallivan ha resistido muchos desastres en el pasado, pero en esta ocasión creí que no la contábamos. Ya he notificado a la capital de lo sucedido, y esperamos recibir refuerzos y apoyos para reconstruir nuestro pueblo muy pronto.
- Sí, sí, bien por ustedes. – Comentó con desgano Xyon, mientras masticaba.
El caza recompensas, ya para esos momentos vestido como se debía, y la extraña nueva salvadora del pueblo, estaban sentados en una de las mesas del restaurante, comiendo con cierta voracidad el desayuno que les habían servido. A ella se lo podían disculpar por su estado, ¿pero qué acaso ese individuo no podía comportarse con moderación al menos una vez?
- Pero creo que con todo esto ya quedó muy claro que sea quien sea está loca, sabe defenderse muy bien ella sola. – Agregó el chico de cabellos anaranjados. – Y que tampoco está tan privada de sus facultades, así que es imposible que yo haya abusado de ella de ninguna forma.
- Elly, quiero. – Comentó ella a su vez sin dejar de comer.
- Sí, eso mismo, ¿ven?
Unos segundos antes de que empezara el ataque, el Jefe Connor y Nora habían acusado a ese sujeto de haber abusado de la chica, pues los habían encontrado en una situación muy comprometedora en su cama. Era evidente que algo había sucedido entre ellos la noche anterior, y él no lo negó. Sin embargo, ahora no estaban muy seguros si había ocurrido contra la voluntad de ella o no, pues como habían visto sabía muy bien como patearle el trasero a alguien si quería, así que no era muy probable que él la haya forzado sin recibir algunos golpes… o cortes en el proceso. En vista de ello, no tenían más que disculparse por el malentendido, aunque no quisieran...
Connor se aclaró la garganta y entonces comenzó a hablar.
- Sea como sea, también es evidente que esta chica no es una persona ordinaria. Lo que vimos haya afuera me hace pensar que, de hecho, es probable que no sea humana.
- ¿Qué?, ¿también piensan que es un ángel? – Preguntó Xyon, mirándolos de reojo.
- Bueno, debe de ser algo así... ¿no? – Mencionó Nora con duda, y entonces se sentó con cuidado a lado de la chica, mirándola con detenimiento. – Sea lo que seas, salvaste a mi pueblo, y te estaré eternamente agradecida por ello.
Una amplia sonrisa de felicidad se dibujó en su rostro, y entonces tomó la mano de ella entre las suyas, sujetándola con fuerza. La chica la volteó a ver confundida, y luego miró sus manos. Ese acto le pareció algo extraño.
- ¿Elly…?
- Los ángeles no tienen alas oscuras ni hechas de metal. – Comentó el caza recompensas abruptamente con la boca llena. – Lo que esta tipa hizo tiene que ser alguna de esas magias paganas, como la de aquel idiota de armadura roja de ayer.
- ¿Magia pagana? – Comentó confundido el alcalde sin entender a qué se refería.
Lo cierto era que la llamada “magia” no era bien vista para los creyentes más radicales de Gaia, pues desde su punto de vista, el único poder de esa naturaleza era el de su diosa, y cualquier otro arte mágico que no fuera el de ella, era considerado como Magia Pagana, y en algunos reinos donde la religión tenía mayor influencia en el gobierno, estaba estrictamente prohibida. Vallaria no era el caso, pero aún así a algunos no les agradaba su uso, y al parecer ese chico era uno de ellos.
- Ángel, magia pagana, o lo que sea, no importa. – Contestó Nora con molestia. – Se arriesgó para salvarnos, y eso es lo que cuenta.
- ¡¿Y yo qué?! – Comentó con cierto enojo él a su vez, señalándose con su pulgar. – ¡Yo también salté a pelear con ellos!, ¿no recuerdas eso?
- Sí, pero de seguro sólo estabas buscando la mejor oportunidad para huir.
- ¡¿Qué dices?!
- Tranquilos los dos, no es momento para esto. – Interrumpió Connor para intentar calmarlos. – Sea como sea, dudo que encuentres a alguien que sepa quién es o qué es en este pueblo, chico. Lo más seguro es que ella no es de aquí.
- Qué mal. – Murmuró él con cierto sarcasmo y entonces dio un largo sorbo de su tarro, terminándose su bebida y con ello toda su comida. Acto seguido se puso de pie, se colocó su espada en su costado y su equipaje al hombro. – En fin, un gusto en conocerlos a todos. Han sido dos días divertidos y dolorosos, pero la verdad espero jamás volverme a parar en este mugriento pueblo otra vez. Con su permiso, tengo cosas que hacer. Ahora la chica ángel es su problema.
Y sin más, se comenzó a dirigir caminando con total tranquilidad hacia la salida, ante los ojos incrédulos de todos, incluida la chica de que hablaban. Ésta se paró rápidamente al ver como se iba y se le acercó casi corriendo, sujetándolo de su capa y jalándolo para que no se fuera.
- ¡Elly! – Exclamó con fuerza mientras jalaba su capa, casi ahorcándolo con ella.
- ¡¿Qué te pasa?!, ¡suéltame! – Pronunció él a su vez, intentando zafarse y de seguir caminando, pero no era capaz de moverse de su lugar.
- ¡¿A dónde crees que vas?! – Gritó furiosa Nora, parándose de su silla de un salto. – ¡¿Tú la trajiste aquí y ahora piensas abandonarla aquí como si nada?!
- ¡¿Y por qué no?! ¡Se ve feliz aquí, y no es mi problema ahora!
- ¡Elly!
En ese momento la capa se le escapó de sus manos a la joven, lo que terminó en que el caza recompensas saliera casi volando hacia el frente, chocando contra una de las mesas, estrellando su cara contra ésta, tumbándola y cayendo al suelo junto con ella, exhalando un agudo un grito de dolor.
- ¡Maldición! – Gritó con fuerza mientras se agarraba la cara, que estaba roja por el golpe. – ¡¿Cuántas veces me he golpeado la cabeza estos dos días?!
- ¡Elly! – Escuchó como decía con fuerza y lo siguiente que sintió fue que se le lanzaba encima, abrazándolo con fuerza en el suelo.
- ¡No!, ¡Déjame! ¡¿Qué es lo que quieres?!
Xyon intentó apartarla de él, empujándola con sus dos manos, pero de nuevo era incapaz de moverla siquiera. ¿Por qué era tan fuerte?
- Yo creo que lo que ella quiere es estar contigo, chico. – Comentó divertido el alcalde, mientras jugaba con su bigote.
- ¡¿Y conmigo por qué?!
- ¡¿Cómo que por qué contigo?! – Nora se le acercó rápidamente, parándose delante de él con una mano en su cintura y con la otra señalándolo fijamente. – No puedes dejarla así como así luego de lo que le hiciste anoche. ¡Debes de tomar responsabilidad por tus actos!
- ¡¿Qué yo le hice?!, ¡ya te dije que ella fue la que se metió a mi cuarto y me sedujo!
Eso tenía que ser una broma. Primero lo acusaban de ser un malvado violador y de meterlo a la cárcel, ¿y ahora le dicen que es el responsable de ésta completa extraña? Eso era ridículo, ¿cómo terminó en esa situación? Comenzó a maldecir por dentro el momento en que vio ese anuncio y decidió ir a ese pueblo.
- Tú eres un caza recompensas ambulante, ¿no? – Comentó Connor por su parte, con más tranquilidad que Nora. – Viajas seguido y recorres diferentes pueblos. Tú podrías llevarla contigo y buscar a su familia o su lugar natal. Y además, como ya es obvio para todos, se siente muy segura contigo. Tú eres el único que puede…
- ¡De ninguna manera! – Interrumpió de golpe, mientras intentaba ponerse de pie, aunque esa chica lo siguiera abrazando. – No soy niñera de nadie, ¿de acuerdo? Ya perdí mucho tiempo y excedí mi cuota de buen ciudadano más de la cuenta estos días. Tengo aún recompensas que perseguir y no tengo tiempo para ir arrastrando a una retardada que ni puede hablar, ¡¿de acuerdo?!
Sus palabras parecieron hacer reaccionar a la joven de negro, que lo soltó de golpe, dando un paso hacia atrás, mientras sus ojos sorprendidos lo miraban fijamente. Luego, su expresión pareció cubrirse gradualmente de una gran tristeza, hasta que él pudo notar que sus ojos se ponían temblorosos, y poco a poco parecían humedecerse.
- Oye, no empieces a llorar de nuevo. – Murmuró algo nervioso el caza recompensas. – ¡No es nada personal contra ti!, simplemente... ¡simplemente no tengo tiempo para esto!
Sin intención de dar más explicación, se dio media vuelta y siguió caminando a la puerta.
- ¡Eres increíble! – Exclamó furiosa la mesera, parándose atrás de la joven, colocando sus manos sobre sus hombros. – ¡¿Es qué acaso nunca piensas en alguien más que no seas tú?!
- ¡No! – Fue su abrupta respuesta sin voltear a verlos siquiera.
- Ya veo que eres una persona peor de lo que creí. Pero si eso es lo que quieres, ¡bien!
Nora se alejó caminando con rapidez hacia las escaleras, subiéndolas con pasos apresurados mientras todos la miraban con curiosidad, incluido Xyon, que se había quedado parado en la puerta sin entender a dónde iba tan de repente. Unos segundos después, la mesera volvió a bajar con la misma rapidez, se les acercó y colocó sobre una de las mesas una bolsa de color marrón. Al colocarla, se escuchó un tintineo, como... ¿de monedas?
- Toma, es tuyo si lo quieres. Llevártelo.
- ¿Pero qué es eso? – Aún sin entender, el caza recompensas se volvió de nuevo hacia adentro, acercándose a la mesa.
- Ésta es la recompensa que ofrecí en el volante para quién derrotara al Ogro, la que el señor Rick rechazó. Te daré una nueva misión, y como pago te daré este dinero. La misión es que encuentres a la familia de esta chica, de dónde es, o dónde está su casa y la lleves ahí.
Todos los presentes se sorprendieron al escucharla decir eso, incluso la extraña chica, que al parecer había entender por completo sus palabras y también se había sobresaltado. Xyon miró a Nora, incrédulo, y luego miró la bolsa de dinero, comenzando a turnarse entre una y otra. Intentaba ver algún rastro de mentira en su rostro, o de falsedad en esa bolsa, pero no parecía ver ni una ni otra. ¿Era enserio lo que decía?
- ¿Estás bromeando? ¿Me darás todo ese dinero sólo para convencerme de ayudar a una persona que tú ni siquiera conoces?
- Es lo justo. Este dinero fue reunido por mí y todos como pago para aquel que salvara a nuestro pueblo. Ella nos salvó la vida, a todos, y sin ningún motivo para hacerlo. Así que sin lugar a duda, este dinero le pertenece a ella, y lo gastaré en su bienestar.
- Creo que todos estarán de acuerdo contigo, Nora. – Comentó Connor, asintiendo con aprobación a su discurso.
- No lo sé, ¿y si hiciéramos una votación...? – Intentó sugerir el Alcalde, pero un codazo de Connor en el abdomen lo hizo callar.
Xyon parecía incapacitado para comprender lo que se presentaba ante él. ¿Haría eso por una completa extraña? ¿Por qué?, ¿por qué tantas preocupaciones por alguien que hace menos de un día nunca había visto? Todo eso era algo que él no entendía, y una parte de su mente le decía que todo eso era algún tipo de broma. Pero no, al parecer todo eso era muy enserio. Se volteó hacia un lado de brazos cruzados, y se quedó callado por largo rato. No sabía bien qué decir o que contestar. Estaba realmente abrumado.
- Aun suponiendo que aceptara hacer esto, ¿qué te hace pensar que podría lograr saber a dónde pertenece esta chiquilla?
- Dijiste que la encontraste a la orilla del río. – Comentó Connor. – Tal vez fue arrastrada por la corriente. Río arriba encontraras algunos pueblos. Tal vez en alguno encuentres pistas.
De nuevo silencio. ¿Qué debía hacer? En definitiva necesitaba el dinero, pero...
Lentamente se volteó hacia la chica, que estaba de pie a su lado, mirándolo fijamente, expectante, esperando algún tipo de respuesta de su parte. Al parecer estaba acorralado. Un largo suspiró salió de sus labios y entonces extendió su mano derecha al frente, tomando la bolsa de dinero con algo desganado.
- Está bien, está bien. Pero que conste que este dinero era mío de todas formas. – Se giró y, como antes, comenzó a caminar hacia la puerta. – Vámonos, loca, no te quedes atrás que tenemos un itinerario limitado.
La “loca”, como la llamó, se sobresaltó sorprendida, y luego su rostro se iluminó por completo, cubriéndose de una notoria alegría y entusiasmo.
- ¡Elly! – Exclamó con fuerza y entonces corrió para alcanzarlo, y ambos salieron de la posada, perdiéndose de la vista de Nora y los otros dos.
- ¿Cree que hice lo correcto? – Cuestionó con algo de duda la mesera, virándose hacia el Jefe de Caballería. Éste asintió con su cabeza y colocó una mano sobre su hombro.
- Algo me dice que era lo mejor que podías hacer.
Esas palabras la animaron, y la hicieron sonreír. Esperaba que todo terminara bien para esa chica, pero ahora había que preocuparse por otras cosas. Un pueblo no se reconstruía solo después de todo.
- - - -
Para cuando el atardecer empezó, Xyon había decido acampar; luego de lo que había vivido esos días, dormir al aire libre no le resultaba tan malo. No le pidió opinión a su nueva compañera de viaje, pues de todas formas ni siquiera sabía hablar, así que daba lo mismo si se oponía o no. Acamparían a lado del río. Siguiendo el consejo de Connor, habían seguido el camino paralelo al río en el que la había encontrado, pero no tenía deseos de caminar en la noche, y la verdad estaba algo agotado de tanto ajetreo.
- No puedo creer que enserio haya aceptado hacer esto. – Comentaba con molestia, estando sentado en el suelo, con su espalda recargada contra una piedra y sus ojos en el cielo que poco a poco se volvía estrellado. – ¿Qué se supone que haga ahora?, ¿ir pueblo por pueblo preguntando “oiga, perdió a una chica con alas de acero en el río”? Qué tontería.
- Elly. – Escuchó que la joven pronunciaba no muy lejos de él.
Mientras Xyon estaba sentado quejándose y pensando en voz alta, ella parecía estar reuniendo leña para una fogata. Lo único que el caza recompensas veía era como iba y venía cada vez con más ramas, y luego las acomodaba perfectamente en un montículo. Se puso de rodillas frente a ellas y tomó dos varas gruesas para empezar a frotarlas entre sí e intentar encender fuego. Quién lo diría, parecía que sí sabía dormir a la intemperie, al contrario de lo que su apariencia refinada y delicada podría hacer parecer.
- ¿Sabes? – Comentó mientras miraba lo que hacía. – Ya me dieron el dinero, y esa chica no me va a seguir, así que prácticamente no estoy obligado a hacer nada.
- Elly.
- Bien podría abandonarte aquí e irme con el dinero tranquilamente, ¿no?
- Elly.
- Pero no lo haré. – Comentó, no muy animado por la idea, mientras se viraba de nuevo al cielo. – Supongo que a pesar de todo no soy tan bastardo como para hacerle eso a una chica con la que acabo de dormir la noche anterior.
- Elly.
- Pero será mejor que te portes bien, porque al primer problema que me ocasiones, lo haré sin pensarlo, ¿oíste?
- Elly.
- ¡Con un demonio! – Exclamó muy molesto de golpe, volteándola a ver de nuevo, pero ahora muy disgustado. – ¡Me tienes harto con tus “Ellys”!, ¡¿cuándo vas a aprender a decir alguna otra palaba nueva?!
Ella alzó su mirada abruptamente en cuanto dijo eso, y eso tomó por sorpresa a Xyon. La mirada de aquella chica se había puesto seria y algo fría, pero a la vez muy atemorizante. Se le quedó viendo fijamente por un rato, y entonces abrió la boca para decir...
- Bastardo. – Pronunció en voz baja de la nada, para después volver a lo que estaba haciendo.
Xyon parpadeó confundido sin entender que había sido eso... Pero luego le pareció comprenderlo y su mirada su endureció un poco.
- Muy graciosa... Así que repites las palabras que escuchas como un perico, ¿eh? Bueno, ya tenemos “Elly”, “Quiero” y “Bastardo”. Vamos por buen camino.
- Elly.
La fogata se encendió en ese momento, y rápidamente comenzó a soplarle con cuidado para que se avivara.
- Apropósito, como evidentemente vamos a viajar juntos por un buen rato, creo que tengo que llamarte de alguna forma. – Comentó el caza recompensas y entonces se puso en pose como si estuviera pensando. – Cielos, me pregunto cómo te llamaras. Déjame adivinar... Te llamas... ¿Elly?
La chica se sorprendió un poco al oírlo y rápidamente alzó su mirada, que de nuevo no parecía muy feliz.
- Elly. – Pronunció con molestia, negando con su cabeza rápidamente.
- ¿No te llamas Elly? Qué raro, ¿entonces por qué sólo dices eso? Bueno, da igual, serás Elly, te guste o no.
Ella no pareció estar conforme con tal “decreto” de su parte, pero no peleó más. En su lugar volvió a cuidar que el fuego creciera, y acomodó los leños en torno a él como una tienda de campaña.
- Y sé que de todas formas ni podrás decirlo, pero para que lo sepas – En ese momento se recostó boca arriba en el suelo, con sus manos atrás de su cabeza como almohada, y cerró los ojos. – Mi nombre es Xyon, el Gran Xyon para ti.
La joven se quedó paralizada al oírlo. Su asombro pareció ser tal que soltó uno de los leños que sostenía. Su rostro estaba pasmado, y se puso incluso algo pálido de golpe. Lentamente alzó de nuevo su cabeza, volteando a ver al chico, recostado no muy lejos de ella, con sus ojos abiertos de par y par y sus labios ligeramente separados.
Luego de unos segundos de no escuchar ningún sonido de su parte o acción alguna, Xyon volvió a abrir sus ojos y volteó a ver qué estaba haciendo. Y no hacía nada, simplemente estaba ahí de rodillas, mirándolo fijamente.
- ¿Qué pasa? ¿No te gusta mi nombre o qué?
Ella siguió en el mismo estado por unos momentos más, pero luego pareció relajar más su expresión.
- Elly… - Fue su corta y suave respuesta, antes de volver a lo que estaba haciendo como si nada hubiera pasado, aunque su expresión había cambiado por completo.
“¿Y ahora que le pasa?” Pensó confundido el caza recompensas al no entender el porqué de su reacción.
- - - -
No pasó la gran cosa luego de aquello, y la noche llegó al fin. El bosque se cubrió de oscuridad y de silencio, y sólo las estrellas y el lento flujo del agua del río podían romper con esto. Xyon estaba recostado boca arriba a un lado de la fogata, mientras la chica, a la que se había dado la libertad de bautizar como “Elly”, estaba sentada al otro, abrazando sus piernas contra ella y con su barbilla posada sobre sus rodillas, mientras miraba fijamente la danza del fuego frente a ella.
El silencio le era muy incomodo a Xyon. Desde que le dijo como se llamaba, por alguna razón se había puesto así de seria, como si toda esa alegría que tenía de viajar con él se hubiera esfumado de golpe. ¿Para qué hizo tanto escándalo hasta prácticamente obligarlo a llevarla con él? Eso realmente era un fastidio.
- Oye, Elly. – Pronunció de pronto, volteándola a ver, pero ella no reaccionó en lo más mínimo. – Ellys. – Repitió de nuevo, pero el resultado fue el mismo. – ¡Elly!, ¡no te hagas la sorda!
La joven terminó por reaccionar en ese momento, alzando su mirada hacia él, aunque con cierto desgano.
- Sí, te hablo a ti, ahora eres Elly, recuérdalo. – Xyon respiró lentamente para tranquilizarse. – Sólo quería preguntarte… ¿Qué fue lo de anoche? Digo, ¿por qué hiciste... eso?
Un ligero sonrojo apareció en el rostro del chico, pero intentaba mantener la calma y de fingir cierta indiferencia al tema. Incluso se volteó a otro lado y colocó su mano en su barbilla de forma engreída.
- Digo... sé que soy irresistible y muchas mujeres pierden los estribos conmigo, es algo comprensible. – Esas palabras fueron seguidas de una ligera risa confiada que a Elly no le gustó en lo más mínimo. – Pero nunca me había tocado una que… Bueno, reaccionara como tú. No es que haya sido mi primera vez… No, claro que no, he tenido muchas experiencias, por supuesto que sí…
Volvió a reír de esa forma y el desagrado que se reflejaba en la mirada de Elly se acrecentó de golpe. Sin esperar a que terminara de hablar, y mientras no estaba viendo, se recostó en el suelo, dándole la espalda a la fogata, y por lo tanto también a él. Xyon ni siquiera se dio cuenta y siguió hablando.
- Y tampoco es que me desagradara, de hecho no estuviste nada mal... Se ve que tienes experiencia en eso, a diferencia de lo que tu apariencia inocente refleja. Sólo quiero decirte que si quieres repetirlo, sólo tienes que…
En ese momento la volteó a ver con la expresión más galante que le era posible, con una amplia sonrisa y sus ojos entre abiertos, casi con brillo en ellos... Pero para su sorpresa la joven estaba recostada ya sobre su costado, aparentemente quedándose dormida.
- ¡¿Por qué te duermes mientras te estoy hablando?! – Exclamó con fuerza, sorprendido y molesto al ver esto, mas Elly no se movió siquiera de su lugar al oírlo.
Frustrado, molesto y algo avergonzado, se cruzó de brazos y se recostó sobre su costado, también dándole la espalda a la fogata.
- “Está tipa en verdad está loca…” – Pensó con enojo, y entonces comenzó a intentar quedarse dormido.
Obviamente Elly no estaba dormida aún, y había escuchado todo su absurdo discurso. De hecho, ni siquiera tenía los ojos cerrados. No podía conciliar el sueño aún. En su lugar miraba fijamente al bosque oscuro, pensativa...
- - - -
Las reparaciones en Sallivan no serían terminadas en un sólo día. De seguro tardarían mucho tiempo en volver a sus vidas normales, pero los pobladores permanecían optimistas. Mientras esperaban los refuerzos, víveres y apoyo de la capital, ellos hacían lo suyo, limpiando sus propias casas y atendiendo a los heridos que parecían estar mejorando favorablemente. La mañana siguiente al ataque de aquellos osos, todas las personas del pueblo seguían levantando los escombros o intentando salvar lo que podían de sus casas destruidas. Todos se ayudaban entre ellos; eso reflejaba la gran unión que tenían siendo un pueblo tan pequeño.
Nora y otros más, estaban ayudando a la familia del panadero a buscar en los escombros de su casa algunas de sus pertenencias. El señor panadero estaba recuperándose en la clínica pues uno de los osos lo había lanzado volando por los aires durante el ataque. Nora no usaba su vestido de mesera en esos momentos, pues hubiera estorbado mucho para esa tarea. En su lugar usaba unos pantalones negros, una camiseta de mangas largas color amarillo, zapatos, y el cabello recogido. Estaba ayudando a retirar los pedazos de piedra y madera para excavar, y se le notaba algo acalorada. Se tomó un pequeño descanso para poder secarse el sudor y tomar algo de agua del pozo del pueblo. Pero mientras bebía, alguien interrumpió su descanso.
- ¿Señorita Nora? – Escuchó que una voz masculina pronunciaba detrás de ella y rápidamente se giró para ver quién era.
La auto proclamada líder del pueblo se sobresaltó sorprendida al ver a aquella persona, y su rostro se iluminó de tal emoción, que incluso tiró el balde de agua del que tomaba para acéresele casi corriendo.
- ¡Pero qué sorpresa! – Dijo alegre al estar parada justo frente a aquella. – ¡Volvió a Sallivan, señor Rick! Qué alegría verlo de nuevo…
Rick, aquel Paladín de Armadura y casco rojo, el mismo que hace dos días había ido a ese sitio para derrotar al ogro que los atemorizaba, estaba de nuevo ante ella. Vestía la misma armadura que en aquel entonces, y la misma capa, aunque traía la capucha hacía atrás y no sobre la cabeza. Aquel individuo sonrió de manera gentil al verla, y le hizo una pequeña reverencia con la cabeza.
- La alegría es mía de volver a verla, señorita Nora. – Comentó el Paladín. – Y de ver que usted está sana y salva...
- Oh, ¿por qué tanta alegría, eh? – Pronunció ahora una voz femenina, pero justo detrás de Rick, y al oírla éste pareció quedarse helado. – Yo también quisiera compartirla…
Tanto Nora como Rick se viraron en dirección a aquella voz, aunque con reacciones diferentes: Nora con cierta curiosidad, y Rick prácticamente con miedo.
Parada a menos de un metro de él, se encontraba una mujer, de cabellos azules, largos hasta su cintura, de piel blanca, vestida con un traje azul que se componía de de una camiseta sin mangas que dejaba al descubierto su ombligo, y una falda también azul. Sus piernas eran cubiertas con unas mallas negras. La chica sonreía ampliamente, como si fuera alegría, pero de hecho despedía una densa aura de enojo que a Nora también la puso algo nerviosa.
- ¡Ah!, ¡Amelia!, ¡espera! – Exclamó Rick rápidamente, dando un paso hacia atrás. – No es lo que crees… yo sólo…
- ¿Ella viene con usted, señor Rick? – Comentó algo dudosa la mesera, señalando a la extraña con un dedo. En ese momento, le pareció notar algo extraño en aquella chica. Algo se movía detrás de ella de un lado a otro, ondeando... Algo alargado, de color azul del mismo tono que su cabello... ¿Eso era una...?
- ¿Señor Rick? – Murmuró la mujer, y Nora notó como su ceja derecha se movía ligeramente como tic al decirlo, y entonces empezó a caminar lentamente hacia Rick, quien daba un paso hacia atrás por cada paso que ella daba hacia el frente. – Con razón tenía tanta prisa en venir, señor Rick…
- Oye, espera, lo que pasa es que… - Rick intentaba explicarse, pero aquella mujer no le dio ninguna oportunidad de hacerlo.
- Aquallirus. – Pronunció en voz baja, sin dejar de sonreír, y la gema azul que usaba como adorno en su cinturón comenzó a brillar con fuerza con un ligero resplandor del mismo color.
De un segundo a otro, el cuerpo de Rick se cubrió por completo de hielo desde los pies hasta la cabeza, dejándolo petrificado a lado de Nora como una estatua de hielo sin vida.
- ¡¡Ah!! – Exclamó asustada, alejándose varios pasos de él. – ¡Se congeló!, ¡¿qué pasó?!
- Despreocúpate, él estará bien. – Dijo de pronto una tercera voz.
Nora seguía tan impresionada por lo que acababa de ver, que al oírlo sólo pudo reaccionar sobresaltada, y casi a la defensiva, lista para golpear a quien se le acercara, pero por suerte no fue necesario. La otra persona en el sitio era un hombre de apariencia joven, de cabello castaño claro, casi rubio, largo hasta por debajo de su cintura, de piel blanca, vestido con una túnica verde clara de mangas largas, con un cinturón blanco, y unos pantalones grises anchos. Tenía sus manos atrás de su espalda, y tenía una expresión amable y gentil, con una hermosa sonrisa que no era aterradora como la de aquella chica.
- Eso le pasa todo el tiempo, ya está muy acostumbrado a estar congelado. – Comentó algo divertido, inclinando su cabeza hacia su lado izquierdo.
- ¿Quiénes son ustedes?
- No debes de temernos. Somos compañeros de Rick. Yo soy Helios, y la de allá es Amelia.
- Mucho gusto. – Saludó la joven de azul, agitando su mano derecha, y ahora sonriendo de manera más natural, como si lo de hace unos momentos no hubiera pasado.
Al echarle otro vistazo con cuidado, Nora pudo ver con más claridad eso que había visto detrás de ella, y ratificó que su primera impresión había sido la correcta: era una... cola, una cola azulosa que se movía desde la parte trasera de esa chica. Eso la llenó de un abrupto asombro de golpe, aunque no tuvo mucho tiempo para pensar a profundidad en ello, porque en ese momento notó que el cuerpo de Rick, aún dentro del hielo, se cubría de un fulgor anaranjado, y luego su prisión empezó a derretirse con mucha rapidez, hasta dejarlo libre.
- ¿Ves?, ya se descongeló. – Señaló el que se había presentado como Helios, riendo ligeramente luego de eso.
- De... Debes dejar… de hacer eso, Amelia. – Comentó tartamudeando el paladín de armadura, mientras se abrazaba a sí mismo y temblaba debido al frío.
- Y tú debes de dejar de coquetear en cada pueblo que visitas, Rick. – Contestó ella con simpleza.
- ¡Yo no... coqueteo! Só.. lo... soy... amable...
Nora parpadeó confundida ante toda la escena, que ella consideraba algo entre inusual, cómica... y aterradora. Ese hombre había dicho que eran compañeros de Rick, ¿lo que debía de significar que también eran “Paladines” como Rick les había explicado? Bueno, ninguno de ellos usaba armadura o capa, de hecho los dos se veían muy normales... Excepto por la cola de ella.
- Veo que la pasaron muy mal luego de que Rick estuvo aquí. – Comentó de pronto el hombre castaño, volteando a ver los destrozos del pueblo con seriedad.
- Sí, así es. – Suspiró la mesera. – Si les contara lo que sucedió, no me lo creerían. El señor Rick ahuyentó al ogro, pero el día de ayer fuimos atacados por…
- ¿Osos de peluche gigantes? – Interrumpió él de pronto, completando su frase. Nora se sorprendió mucho al ver esto.
- Sí... - Contestó con algo de duda. – Pero... ¿cómo saben eso?
Los tres guardaron silencio y se voltearon a ver con seriedad entre ellos. El aire pareció tensarse de golpe en ese momento.
- Así que era cierto. – Murmuró Amelia, cruzándose de brazos y mirando al suelo. – Deben de seguir aún por los alrededores.
- ¿Pero porqué atacar este pueblo justamente el día siguiente a que yo estuviera aquí? – Preguntó Rick, al parecer ya mejor, aunque frotaba sus manos y exhalaba su aliento entre ellas. – Fue una desviación muy grande de la ruta que habían estado llevando todos estos días. ¿Creen que me estaban siguiendo a mí?
- Puede ser...
Nora no entendía la plática. ¿Cómo sabían de los osos? Aunque de hecho, no sólo parecían saber de ellos: era como si los conocieran muy bien.
La mujer de azul se giró de nuevo al pueblo, mirando sus edificios destruidos, y las personas trabajando en la limpieza y reconstrucción. La escena le pareció fascinante de alguna forma.
- ¿Se fijan? Los desastres no fueron tan graves como en las otras ocasiones. Casi todos los edificios siguen en pie, y toda la gente sigue aquí.
- Estuvo muy cerca de no ser así. – Comentó Nora, con cierto orgullo en su voz. – Pero pudimos repelerlos y hacer que huyeran por donde llegaron.
Los tres se voltearon al mismo tiempo de golpe hacia ella, y los tres tenían una expresión de asombro en los ojos. Nora dio un paso hacia atrás algo intimidada, sin saber si acaso había dicho algo malo.
- ¿Lo que dice es cierto? – Preguntó de inmediato Rick, acercándosele un poco. – ¿Dice que los repelieron ustedes solos?
- Bueno... No solos exactamente... - Comenzó e intentar explicar, aunque se había puesto nerviosa por sus reacciones tan repentinas. – De hecho, le debemos la vida a dos individuos; sin ellos quien sabe que hubiera sido de nosotros.
- ¿Dos personas? ¿Quiénes?
- Uno es el caza recompensas de caballo anaranjado que estaba en la cueva del ogro, ¿lo recuerda, Señor Rick?
Dentro de su casco, Rick ponía una cara de confusión ante esa afirmación. Sí, por supuesto que lo recordaba; ¿cómo olvidar tan fácil a un sujeto tan desesperante y odioso como ese?, era algo imposible, aunque lo deseara.
- ¿Me está diciendo ese bobo derrotó a los osos? Eso imposible.
- Bueno, derrotó a unos cuantos, pero no él solo. Alguien más lo ayudó, y de hecho fue quién salvó a nuestro pueblo...
Los tres visitantes la miraron con curiosidad, y aparentemente ansioso de saber más al respecto.
- - - -
Cuando Xyon despertó la mañana siguiente, su acompañante ya estaba levantada, había apagado el fuego, y estaba llenando la cantimplora con agua del río; parecía que esa extraña chica era más útil de lo que pensaba. Intentó molestarla un poco, decir algunos de sus comentarios sarcásticos y ingeniosos, pero ella no reaccionaba en lo más mínimo. De hecho, parecía casi estarlo ignorando, concentrada en sus tareas, con su expresión pensativa y seria en el río, la cantimplora o la tierra. Al parecer la noche de sueño no había ayudado en nada a que dejara de estar tan extraña.
Xyon decidió ya no darle importancia a ello y ponerse en camino lo antes posible. Luego de desayunar en silencio un poco de la comida que habían comprado antes de irse de Sallivan, volvieron al camino paralelo al río, él caminando al frente, y ella detrás de él, con su mirada baja. No estaba seguro de qué prefería, que estuviera de encimosa y sólo diciendo “Elly Elly Elly” una y otra vez, o ida y en lúgubre silencio como estaba ahora.
Luego de estar caminando y caminando sin que ninguno dijera nada por casi diez minutos, Xyon pareció desesperarse y entonces empezó a hablar en voz alta. Aunque no le respondiera, al menos no habría tanto silencio.
- Si no me equivoco, la ciudad de Kurastian debe estar cerca. – Comentó. – Esperemos que en ese sitio encontremos alguna pista de quién demonios eres. Estaría bien que me dieras al menos alguna pista de dónde buscar, con señas o algo.
- Elly... - Escuchó cómo ella murmuraba muy despacio, tanto que apenas le fue posible oírlo. Al menos había dicho algo, pero como si no lo hubiera hecho.
- Oye. – Pronunció el caza recompensas, volteándola a ver hacia atrás sin detenerse. – Has actuado muy rara desde anoche... Me refiero a más rara que de costumbre. ¿Qué te pasa?
Elly alzó su rostro ligeramente para mirarlo. Si fuera una persona “normal”, Xyon podría afirmar que se le veía desanimada, adormilada... incluso triste. Pero como no era el caso, era totalmente difícil adivinar qué era lo que le pasaba, y el que no supiera comunicarse hacía las cosas muchísimo más complicadas. La joven abrió su boca como si estuviera a punto de decir algo, tal vez de contestarle su pregunta, pero él no le dio oportunidad de hacerlo, pues de antemano sabía que no le iba a entender.
- ¿Sabes?, mejor olvídalo. – Comentó con desgano, volteando de nuevo al frente. – Igual no podrías ni decírmelo, qué más da. Debería de aprovechar que no quieres hablar para descansar.
La mirada de Elly se endureció de golpe al oír esas palabras. Mientras caminaban, ella miraba fijamente con molestia su espalda cubierta con esa vieja capa. Parecía que al fin la actitud del caza recompensas la había hecho enojar; había tardado demasiado de hecho. Pero la verdad no parecía estar precisamente enojada... sino algo deprimida.
De pronto, al desviar su mirada hacia su lado derecho, algo en el río pareció llamarle la atención, lo que provocó que se detuviera abruptamente y se quedara viendo “eso”. Xyon, por su lado, no pareció notarlo, y no sólo siguió caminando como si nada, sino que incluso continuó hablando solo en el proceso.
- Esperemos que podamos terminar con esto rápido. – Comentaba mientras miraba al frente. – Tengo muchas otras recompensas que obtener, lugares que visitar, y la verdad no me es costeable viajar con compañía. Incluso el dinero que me dio esa mujer se me acabará en un par de semanas si lo tengo que gastar entre dos. Aunque al parecer eres buena peleando. Sí, ahora que lo pienso, si tanto quieres viajar conmigo, estará bien que trabajaras también. Si me ayudas a conseguir algunas recompensas, podríamos hacer nuestro viaje más agradable. ¿Estarías dispuesta a hacerlo o no te quieres ensuciar las manos?
Fue hasta ese momento que se dignó a voltear hacia atrás, y fue entonces que se dio cuenta de que la chica de vestido negro ya no estaba ahí.
- ¡¿Qué?! ¡¿A dónde demonios se fue?! – Exclamó sorprendido, buscándola con su vista hacia todas direcciones, hasta que logro divisarla muy atrás en el camino, tanto que apenas y le era visible.
Elly se encontraba de pie en el mismo sitio que se había detenido, y volteando de igual forma hacia el río. Lo que miraba de hecho era a dos personas, un chico y una chica, ambos jóvenes, de seguro ambos de menos de veinte años, vestidos con ropas de campesinos. De seguro eran habitantes de alguna villa cercana. Se encontraban llenando unas vasijas con agua en el río, mientras platicaban, y reían entre ellos. Elly apreciaba principalmente la forma en que se miraban. Los ojos de uno se encontraban con los del otro, y sus mejillas se ruborizaban. Sus sonrisas se extendían de oreja a oreja, y reflejaban con esos sencillos actos la completa felicidad que sentían en esos momentos. Sus ropas eran viejas, por lo que muy probablemente eran pobres, sin cosas valiosas, sin una casa bonita o comidas deliciosas y caras... Pero ahí estaban, sonrientes, felices, uno al lado del otro, llenando vasijas de agua como si fuera lo más maravilloso del mundo...
El chico metió su mano en el río y le aventó algo de agua al rostro a la chica de pronto de manera expontanea. Ésta cerró los ojos y rió divertida.
- Oye, ¡no! - Exclamó entre risas y luego lo imitó, arrojándole agua a él ahora. - ¡Eres un niño!
Ambos empezaron a jugar con el agua, y luego la chica se puso de pie y comenzó a correr, siempre sin dejar de reír. El chico lo perseguía de la misma forma, y unos segundos después la alcanzó, abrazándola con fuerza por detrás con fuerza. Ambos se quedaron juntos, en silencio, simplemente de pie, abrazados, pegados... Ella se giró ligeramente hacia él, sólo lo suficiente para poder extender su rostro hacia el chico, y besarlo con dulzura en sus labios. Él le correspondió ese beso sin ninguna oposición, cerrando sus ojos y rodeando su cintura con sus brazos.
Felices, como si todo eso fuera lo más maravilloso del mundo... Toda esa escena pareció fascinar tanto a Elly que no le importó quedarse atrás. Ella seguía de pie en el camino, mirándolos fijamente en silencio, con su rostro cubierto de una notoria melancolía...
- ¡Ahí estás! – Escuchó como la molesta voz de Xyon pronunciaba, y antes de pudiera reaccionar siquiera, sintió como su puño le hacia un coscorrón con fuerza en la cabeza.
- ¡Elly! – Exclamó con algo de dolor, agarrándose la cabeza con ambas manos y poniéndose de cuclillas.
El caza recompensas estaba ahora parado a su lado, mirándola con mucho enojo en su rostro.
- ¡¿Por qué te quedas atrás?!, ¡¿Qué tienes pensado hacer si te pierdes?! Todavía que me tomó todas estas molestias por ti. ¿Qué crees que me gusta estar viajando contigo intentando buscar quién demonios eres? Me agradaría al menos una compañera de viaje que supiera hablar, pero aquí estoy, cumpliendo esta maldita misión y aguantando tu odiosa actitud…
Xyon siguió hablando y hablando, sin notar o importarle que cada frase hiriente no hacía más que empeorar el estado de ánimo de su receptora. Mientras él seguía quejándose, ella estaba dándole la espalda, con sus manos sobre su cabeza, en el sitio donde le había dado el coscorrón. Pero conforme seguía con su discurso, sus mansos se iban cerrando más y más, cada vez con más fuerza, hasta formar dos puños con.
- Sigo preguntándome si todo esto es por la maldita ofrenda que no le di a Gaia en el último festival. – Seguía parloteando el caza recompensas, ya para ese momento más para sí mismo que para ella. – ¡¿Qué acaso no te he divertido ya suficiente...?!
Elly alzó su mirada de golpe hacía él y se la clavó encima como navajas. Xyon se sobresaltó un poco ante este acto, en especial al ver esos ojos llenos de furia y molestia con los que lo miraba; casi parecía que salía fuego de ellos.
- ¿Eh? Oye... ¿Qué te pasa…? – Comentó nervioso, dando un paso hacia atrás, y comenzando a pensar que tal vez había cometido un error...
De pronto, la joven alzó su mano lentamente hacía él, extendiendo su palma, y ante los ojos incrédulos del caza recompensas, una pequeña esfera de energía color rojo empezó a formarse justo frente a su mano, creciendo hasta tener el tamaño de una pequeña pelota, y luego prologarse como un rayo hacía él.
- ¡¿Qué estás haciendo?! – Exclamó atónito, pero rápidamente se agachó, haciendo que dicho rayo pasara a unos escasos centímetros de su cabeza, y chocara contra algunos árboles cercanos, destruyéndolos y luego provocando una pequeña explosión.
Pasmado, el chico de cabellos naranjas se alzó de nuevo lentamente, volviéndose hacia los rastros del ataque.
- ¿Cómo lo hiciste...? – Susurró en voz baja, pero luego pareció reaccionar. – ¡Espera un segundo!, ¡eso pudo haberme matado!, ¡¿por qué hiciste...?!
Cuando volvió a mirar a Elly, el brazo derecho de ésta estaba brillando y tomando la forma de espada, justo como había visto en Sallivan el día anterior, y un segundo después sus dos grandes alas de acero surgieron de su espalda, despidiendo las mismas luces rojas.
- O… Oye… Cálmate. – Intentó decir el chico, retrocediendo lentamente con sus manos alzadas hacia ella. – Vamos a hablarlo, ¿sí? No quise…
- ¡¡Elly!! – Gritó ella de golpe, interrumpiendo cualquier cosa que estuviera por decir, y en un segundo su cuerpo se elevó en el aire, flotando, y acto seguido se le lanzó encima como un animal salvaje, blandiendo la hoja de su brazo derecho contra él con fuerza.
- ¡¿Qué estás loca?! – Exclamó sorprendido el caza recompensas y por mero reflejo desenvainó su arma para defenderse con ella. Pero, en cuanto recibió el choque de la hoja de ella contra la suya, el impacto fue de tan fuerte que el cuerpo entero de Xyon salió volando hacia atrás como un muñeco de trapo. – ¡¡Aaaaaaaaaah!!
El golpe lo empujó como tres metros hacia atrás, para luego caer el suelo, y comenzar a rodar aún con el impulso y terminar boca abajo en el camino. Mareado, confundido, y algo adolorido, intentó ponerse de pie... Lo cual se volvió más fácil y rápido al divisar como ella se le aproximaba de nuevo de forma casi asesina.
- ¡¿Pero qué fue lo que hice?! – Gritó casi con miedo, comenzando a correr hacia el bosque, intentando perderla entre los árboles.
- ¡¡Elly!!
La joven lo seguía volando desde atrás, esquivando con gran agilidad y precisión cuanto tronco se encontraba en su camino, aunque en ocasiones simplemente lo cortaba con su hoja y lo hacía a un lado para seguir con su camino. Muchos dicen que no hay nada peor en el mundo que una mujer molesta. Mientras corría, Xyon comenzaba a pensar que sí había algo peor: una mujer molesta que podía volar, tenía gran fuerza y brazos de espada...
Xyon seguía huyendo, intentando pensar rápidamente en qué hacer. Podría intentar enfrentarla, pero eso no había salido bien hace un momento. Podría correr hasta que se cansara, pero ella volaba así que posiblemente primero se cansaría él. Aunque también tal vez se le pasaría el enojo luego de un rato, ¿pero y si lo alcanzaba y mataba antes de eso? Luego de dar un par de vueltas y de dejarla atrás unos metros, rápidamente decidió escalar el árbol más cercano que tenía, casi como un mono o un gato intentando protegerse de un perro, aunque él no quería protegerse por la altura, sólo esconderse.
Pareció que su plan funcionó, pues para cuando Elly llegó al sitio, no lo vio por ningún lado. Se quedó flotando con sus pies suspendidos a unos treinta centímetros del suelo, y miraba hacia un lado y hacia el otro, intentando encontrar alguna señal de qué camino había tomado. Xyon se encontraba justo sobre ella, parado en una rama, oculto detrás del tronco. En otras circunstancias, con otro enemigo, se le hubiera lanzado encima a atacarla desde las alturas, aprovechando la sorpresa. Pero esa era una situación atípica; no podía matarla... Aunque ella al parecer quería hacerlo. Para su buena o mala suerte, no tuvo que tomar esa decisión, pues la rama en la que estaba apoyado al parecer era más frágil de lo que había previsto, y terminó por crujir y luego romperse, haciendo que el gran caza recompensar cayera en picada.
- ¡¡Aaaaaaaaaaah!!, ¡¡Maldición!! – Exclamó con fuerza mientras caía.
El crujir de la rama y su grito, alertaron de inmediato a Elly, que se giró hacia arriba, pero justamente para ver que él ya estaba a una distancia bastante corta de ella, y lo próximo que sintió fue que le caía encima como una roca, aplastándola y luego haciendo que ambos terminaran tirados en el suelo.
- ¡¡Elly!! – Exclamó con sorpresa y dolor al ser golpeada, y luego aplastada por su presa.
Para cuando Xyon logró reaccionar y darse cuenta de lo que había pasado, se encontraba tirado sobre ella, aprisionándola por completo con su cuerpo. Sus reflejos se agudizaron de golpe, y antes de que ella pudiera reaccionar, la tomó con fuerza de su muñeca izquierda y su hombro derecho, colocándola contra el suelo e intentando evitar que siguiera atacándolo, lo cual no le resulto muy difícil, pues ella ya no parecía estar interesada en ello. En su lugar se quedó recostada, con su rostro mirando hacia otro lado, sin oponer más resistencia.
-¡¿Se puede saber cuál es tu problema ahora?! – Le gritó él con fuerza.
- ¡Elly! – Exclamó ella de la misma forma, apretando sus ojos con fuerza.
- ¡¿Qué se supone que significa eso?!
Eso ya no tuvo respuesta. Una vez más Elly guardó silencio, y ni siquiera lo volteaba a ver. Xyon no tenía ni idea de qué le había ocurrido, pero no necesitaba más para estar seguro de que no estaba bien la cabeza. ¿Cómo podía un día meterse a su cama, estar de encimosa y llorar por irse con él, y al siguiente sin motivo alguno querer atacarlo como desquiciada? ¿Qué le había ocurrido?, ¿por qué era así?, ¿por qué no podía hablar?, ¿qué eran esas alas y esas espadas?
Un fuerte sonido sacó a Xyon de sus pensamientos y lo hizo desviar su atención a otro lado. Un golpe agudo resonó, y le pareció sentir que la tierra debajo de él temblaba un poco. Escuchó el sonido de los pájaros volando, y luego vio sus siluetas pasando sobre él; algo los había asustado.
- ¿Qué fue eso?, ¿lo oíste? – Murmuró muy despacio, mientras intentó descubrir de donde venía.
Volvió a sonar una vez más, y otra, y otra más, y cada vez con más fuerza. Fuera lo que fuera, se estaba acercando. Xyon se paró rápidamente, tomando su espada con ambas manos, y mirando a su alrededor con insistencia, hasta que detectó de qué dirección provenía. Pudo escuchar en ese momento que los árboles crujían al ser rotos y derribados. Poco a poco, entre los troncos, miró que algo grande se movía y se acercaba cada vez más, quitando todo lo que encontraba en su camino. Xyon se tensó. Sujetó su espada con fuerza frente a él, y espero paciente a que llegara. ¿Qué era?, ¿un monstruo?, ¿un animal?, ¿o...?
Los últimos arboles que los separaban de esa criatura fueron derribados y tirados hacia un lado, y su apariencia completa fue revelada.
- ¡¡Aaaaaaaaargh!! – Rugió con mucha fuerza al estar parado ante ellos, y su gritó hizo resonar el bosque entero.
- ¡¡¿Pero qué diablos es esa cosa?!! – Exclamó atónito el caza recompensas, sin poder evitar retroceder un poco por la impresión.
La enorme criatura, de más de tres metros que se encontraba erguida ante él era... Un mono... O algo similar. Era un mono gigante, café, de ojos grandes y rojos, con una amplia sonrisa aterradora que enseñaba todos sus dientes. Y por si eso no era suficiente, usaba unos pantalones anchos verdes, un chaleco dorado y tenía pegado a cada mano un extraño plato dorado al parecer hecho de metal, de forma circular. Era... algo realmente singular...
Otro enemigo de extraña apariencia aparece ante Xyon, ¿qué querrá esta vez?
FIN DEL CAPITULO 004

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