noviembre 25, 2012

Paladin Xyon: Capítulo 03

ADVERTENCIA: Clasificado para Mayores de 16 años, algunos capítulos pueden contener contenido violento, lenguaje vulgar moderado, desnudos parciales o contenido sexual implícito.

Capitulo 003
“Las Chicas de las Alas de Acero”

- ¡¿Cuál es el problema de toda esta gente?! – Exclamó molesto el caza recompensas, mientras se retiraba su capa y la tiraba a un lado; se le notaba una gran molestia al hacerlo.

Era de noche, y se encontraba ya en el cuarto que Nora le había dado para dormir en el segundo piso de la posada. Era un cuarto algo chico, con tapiz beige con estampado de flores. Sólo tenía una cama individual, un pequeño escritorio, y un ropero. Tenía dos ventanas, y ambas daban a la plaza. Algo de ruido y luz entraban por ellas, provenientes de la fiesta, una fiesta a la cual él no tenía pensado ir ni de broma. Rápidamente cerró ambas ventanas con fuerza, y corrió las cortinas blancas sobre ellas.

- Ni siquiera me conocen y ya me creen un estafador, ladrón, violador, ¡y definitivamente no soy lo último!

¿Pero porqué se sorprendía? Eso ocurría todo el tiempo. A dónde quiera que iba, siempre la gente lo miraba y ya se hacía ideas de él sin necesidad de que abriera siquiera la boca. Para todos no era más que un perdedor, una basura, y sin importar qué hiciera, esa imagen nunca cambiaba, hasta llegar al punto en que ya no le interesaba.

“Para lo que me importa lo que piensen…” – Pensaba para sí mismo.

Comenzó a desvestirse, retirándose sus botas, su túnica verde, luego la camiseta gris oscura que usaba debajo, quedándose por último únicamente con sus pantalones negros, y entonces se metió a la cama de un salto. Estando recostado boca arriba, con su mirada molesta en el techo, recordaba paso por paso todo lo que había ocurrido ese día. Primero se encontró con aquellos tres asaltantes y aquella chica en el camino, y de alguna forma terminó en una persecución por todo el bosque; eso le ocupó prácticamente toda la mañana. Luego llega, y se encuentra con un ogro real que lo dejó casi molido con todos sus golpes, sólo para rematar que llegara un engreído de armadura a robarse la gloria, y quitarle su recompensa. Ya cuando parecía que no podría pasar nada peor, cae por una pequeña colina hacia el río, se encuentra a una chica inconsciente, y ahora es sospechoso de haberle hecho algo malo. Y todo ese tiempo, aguantando las miradas y comentarios de la gente.

Xyon estaba harto. Había sido un día horrendo, así que lo único que quería era dormir, esperando que para mañana ya pudiera irse sin problema… A viajar de nuevo, a buscar alguna otra recompensa, y seguir con su “divertida” vida habitual. Cerró sus ojos e intentó aclarar su mente. Tardó en poder conciliar al sueño, por todo lo que tenía en la cabeza y por los ruidos de aquella molesta fiesta, pero al final lo logró…
- - - -

Era un día soleado, despejado, y con un clima perfecto. Una relajante brisa soplaba, y mecía lentamente la hierba y las hojas de los árboles. Dos personas caminaban delante de él, cada una cargando una canasta grande, ambas llenas de rábanos y patatas. A la izquierda, una mujer alta, de cabellos rojos, cortos, con una larga túnica marrón, unos pantalones anchos, cafés, y sandalias. A la derecha, una niña, pequeña, que le llegaba a la mujer a la mitad de su brazo, de cabellos también rojos, largos, sujetos con una cola de caballo hacia atrás, con una camiseta gris y una falda café que le cubría hasta los tobillos. Las ropas, manos y rostros de ambas tenían ligeros rastros de tierra.

Él sólo podía verlas por detrás, pero le parecía notar que estaban hablando. Se volteaban a ver, y sus labios se movían, pero él no percibía ningún sonido salir de sus bocas. De hecho, todo a su alrededor estaba en silencio… No había ruido alguno, ninguno…

“No vayan…”

Se dirigían caminando por un sendero de tierra hacia una pequeña choza de madera sobre una colina. La niña lo volteó a ver sobre su hombro, y le sonrió ampliamente. Tenía un rostro inocente y gentil, de piel blanca, aunque estuviera ligeramente manchada en esos momentos. Sus mejillas sonrosaban juventud, y sus ojos eran grandes, azules y hermosos. Ella le dijo algo, su boca se movía, podía verlo con claridad… Pero de nuevo, no pudo escuchar nada…

“No vayan a la casa… No entren…”

La niña pareció reír y se adelantó corriendo hacia la casa. La mujer le gritó algo, ¿qué fue? Fuera lo que fuera, ella no escuchó, y siguió corriendo, más y más rápido hacia esa casa.

“¡No entren ahí!, ¡Deténganse!, ¡no!”
- - - -

Xyon se despertó abruptamente de su sueño, abriendo sus ojos de golpe entre la oscuridad de su habitación. Su respiración estaba muy agitada, y de manera general se le notaba alterado. Intentó tranquilizarse poco a poco mientras miraba atónito al techo sobre él. Una vez más ese mismo sueño, una vez más despertaba a la mitad de la noche por él, siempre antes de que entraran a la casa…

Ya era muy entrada la noche; no se escuchaba ningún ruido provenir del exterior, por lo que la famosa fiesta de seguro ya había terminado. Tardó un par de segundos, pero logró despertar por completo y tranquilizarse. Se talló sus ojos con cuidado con su mano izquierda y entonces intentó sentarse, pero al hacerlo se encontró con cierta oposición. Algo lo presionaba del costado derecho de su cuerpo, ejerciendo cierta fuerza y  evitando que se pudiera levantar. ¿Qué era? Se volteó con curiosidad hacia un lado, y se quedó estupefacto al ver de qué se trataba.

Era la misma chica, la que estaba inconsciente en el río, la que había llevado con el Jefe de Caballería y la que había dejado en la habitación de al lado para que durmiera hace algunas horas. Estaba ahí, recostada a su lado sobre el costado izquierdo, con su cuerpo totalmente pegado al suyo, su cabeza en su hombro como si fuera almohada, su mano derecha sobre su pecho, y sus ojos cerrados. Xyon se quedó quieto como estatua sin saber qué hacer, hasta que notó como sus ojos se abrían con cuidado, posiblemente al despertarse por sus movimientos, y alzaba su rostro para voltearlo a ver.

- Elly. – Murmuró ella en voz baja, parpadeando ligeramente.

- ¿Qué demonios haces aquí? – Preguntó en voz baja como si realmente esperara recibir una respuesta, pero en su lugar ella sólo parpadeó de nuevo, sin quitarle los ojos de encima ni apartarse.

Xyon estaba confundido. ¿Se había metido a su cuarto mientras dormía? ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Y lo más importante, ¿qué hacía ahí? Xyon recordó en ese momento lo que habían comentado el doctor y el jefe en la tarde, sobre que ella parecía sentirse relajada y tranquila a su lado… Por alguna razón. ¿Sería posible que tal vez se haya sentido asustada al estar sola en su cuarto y por eso había ido al de él?

Sin importar la excusa o motivo que fuera, por donde lo viera la situación no se veía nada favorable. Ya era suficiente con que el Jefe creyera que había hecho algo malo como para que ahora le diera pruebas de ello.

- Si esa tipa te ve en mi cuarto armará un escándalo. – Mencionó mientras intentaba hacer que los dos se levantaran. – Anda, te llevaré a tu cuarto…

Sin embargo, justo cuando hizo el primer intento, sintió como ella, no sólo se oponía, sino que colocaba sus manos contra sus hombros y lo empuja con fuerza contra la cama, haciendo que quedara completamente recostado de golpe. Confundido y sin entender que había pasado, sintió como ella ahora se encontraba sobre él de pronto, sentada sobre su abdomen, y con sus manos contra sus hombros, sujetándolo con fuerza.

- ¿Qué? O… Oye… – Xyon intentaba decir algo, pero le era difícil salir de la confusión. – ¡¿Pero qué crees que estás… haciendo…?!

Sin pensarlo intentó hacerla a un lado, pero para su sorpresa no era capaz de moverla, ni apartarla, ni siquiera de hacer que lo soltara aunque usara todas sus fuerzas. Ella seguía sujetándolo, evitando que se moviera.

- ¡¿Por qué eres tan fuerte de pronto?! ¿Qué te…?

Volteó en ese momento a verla con enojo, pero se quedó quieto al echarle un vistazo a su rostro. Algo le ocurría. Sus cabellos caían hacia abajo, casi escondiéndola, pero podía ver como tenía sus ojos cristalinos puestos fijamente en el él. Estos se veían temblorosos, acuosos, y todo su semblante parecía cubierto de cierta melancolía. Mientras la admiraba, sintió como una pequeña gota de líquido tocaba su mejilla, seguida de otra… Eran lágrimas. Estaba llorando, estaba llorando sobre él, y sus lágrimas le tocaban ligeramente su rostro cono rocíos.

- ¿Estás llorando? – Murmuró en voz baja, soltándola con cuidado. – ¿Por qué?, ¿qué es lo que tienes?

Ella no respondió, ni siquiera pronunció un “Elly”. Simplemente se quedó quieta, callada, sólo soltando unos pequeños sollozos, sin quitarle los ojos de encima. De pronto, sin que él pudiera verlo venir siquiera, ella cerró sus ojos y se le acercó rápidamente, dirigiendo su rostro sin espera contra el suyo, uniendo sus labios en un sorpresivo y dulce beso. Xyon se quedó hecho piedra sin poder moverse, quedándose con sus ojos totalmente abiertos, sintiendo como ella lo besaba con mucha lentitud sin soltarlo de los hombros. ¿Qué demonios estaba pasando?

Luego de un par de segundos, se apartó lentamente de él, pero sólo unos cuantos centímetros, y entonces volvió a abrir sus ojos, mirándolo a él fijamente a los suyos, mientras respiraba lentamente sobre su rostro. Xyon no estaba seguro de cómo reaccionar.

- ¿Qué… fue… eso...? – Murmuró en voz baja sin lograr salir de su asombro. – ¿Por qué hiciste eso…?

De nuevo no hubo respuesta. Sólo más sollozos de su parte. Ligeras lágrimas recorrían sus mejillas y caían delicadamente en el rostro o pecho del caza recompensas. Esto estaba llevando el “sentirse”cómoda con él a otro nivel.

De pronto, Xyon sintió que ella se alzaba y se sentaba de nuevo en su vientre. Dirigió entonces sus manos a su espalda, y él sólo fue capaz de oír cómo se bajaba ella misma el cierre trasero del vestido negro que traía. Luego, lo deslizó delicadamente por sus hombros y brazos, hasta retirárselo de la parte superior, dejando al descubierto su cuerpo de la cintura para arriba, mientras la falda del vestido seguía cubriéndole sus piernas.

- ¡¿Qué?! – Exclamó atónito el chico, intentando alzarse, pero no era capaz de moverse por completo.

Para ese entonces sus ojos se habían acostumbrado a la perfección a la oscuridad, por lo que era capaz de ver, una vez más, el torso desnudo de aquella extraña. Pero entre las sombras, la escasa luz que entraba por las delgadas cortinas parecía enmarcar de forma hermosa su delgada y delicada figura. Su piel brillaba un poco por el delicado toque de los rayos de luna, y su busto se movía lentamente hacia arriba y hacia abajo por los movimientos de su pausada respiración. Su rostro se ruborizó ligeramente, mientras seguía viéndolo con sus ojos cristalinos y temblantes.

- Oye… No… No sé qué crees que estás haciendo, pero evidentemente estás… más loca de lo que creía. – Intentaba decir el chico de cabellos naranjas, aunque no podía evitar tartamudear un poco, o turnar su mirada entre su rostro y su cuerpo. – Lo mejor será… que…. Tú….

Ella no pareció hacerle caso a sus palabras y se inclinó hacía él con delicadeza, colocando sus manos sobre sus hombros, y pegando su cuerpo al suyo, haciendo que sus pieles se rozaran un poco. Ese contacto cálido de piel con piel pareció dejar desarmado al caza recompensas. Sus rostros estaban de nuevo muy cerca, y ella exhalaba ligeramente su aliento sobre sus labios.

- Elly… Quiero… - Pronunció en voz baja de pronto, tomándolo totalmente por sorpresa; había dicho otra palabra. Pero más importante que eso, ¿acaso estaba insinuando que…?

- Esto… Tiene que ser… un sueño…

Sin oportunidad aparente de poder negarse, y sin tener tampoco la capacidad de poder pensar mejor las cosas, la mente de Xyon pareció apartarse, y su cuerpo se relajó y se dejó llevar. Dejó que ella lo volviera a recostar en la cama, y volviera a besarlo de la misma forma que antes, mientras la hermosa luna llena se asomaba de manera indiscreta por la separación entre las cortinas de la ventana, siendo la única testigo de lo que ocurrió en aquel cuarto…
- - - -

Y el día siguiente llegó, y cómo todas las mañanas, Nora era la primera en levantarse y estar lista en la posada Mawa. El restaurante abriría hasta dentro de un par de horas, tiempo suficiente para que limpiaran un poco las mesas, que no habían quedado del todo limpias luego de tan extensa y larga fiesta de la noche anterior. Había sido divertido y bueno para todos celebrar, pero era hora de volver a la vida normal, y aprovechar la nueva libertad que habían recuperado.

Nora estaba limpiando las mesas, en espera de que llegara el resto de sus compañeras. Sin embargo, fue interrumpida al escuchar que alguien llamaba a la puerta de entrada. Al girarse hacia ella, pudo ver a través del cristal que se trataba ni más ni menos que el Jefe de Caballería Connor en persona, vestido ya para esas horas con su armadura, como todo un gran caballero.

- Qué sorpresa, jefe. – Comentó mientras caminaba hacia la puerta y le quitaba el seguro para poder dejarlo pasar. – Pero aún no abrimos.

- Buenos días, Nora. – Saludó el hombre de baja estatura, entrando al establecimiento. – Me temo que no soy un cliente en esta ocasión. Vengo a ver a la chica del río. Ella y el tipo de cabello puntiagudo vinieron aquí ayer, ¿no?

- ¿La que no puede hablar? Sí, le di a cada uno una habitación anoche. ¿Entonces la historia que me contó ese sujeto era cierta? Llegué a pensar que se la había inventado.

- Yo aún no estoy muy seguro de que no sea así. Cómo sea, ¿me llevas con ella?

De inmediato Nora guió al Jefe hacia el segundo piso, y luego hacia la habitación que le había dado a aquella chica. Toda la posada estaba en silencio; los pocos clientes que había en los cuartos de seguro seguían dormidos.

- Buenos días, ¿estás despierta? – Pronunció la mesera mientras llamaba a la puerta del cuarto. Esperó unos cuantos segundos, pero no recibió ninguna respuesta, por lo que volvió a tocar. – Oye, ¿Estás bien? El Jefe vino a buscarte.

Una vez más sólo se percibía absoluto silencio y quietud del interior del cuarto. No esperaba que le dijera algo, pues ayer quedó muy claro que no podía hablar bien, pero un “Elly” o algún otro sonido hubieran bastado. ¿Estaría aún dormida?

Sin espera, Nora, sacó su mazo de llaves y buscó la de dicho cuarto para abrirlo y poder entrar. Lo primero que vieron sus ojos al abrir la puerta, fue la cama individual del cuarto, no sólo completamente vacía, sino además tendida como si no hubiera sido usada en toda la noche. Y lo más importante: ni rastro alguno de la ella.

- ¡No está aquí! – Exclamó sorprendida.

- ¡¿Qué?!

Connor entró rápidamente al cuarto y lo inspeccionó de un lado a otro con la vista. No parecía que hubiera habido alguien ahí en mucho tiempo. ¿A dónde podría haber ido?

- ¿Dónde está aquel sujeto? – Preguntó apresurado.

Nora se sobresaltó ligeramente y entonces salió corriendo del cuarto hacia la puerta justo enfrente de éste, al otro lado del pasillo, llamando a la puerta con sus nudillos repetidamente.

- Oye, ¡despierta! – Gritó con fuerza, pero en esta ocasión ni siquiera esperó una respuesta. De inmediato introdujo la llave en la ranura y abrió la puerta de par en par de un sólo empujón. –  ¡La chica no… está…!

Nora se quedó quieta y en silencio en el marco de la puerta, viendo fijamente y totalmente atónita la imagen frente a ella, la que se suscitaba justamente en la cama. A diferencia que en el otro cuarto, aquí la cama no estaba vacía si no todo lo contrario. El Caza Recompensas, y aquella chica que había llegado con él, los dos estaban recostados, debajo de las sabanas de la cama, cubiertos casi por completo, pero aún así sus hombros y brazos y descubiertos hacían suponer en qué estado se encontraban debajo de los tendidos. Ambos parecían aún dormidos, él recostado boca arriba, y ella a su lado, con su cabeza apoyada en su hombro como almohada.

Eso tenía que ser una broma…

Xyon pareció empezar a reaccionar por todo el alborotó y poco a poco a despertarse. Dirigió su mano izquierda a sus ojos empezando a tallárselos y entonces dirigió su vista a la puerta. Su vista nublosa se fue aclarando, hasta que logró ver con claridad a la mesera y al jefe, parados en la puerta, totalmente quietos y pasmados, mirándolo fijamente con sus ojos totalmente abiertos.

Él estaba por preguntarles qué hacían en su cuarto, pero antes de ello recordó en parte lo que había ocurrido esa noche… Y lo que estaba ocurriendo en ese momento. Rápidamente se viró hacia su derecha, mirando a aquella chica recostada a su lado de manera tan cómoda… ¿Mientras esos dos en la puerta los miraban? La mente de Xyon se tensó de golpe.

- ¡Ah!, ¡Esperen! – Exclamó con fuerza, sentándose en la cama y extendiendo una mano hacia ellos. –  ¡No es lo que parece!

Sus gritos y movimientos terminaron por despertar a su acompañante, la cual también se talló con delicadeza los ojos, y también se sentó delicadamente en la cama, revelando de esa forma que, en efecto, ambos estaban desnudos…

- ¿Elly? – Murmuró ella algo adormilada, inclinando su cabeza hacia un lado, sin entender muy bien qué ocurría.

La mirada de Nora se fue cubriendo de enojo e ira poco a poco. Su mente se llenó de inmediato de ideas e imágenes, y todas iban encaminadas a lo que muy seguramente ese sujeto había hecho. Sus puños se apretaron con fuerza, hasta casi atravesar su palma con sus dedos, y entonces se le lanzó encima como fiera salvaje.

- ¡¡Maldito Degenerado!! – Gritó con todas sus fuerza, al tiempo que le lanzaba un puñetazo directo a su rostro, mismo que él no fue capaz de esquivar por lo sorpresivo de éste, y también por su estado actual.

El golpe lo empujó hacia atrás, haciendo que luego su cabeza de golpeara contra la cabecera y terminara prácticamente semiinconsciente a punto de caerse de la cama.
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- ¡Por última vez! – Gritaba con fuerza el caza recompensas. – ¡No hice lo que creen que hice!

Xyon se encontraba ahora vestido únicamente con su ropa interior, que eran unos bóxers de color negro. Estaba sentado en el suelo, y todo su torso y brazos estaban sujetos por la gruesa cuerda que le habían puesto alrededor para amarrarlo y que no se moviera. La situación se había complicado demasiado. Ambos habían entrado de pronto y al ver a ambos acostados en su cama, aparentemente desnudos… Bueno, ambos al parecer habían hecho sus conclusiones.

La chica, por su parte, ya estaba de nuevo vestida con el vestido negro que Connor le había dado, sentada en la cama, mirando a todos de un lado a otro sin comprender bien qué ocurría.

- Lo supe desde la primera vez que te vi. – Pronunció el Jefe, estando parado enfrente de él. – Sabía que no eras más que un sucio criminal, pero no puedo creer que te hayas atrevido a tanto. Todo es mi culpa por haberte dejado a solas con ella.

- ¡No es así! Con un demonio, ¡las cosas no fueron así!

- ¡No mientas! – Exclamó Nora rápidamente, parándose a lado de Connor. – ¡¿Qué hacían los dos dormidos en tu cama, desnudos?!

- ¡Bueno pues…! – El chico pareció muy dispuesto a explicarlo, pero luego se detuvo y se volteó hacia otro lado con pena. Su rostro se sonrojó ligeramente. – Bueno, ella y yo… hicimos… bueno, ya sabes…

- ¡Oh por Gaia! – Gritó espantada la mesera, cubriéndose su rostro con sus manos.

- ¡Pero con consentimiento! Ella entró a mi cuarto en la noche y quiso hacerlo, ¡prácticamente ella fue la que se aprovechó a mí!

- ¿Cómo esperas que te creamos eso? – Comentó Connor. – Es obvio que esta chica no está bien de sus facultades, por lo tanto no es posible que haya “consentido” algo como eso.

Xyon abrió su boca para contestar, pero una vez más se quedó con las palabras en la boca. No se le ocurría algo lo suficientemente inteligente para refutar dicha afirmación…

- Bueno, eso es cierto... ¡Pero así fue! – Se viró en ese momento casi con suplica hacia la extraña. – ¡Díselos!, ¡vamos!

La chica lo miró fijamente, parpadeando ligeramente, pero luego asintió con su cabeza y empezó a hablar mientras movía sus manos de un lado a otro.

- ¡Elly Elly!, ¡Elly Elly! Elly…

Xyon se quedó petrificado. ¿Se había olvidado de que esa chica no podía hablar? Por lo tanto, era imposible que les explicara lo que había sucedido; estaba perdido.

- Me lleva la… - Murmuró entre dientes volteándose a otro lado, aunque la última palabra fue inaudible para todos.

- Basta de contentarías. – Añadió Connor, tomándolo de un brazo y haciendo que se pusiera de pie de un solo jalón. – Pasaras  la noche en una celda, jovencito.

- ¡Esperen un momento!

Xyon no estaba dispuesto a ir a la cárcel, y mucho menos por algo que no había hecho… Aunque si lo había hecho, pero no precisamente lo que ellos creían. Intentó forcejear, y hasta estaba dispuesto a patear a Connor o tomar su espada con los dientes si era necesario. Sin embargo, algo provocó que el ambiente cambiara abruptamente.

Un sonido intenso proveniente de afuera llamó la atención de todos. Era como una explosión, o el sonido de algo rompiéndose. Luego, dicho sonido fue seguido de otro, y de un tercero, y luego por los gritos distantes de algunas personas.

- ¿Qué fue eso? – Preguntó con preocupación Connor, y entonces se dirigió corriendo a la puerta. – ¡Tú no te muevas de aquí!, ¡qué no salga por nada!

Y entonces se fue, dejando al caza recompensas atado solo con las dos chicas, que también parecían desconcertados por aquellos ruidos.
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Connor salió corriendo a toda velocidad de la posada. Una columna de humo oscuro se alzaba a lo lejos por encima de los edificios, y algunas personas corrían por la plaza con miedo. Dos guardias de armadura gris se dirigieron rápidamente hacia él, ambos armados con una lanza.

- ¡¿Qué está pasando?!, ¿qué es todo este alboroto?

- ¡Jefe Connor!, ¡están atacando el pueblo! – Informó de inmediato uno de ellos, notándosele cierto miedo en su rostro.

- ¡¿Qué?! ¡¿Pero quién?!, ¡¿el Ogro volvió?!

 - No, Jefe. – Contestó el otro. De pronto se vio algo dudoso de responder a su pregunta por completo, y se viró hacia otro lado, intentando encontrar las  palabras adecuadas. – No es el ogro… Son… Son…

Connor lo miró confundido sin entender.
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Dentro de la posada, Xyon y las dos chicas seguían escuchando todos los ruidos que provenían de afuera, y cada uno parecía tener una reacción diferente. Curiosamente, parecía que la más afectada en esa habitación era la joven que no podía hablar, que seguía sentada en la cama, mirando hacia la ventana con cierto miedo en su expresión, pero sin moverse. Nora pensó que muy seguramente en su estado actual era normal que algo así la afectara, pero no podía pensar mucho en ello pues ella misma se veía muy preocupada. Se acercó lentamente a la ventana para echar un vistazo, pero sólo veía a la gente correr. Xyon, por su parte, más que preocupado parecía curioso. Con algo de problemas, pues no podía usar sus manos, se puso de pie y caminó hacia la ventana también, asomándose.

- ¿Qué demonios pasa ahí afuera? – Preguntó parado a lado de Nora, la cual se sobresaltó asustada pues no había sentido que se le acercaba.

- ¡Oye!, ¡el jefe dijo que no te movieras!

- ¿Y tú eres mi guardia o qué? Sólo voy a ver qué… está… - Xyon se calló de golpe, mientras sus ojos se abrían por completo, mirando pasmado una extraña imagen que se suscitaba debajo de él. – ¿Pasando? ¿Pero qué demonios es eso?

La chica de negro se sobresaltó al oír esas palabras desde la cama, y miraba la espalda de ambos totalmente atónita, a pesar de que ella no estaba viendo por la ventana. ¿Acaso sabía que era lo que había afuera?

Nora también volteó a ver hacia donde Xyon veía, intentando ver qué era lo que le hacía hacer esa pregunta, y... De hecho no tardó mucho en darse cuenta, y su reacción fue casi la misma.

- ¿Acaso esos son… Osos de Peluche?
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La escena de afuera sólo podía ser descrita como “extraña”. Lo que atacaba el pueblo no era el ogro, no eran ladrones o saqueadores, sino unas raras criaturas, alrededor de cincuenta de ellas, que tenían forma de… Osos de Peluche, de cómo dos metros o más cada uno, de colores cafés, negros y blancos, ojos grandes y cristalinos, y amplias, y de cierta forma aterradoras, sonrisas. Algunos incluso tenían corbatas de moño o sobreritos como adornos, y a simple vista podrían lucir “lindos” para algunos. Sin embargo, se encontraban marchando por el pueblo, abriendo sus bocas y lanzando de éstas extraños rayos de energía rojos que golpeaban los edificios que encontraban a su paso para que no les estorbaran. Algunos incluso parecían tener enormes espadas pegadas a sus garras sin dedos, con las que rompían puertas y entraban a las casas, prácticamente poniéndolas patas arriba. No atacaban a las personas en sí, sino que parecían estar buscando algo…

Los guardias del pueblo de inmediato se dispusieron a defenderlo, y sin espera empezaron a atacar a las extrañas criaturas, sin importarles su apariencia. Se pusieron en la cima de los edificios y les arrojaron sus flechas con sus arcos, pero éstas no surtieron efecto. La mayoría rebotaban en sus cuerpos sin dañarlos, mientras que otras lograban encajarse, pero aún así ellos seguían andando como si nada hubiera pasado. Algunos intentaron apuñalarlos con sus lanzas, pero los Osos los empujaban con sus zarpas con fuerza, haciéndolos a un lado y dejándolos fuera de combate antes de poder intentarlo siquiera. Parecían imparables.

- ¡Ataquen!, ¡No los dejen avanzar más! – Ordenaba con fuerza el Jefe Connor, mientras él y algunos guardias creaban barrera en la plaza para cortarles el camino.

Los osos caminaban unos detrás de otros en línea recta, como si fueran un gran ejército disciplinado y entrenado. Toda la gente huía de ellos, se hacían a un lado o se escondían. Seguían registrando casa por casa con insistencia.

- ¡Nuestras armas no los afectan!, ¿qué son? – Preguntó asustado uno de los soldados.

- ¡Debes de ser demonios!, ¡demonios de verdad! – Agregó otro. – Primero aquel horrible ogro, ¡¿y ahora esto?!

Connor también se encontraba muy confundido y consternado. No tenía ni la menor idea de que eran esas criaturas tan extrañas, pero era evidente que no habían llegado con buenas intenciones. ¿Pero qué era lo que querían y porque lo buscaban ahí?
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- ¿Qué son esas cosas? – Murmuró en voz baja Nora, mientras miraba todo atónita desde la ventana.

Al principio pensó que era algún tipo de espectáculo o desfile, pero en cuanto los vio destruir casas y a la gente corriendo de miedo, le pareció más que obvio que eso era algún tipo de ataque… ¿pero de osos de peluche gigantes?

- Sí, ahora lo entiendo. – Escuchó que Xyon pronunciaba de pronto mientras se quitaba de la ventana, se volvía a sentar en el suelo y comenzaba a reír divertido. – La chica extraña desnuda en el río, que luego se metió en mi cama a seducirme, y ahora yo estoy amarrado en ropa interior, y osos de peluche gigantes están atacando el pueblo, claro, eso lo explica todo.… ¡Todo esto no es más que un absurdo sueño!

- ¿Eh? – Exclamó confusa la mesera.

- Sabía que toda esta experiencia tan horrible y extraña no podía ser real. Debí de haberlo sabido antes. De seguro me golpee la cabeza ayer cuando me resbalé en el camino, y ahora estoy delirando moribundo a la orilla del río. O quién sabe, tal vez el Ogro si me mató en la cueva y ahora estoy en algún tipo de infierno… ¡Gracias Gaia!, ¡me alegra ver que te diviertes conmigo incluso después de muerto!

- ¡Qué sueño, infierno ni que nada!, ¡esto es real!

Pero de cierta forma no podía culparlo de que sacara una conclusión como esa, aunque fuera tan absurda. Después de todo, la situación en sí parecía absurda. ¿Qué era lo que estaba pasando?

Mientras estos dos estaban en la ventana, la chica de cabello corto había estado todo ese tiempo en la cama, mirando hacia el suelo en silencio, totalmente concentrada en algo. Sus ojos parecían temblar ligeramente, mientras sus manos se apretaban sobre la falda que cubría sus piernas. ¿En qué pensaba?, ¿qué era lo que la atormentaba tanto? Los gritos y sonidos de afuera seguían sonando uno tras otro, y parecían una tortura para ella.

De pronto, su expresión pareció cambiar y tornarse más decidida y firme. Sin previo aviso, se puso de pie abruptamente y se dirigió corriendo a la puerta a toda velocidad, saliendo del cuarto.

- ¡Espera!, ¿a dónde vas? – Gritó Nora al verla salir de esa forma.

- Oye chica de mi sueño, ¡vuelva acá! – Agregó también Xyon. – ¿Qué piensas hacer?, ¿vas a huir luego de meterme en todo este embrollo?, ¡si te atreves a hacer eso te juro que te encontraré y te mataré!

Molesto, y al parecer sin estar aún del todo convencido de que la situación fuera real, empezó a patalear en el suelo. Pero ninguno de sus gritos fue oído por ella.
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Los guardias peleaban contra los osos en la plaza, intentando hacerlos retroceder, pero no eran capaces de hacerles el menor daño, y ellos los golpeaban y empujaban como muñecos de trapo. Los soldados fueron los que comenzaron a retroceder; sólo quedaban menos de veinte de pie.

- Jefe Connor, no podemos hacerles nada. – Murmuró aterrorizado uno de ellos, mirando como los osos se les acercaban paso a paso. – ¿Qué hacemos ahora?

Connor respiraba con agitación, sostenía su espada con sus dos manos temblorosas, y miraba con seriedad al frente. ¿Qué hacer ahora?, ¿cómo enfrentar a un enemigo al que no podías detener? Justo cuando pensaban que al fin podrían tener una vida tranquila, ocurría esto… Su amado pueblo estaba siendo destruido por unos estúpidos osos gigantes.

- No sé qué es lo que quieran. – Murmuró en voz baja mientras apretaba el mango de su espada con fuerza. – Pero no lo tendrán sin luchar. ¡Adelante!

Sin miedo, el Jefe de Caballería se lanzó al frente con fiereza, y sus hombres lo siguieron por detrás. Todos se dirigieron al choque directo con el enemigo, mientras estos no dejaban de avanzar. El Oso que estaba hasta más adelante, uno de color blanco y negro, abrió su boca por completo al ver como se le acercaban, y una esfera de de energía roja comenzó a formarse en su hocico, preparándose para atacar…

- ¡¡Elly!! – Se escuchó cómo alguien gritaba con fuerza, y de la nada, se vio como alguien descendía desde las alturas luego de dar un salto, dirigiéndose de golpe en contra de aquel oso.

Ante los ojos incrédulos de los soldados, una persona de vestido negro cayó en picada hacia el oso, girando sobre sí misma con rapidez hasta chocar sus dos pies con fuerza contra su cabeza, lanzándolo hacia un lado hasta hacerlo chocar contra el suelo. La atacante dio una maroma en el aire, cayendo de pie en el suelo y luego alejándose de un salto hasta colocarse frente a los soldados, dándoles la espalda.

Connor la había reconocido en cuanto la vio golpear al oso. Era la chica del río, la que usaba el vestido de su hija.

- Niña, vete de aquí, ¡rápido! – Le indicó abruptamente el Jefe. – Vuelve a la posada, ¡anda!

Ella lo volteó a ver sobre su hombro de reojo, pero de inmediato volvió al frente. Los osos seguían avanzando, y el oso que había tirada se estaba alzando. Sus ojos en esos momentos eran diferentes. Reflejaban una gran dureza y fuerza. Sin espera, flexionó sus rodillas un poco y entonces se lanzó al frente con rapidez como un animal salvaje al ataque.

- ¡No!, ¡espera!

Uno de los osos, completamente negro, alzó su brazo derecho, en el que sostenía una espada y rápidamente lo bajó directo hacia ella cuando ya estaba lo suficientemente cerca. La extraña no se intimido, no se detuvo ni se movió siquiera. Al contrario, alzó su brazo izquierdo, colocándolo como escudó entre ella y la espada. Para todos pareciera que eso era una locura y que terminaría, no sólo con su brazo cortado, sino todo su cuerpo. Pero, para sorpresa de todos, el brazo de la chica comenzó a brillar, cubriéndose de una luz roja, y comenzó a cambiar de forma en un parpadeo. Cuando la espada del oso chocó contra él, éste lo detuvo por completo, haciendo que ella no se moviera de su lugar ni un centímetro. Su brazo, desde un poco por arriba del codo hasta la punta de sus dedos, parecía haber desaparecido y sido remplazado por la larga hoja de acero de una espada, de color negro, pero brillante y reluciente, con diferentes grabados en ella. Los soldados se quedaron atónitos al ver esto.

La chica hizo la espada del oso a un lado, y rápidamente se alzó en el aire de un salto, colocándose a unos centímetros por encima de la cabeza del oso. Extendió su brazo derecho a un lado, y éste pasó por el mismo proceso que el otro, cambiando de forma a la de una hoja de acero. Giró su cuerpo con rapidez, y las dos hojas de sus brazos golpearon al oso justo el cuello, cortándolo con los dos tajos y haciendo que la cabeza del oso saliera volando por el aire. Dentro de la cabeza y el cuerpo de aquel ser, no había sangre como la de un ser vivo, tampoco felpa como la de un oso de peluche real, sino… En realidad no sabían bien que era. Parecía metal, piezas extrañas, como los engranes de un reloj de cuerda, pero parecía mucho más complicado que eso.

El oso siguió moviéndose aún sin cabeza, agitando sus brazos al azar en el aire. Su atacante los esquivaba y luego le dio una patada con fuerza en el pecho, empujándolo hacia atrás, y haciendo que golpeara a varios otros como un proyectil.

- ¡¿Vio eso, Jefe?! – Exclamó sorprendido uno de los guardias, viendo la escena tan increíble ante ellos.

- ¡Esa chica logró dañar a esos osos! – Agregó otro. – ¡¿Quién es?!

Connor también estaba anonadado ante la escena. Ninguno de ellos había podido hacerles ningún daño, y ella acababa de acabar con uno y de derribar a otros más. Esa fuerza no era normal… Y además, ¿qué le había pasado a sus brazos? De la nada se habían transformado en dos largas espadas. ¿Qué tipo de magia era esa?

En ese momento notaron que todos los osos se habían detenido, y quedado quietos, mirando fijamente a la chica ante ellos, casi como si vieran algo fascinante. Ella estaba parada con firmeza, colocando sus brazos en posición como si usara dos espadas realmente, y miraba a cada uno de ellos constantemente. Los ojos de todos los osos comenzaron a brillar, sus bocas se abrieron, y de ellas surgieron varios sonidos extraños, como gritos o risas, o ambas cosas a la vez. La extraña agudizó su mirada, y se preparó, pues al parecer sabía que era lo que seguía. Todos los osos se le lanzaron encima como una manada salvaje. Ella se movió con rapidez, esquivándolos, saltando sobre ellos, e incluso parándose sobre la cabeza de uno para luego pasarse a otro, provocando que se atacaran entre ellos. Cubría ataques con sus espadas, e intentaba contraatacar con fuerza luego de ello.

Parecía una máquina de combate imparable. En todos sus años de servicio, Connor jamás había visto a alguien pelear de esa forma. No eran las habilidades de una humana… De eso estaba seguro…

Los osos la rodearon de pronto. Adónde quiera que se volteara, había uno de ellos, mirándola fijamente de manera amenazante; parecía que la tenían acorralada. Todos se le lanzaron encima al mismo tiempo, y ante los ojos de todos los testigos la habían aplastado con sus cuerpos. Sin embargo, un segundo después divisaron como una silueta oscura se elevaba con gran velocidad hacia el cielo, alejándose del gran bulto de enemigos debajo. La chica de cabellos negros y cortos se había elevado hasta lo más alto, quedando suspendida en el aire frente al sol, con su silueta delineada por la luz de éste a sus espaldas. Pero su imagen estaba diferente, algo había cambiado en ella…

Todos los guardias, y el resto de las personas cercanas, abrieron sus ojos de golpe al ver esa figura, y se quedaron paralizados ante ella. La chica volvió a descender de golpe, pero se detuvo abruptamente a unos cuantos centímetros del suelo, con sus pies flotando separados de éste. De su espalda, habían surgido dos grandes figuras que se alzaban hacia atrás, alargadas, a simple vista hechas de algún material metálico, y pequeñas luces de color rojo emanaban de ellas como luciérnagas. Esos dos objetos, tenían formas de…

- ¿Alas…? – Murmuró atónito Connor, sin poder entender la imagen que se alzaba ante él y sus hombres.

Alas, dos grandes alas como las de un ave, pero hechas de acero, parecían haber surgido de su espalda, algo que nadie en ese sitio había visto antes…


- - - -

- ¿Qué es eso? – Fue lo único que logró decir Nora, que en todo ese tiempo había estado totalmente atónita, viendo aquella pelea por la ventana del cuarto al igual que Xyon. – ¿Viste como peleó contra ellos como si nada? ¿Y qué son esas alas? Se ve realmente hermosa… Como un Ángel…

- ¿Un ángel? – Susurró en voz baja el caza recompensas como respuesta, sin ser capaz de apartar sus ojos.

Según las leyendas que había oído, los ángeles eran seres sagrados, hijos de Gaia, que poseían una gran hermosura, y alas como de aves que se alzaban desde su espalda. ¿Eso era ella?, ¿era uno de esos ángeles de la leyenda? Pero esas alas no parecían normales. Parecían estar hechas de acero, como las hojas de las espadas o lanzas. Eran oscuras, no blancas como las que se suponía debía tener uno de eso seres “sagrados”. ¿Y sus brazos como espadas? Había algo más en eso. ¿Quién demonios era esa chica realmente?

- Oye. – Pronunció de golpe, llamando la atención de Nora, y luego se dio la vuelta, dándole la espalda. – ¡Libérame de esta cuerda y dame mi espada!

- ¿Qué? Claro que no, el jefe dijo que…

- ¡Al diablo con el jefe! ¿Recuerdas lo que te dije ayer?, ¿qué podía derrotar cualquier enemigo con tan sólo mi espada? Pues no eran habladurías, y ya viste que las espadas de esa chica si afecta a esos osos, así que la mía también debe de lograrlo. ¡Anda!, ¡apúrate! ¡¿Qué quieres que la lastimen?!

Nora dudo sobre qué hacer. ¿Podía confiar en él? Su instinto le decía que iba a aprovechar la confusión de todo ese asunto e iba a huir. Pero era cierto que ayer había demostrado ser algo hábil, y podría ser de ayuda. ¿Qué hacer?

- ¡¿Qué estás esperando?! – Gritó con fuerza de golpe, haciéndola sobresaltarse un poco.

- ¡De acuerdo!, ¡pero no te atrevas a escapar!, ¿oíste?

Rápidamente lo desató, y la cuerda cayó. Una vez libre, lo primero que hizo el caza recompensas fue dirigirse a su espada enfundada, recargada a lado de la cama, y tomarla para luego volver a la ventana. Se tomó unos cuantos segundos para analizar la situación afuera, y luego la abrió para saltar sin el menor reparo hacia el exterior ante los ojos sorprendidos de la mesera.

- ¡Oye!, ¡al menos ponte unos pantalones! – Le gritó mientras saltaba, haciendo referencia a que se encontraba vestido únicamente por su ropa interior en esos momentos.

- ¡No hay tiempo! – Le contestó mientras descendía hacia tierra firme.
- - - -

Los osos tenían rodeada a la chica de las alas de acero, y uno a uno se le lanzaban encima desde todas direcciones. Ella rápidamente los repelía, a uno después del otro, pateándolos, golpeándolos con sus espadas, a algunos cortándolos y a otros esquivándolos, Sus movimientos eran impresionantes. Rápidos, precisos, pareciera que ninguno de ellos pudiera tocarla por sorpresa, y el estar suspendida en el aire parecía darle más libertad para ello. Lo único que se veía eran osos, o partes de osos volando por los aires. Sin embargo, seguían siendo muchos, y parecía estarse cansado.

De pronto, sintió que algo le tapa el sol sobre ella y miró por el rabillo del ojo que algo estaba suspendido. Su reacción defensiva indicaba que creía que era un oso que había saltado para atacarla, por lo que rápidamente alzo su mirada y su brazo derecho para defenderse. Sin embargo, para su sorpresa, no era un oso...

Xyon, vestido únicamente por su ropa interior, se había elevado de un largo salto sobre ellos. Sujetaba en su mano izquierda su espada enfundada.

- ¡Llegaron en muy mal momento, demonios osos! – Gritó con fuerza estando suspendido en el aire para luego descender abruptamente hacia ellos. – ¡Me han pasado tantas cosas malas que no saben las ganas que tengo de cortar algo!

Mientras descendía a toda velocidad, desenvainó en un parpadeó su espada y dirigió la punta directo hacia la cabeza de uno de los osos, cayendo con ella y clavándola hasta introducir más o menos un cuarto de la hoja. El oso se tambaleó hacia atrás y hacia adelante, y tiró algunos golpes al azar, incluso golpeando a algunos de los otros osos que lo rodeaban. Rápidamente Xyon sacó su espada y de un salto se bajó de su cabeza, cayendo a tierra cerca de la joven de negro, la cual se le quedó viendo confundida.

- Oye tú. – Comentó con dureza, volteándola a ver sobre su hombro. – Me debes un par de explicaciones luego de esto.

- ¿Elly?

- ¿Quién es ese otro sujeto? – Preguntó extrañado uno de los soldados.

- ¿Y por qué está en ropa interior? – Agregó otro en el mismo estado.

Xyon volvió su vista de nuevo a los enemigos y analizó rápidamente lo que había visto desde la ventana y lo que acababa de hacer hace unos segundos. Con ese primer ataque había podido comprobar que en efecto esos osos eran resistentes y fuertes, y por eso las lanzas y flechas de los soldados no los detenían. De no haber sido por la ayuda de la gravedad al caer, tal vez no hubiera podido atravesarle la cabeza a ese con su espada. Sin embargo, al ver pelear a esa chica se había dado cuenta de algo.

Sin espera, tomó su arma con fuerza y se lanzó al frente a toda velocidad. De inmediato uno de los osos alzó su brazo para golpearlo, pero Xyon lo esquivó haciéndose a un lado y luego saltó con fuerza, blandiendo su espada contra la axila y hombro de aquel oso. El filo de su arma lo atravesó de lado a lado y el brazo del oso cayó al suelo como piedra. De nuevo, se veían más objetos mecánicos  y engranes dentro de éste como los había en aquel al que la extraña le había cortado la cabeza.

- Lo sabía. – Exclamó confiado el caza recompensas y luego se lanzó contra otro más, atacando a la altura de su ingle derecha, cortándole ahora su pierna y haciendo que cayera y tumbara a otros más.

Connor se sorprendió al ver esto, pero pareció entender de inmediato que ocurría. Ese tipo no era tan tonto después de todo.

- ¡Rápido!, ¡todos! – Gritó con todas sus fuerzas, llamando la atención e sus hombres. – ¡Estos osos son vulnerables en las uniones de su cuerpo y sus extremidades!, ¡ataques sus axilas, sus ingles, sus cuellos!

Los soldados no parecieron entender al principio, pero luego se dieron cuenta de lo que decía. Esos dos sujetos que peleaban con los os delante de ellos, los atacaban justo en esas partes que les indicó Connor, y los podían dañar de esa forma. Esa revelación pareció animar y entusiasmar a los hombres y de inmediato gritaron en fuerza, alzaron sus espadas y lanzas, y se dirigieron como fieras contra sus enemigos, comenzando atacarlos justo como habían dicho, golpeando con fuerza esas áreas vulnerables, intentando repelerlos. A pesar de su ímpetu, los osos repelían la mayoría de sus ataques, pero aún así lograban hacerles algo de daño, el suficiente para que alguno de ellos dos les diera el golpe de gracia.

La chica de vestido negro miró sorprendida toda esa escena, pero luego una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. Sin espera volvió al ataque, y de un segundo a otro, todos estaban luchando hombro con hombro contra esos invasores.

Comenzaron a cortarles sus brazos, sus piernas, sus cabezas, hasta que quedaron un poco menos de la mitad de ellos. En ese momento, los osos restantes se detuvieron de golpe, quedándose paralizados como estatuas; los soldados, Xyon y la chica se quedaron quietos también, alerta. Pensaban que volverían a atacar en cualquier momento, pero de hecho no fue así… Sus ojos volvieron a brillar de manera intermitente, y de nuevo de sus bocas surgieron sonidos como gruñidos. Sin ningún tipo de aviso o acción previa, todos los osos se dieron media vuelta y comenzaron a irse caminando con mucha rapidez hacia la misma dirección en la que venían. Todos los pobladores vieron sorprendidos como sucedía esto; los atacantes se retiraban. En cuanto todos los osos se alejaron, la gente del pueblo comenzó a gritar de emoción y alegría, al igual que los soldados y el propio Connor; sentían casi como si acabaran de ganar una ardua guerra.

Xyon no gritaba o saltaba de alegría como ellos. Simplemente miraba con su respiración agitada hacia donde los osos se habían ido, sin soltar aún su espada. Luego de unos segundos pareció comenzar a relajarse, y entonces introdujo de nuevo su espada en su funda y luego apoyó ésta sobre su hombro, sonriendo. Luego de tantos problemas, se sentía bien tener una victoria.

- Elly. – Escuchó que la ya muy conocida voz de aquella muchacha pronunciaba a su lado.

Se volteó con cuidado hacia ella, justo para ver como sus alas se cubrían de un resplandor rojizo y poco a poco parecían hacerse más pequeñas hasta desaparecer. Acto seguido, las espadas de sus brazos también empezaron a brillar y volvieron a la normalidad, con sus manos y su piel. Definitivamente era un truco que nunca había visto.

- Parece que tienes más secretos de los que aparentas, ¿eh? – Murmuró con seriedad el caza recompensas, mirándola de reojo. – Quisiera saber quién eres realmente.

Ella simplemente sonrió con cierta inocencia, mirándolo fijamente con cierta emoción.
- - - -

Mientras abajo, todo el pueblo festejaba esa repentina victoria contra esos extraños atacantes, todos los pobladores eran ignorantes de que unos ojos astutos los habían estado vigilando todo ese tiempo, desde aquella colina a las afueras, desde aquella en la que se tenía una vista perfecta de Sallivan, la misma desde la que el Paladin Rick observó el pueblo apenas un día antes.

La figura de una persona estaba parada en ese lugar, y frente a su rostro sostenía un misterioso objeto, negro, como dos anteojos pero alargados hacia el frente por el que podía ver de más cerca al pueblo, y por ellos enfocaba directamente a una persona: miraba directamente el rostro sonriente y alegre de aquella mucha de cabellos negros y cortos, aquella chica de de alas de acero que había salvado al pueblo.

Una sonrisa de ligera malicia se dibujó en sus labios, al tiempo que bajaba aquellos anteojos, sin quitar su atención del pueblo. Parecía muy conforme con lo ocurrido…

- Justo como lo pensaba. – Murmuró con un tono grave y profundo, seguido de una risa aguda. – Esas alas, esas espadas… Es ella, tiene que ser ella.

Poco a poco, de los árboles detrás de él, comenzaron a surgir diferentes figuras anchas que caminaban lentamente hasta pararse detrás de él. Eran los osos sobrevivientes del ataque, todos ellos parados detrás de él, mirándolo fijamente como si esperaran algún tipo de orden de su parte. Aquel extraño alzo de nuevo aquellos lentes, y volvió a enfocar a aquella chica, que caminaba hacia la posada a lado de aquel sujeto en ropa interior.

- Al fin te encontré… Azariel…

Un enemigo misterioso vigila todo desde lejos. ¿Quién es y qué busca…?

FIN DEL CAPITULO 003

octubre 28, 2012

Paladin Xyon: Capítulo 02


ADVERTENCIA: Clasificado para Mayores de 16 años, algunos capítulos pueden contener contenido violento, lenguaje vulgar moderado, desnudos parciales o contenido sexual implícito.

Capitulo 002
“Un Pequeño Paso equivocado, y una Gran Caída”

El malvado ogro que había aterrorizado Sallivan durante meses, al fin se había ido. Ahora sus pobladores podrían vivir en paz, pues sus cosechas y sus ovejas estaban a salvo. El miedo se había acabado, y todo gracias a un gran héroe que había aparecido de la nada para salvarlos. Cuando la gente se enterara de lo ocurrido, de seguro harían una gran fiesta. Nora, mesera de la posada Mawa, y “líder no electa del pueblo”, no cabía de la emoción que sentía. Mientras salían de la que alguna vez fue la guarida de aquella horrible criatura, ella simplemente deseaba salir corriendo al pueblo y decirles a todos lo que había ocurrido.

- Es usted grandioso, señor Rick. – Pronunció con entusiasmo la mujer de cabello negro, mientras caminaba a lado del hombre de armadura roja que había lograda tan increíble hazaña. Para esos momentos, él seguía cargando su casco bajo su brazo derecho, pero ya tenía de nuevo su capa blanca atada alrededor su cuello. – No sabe cómo le agradezco lo que hizo por nuestro pueblo. Sallivan había vivido atemorizada por meses, ni siquiera los guardias podían hacer algo contra él. Usted es nuestro héroe.

- No tiene nada que agradecer. – Contestó con amabilidad el guerrero, y en ese momento le extendió su mano, en la que sostenía otro más de los anuncios que había hecho para encontrar alguien que los pudiera ayudar con el ogro. – Después de todo, fue gracias a su cartel que me enteré del problema que tenían y pude venir a ayudarlos. Usted es la verdadera héroe de Sallivan, señorita Nora…

Al decir esas palabras, él la volteó a ver con una sonrisa galante y una expresión de ligera galanura, tal vez inconsciente, pero que igual provocó que el rostro de Nora se pusiera totalmente rojo y balbuceara por un par de segundo antes de poder responder.

- Gra... Gras... cias… - Murmuró algo apenada, aunque su estado no duró mucho, pues la molesta voz de la tercera persona que iba con ellos la sacó abruptamente.

- ¡Bien, ya es suficiente! – Exclamó con fuerza el caza recompensas de cabello anaranjado y puntiagudo al salir de la cueva, dando zancadas; no se le veía nada contento. – No hizo la gran cosa, ¿de acuerdo? Dejemos de echarle flores a este sujeto, ¡Y dame mi dinero!

Ambos se voltearon confundidos hacia aquel extraño individuo.

- ¿Tú dinero? – Exclamó Nora con molestia, poniendo sus manos a cada lado de su cintura. – Es obvio que la recompensa es para el señor Rick, él derrotó al Ogro, ¡no tú!

- ¡Eso no es justo! Yo ya lo tenía dominado y cansado antes de que este sujeto llegara, ¡la mitad me corresponde!

Bueno, era cierto que se había esforzado, hasta había logrado herirlo en el ojo, y recibido algunos golpes. Pero era obvio que el señor Rick hubiera derrotado a ese ogro sin ayuda de ello; después de todo, lo había hecho sin sudar. Además, sus golpes habían sido más que nada su culpa. De haberle hecho caso cuando le decía que tenía que pelear con un ogro, o cuando intentaba decirle que una espada no podía dañarlo, las cosas hubieran sido más sencillas y menos peligrosas. Pero no, el muy impertinente y egocentrista pensó que podía hacerlo todo él solo. Además, no le gustaba para nada la forma tan altanera en que lo estaba pidiendo. La verdad, no le daba muchas ganas de darle ni una mísera moneda.

- Puede hacer lo que usted desee con ese dinero, señorita Nora. – Dijo de pronto el hombre de armadura, tomando por sorpresa a la mesera. Rick tomó de nuevo su casco entre sus manos y se lo colocó sobre su cabeza, acomodándoselo. – Yo no necesito ninguna recompensa. Yo hice esto porque es mi deber, no por dinero.

- Pero usted se ganó ese dinero limpiamente, usted se lo merece.

- La tranquilidad suya y de su pueblo son la única recompensa que necesito…

De nuevo volvió a verla con esa misma expresión de antes. Aunque tuviera ya su casco puesto, las palabras que decía y cómo las decía con una galante sonrisa, hacían que Nora casi se derritiera. Pero, como antes, Xyon tenía una opinión totalmente contraria a ésta.

- ¡Eso es estúpido! – Exclamó sin deparo. – Eso no es una recompensa, ¿Cómo puedes comer o beber con eso? ¿Y por qué dices que era tu deber? ¿Eres Caballero, Guardia o qué?

- Soy un poco de todo eso…

Rick se alejó un par de pasos de ellos, dándoles la espalda. Se quedó quieto por unos segundos, y luego se giró rápidamente hacia ellos de nuevo, de forma segura y firme, colocando su mano derecha en su cintura y su puño izquierdo con su gema a la altura de su rostro.

- Soy un Paladín. – Pronunció con firmeza y orgullo, pero no recibió la reacción que esperaba.

- ¿Pala qué? – Preguntó Xyon sin tacto, alzando su ceja izquierda.

- Paladín. Como un caballero, pero no le sirvo a ningún rey o reino específico. Yo me dedico a proteger a las personas y cuidarlas, sin importar quienes sean, a qué reino pertenezca, o contra quién o qué sea.

Xyon lo miraba fijamente, como si realmente le estuviera poniendo atención a lo que decía, pero en el fondo no era del todo así. El concepto que le planteaba aquel individuo le era, no sólo totalmente desconocido, sino además inverosímil. Se quedó en silencio por largo rato, y lo primero que salió de sus labios luego de eso fue…

- Y, ¿todo eso… gratis?

- ¡Por supuesto que gratis! – Dijo con fuerza el chico de armadura de golpe; aparentemente la actitud de ese tipo ya lo había exasperado un poco. – ¿Qué no estás entendiendo? Soy un héroe.

- ¿Y por qué un héroe usaría un armadura tan afeminada como esa?

Rick parpadeó confundido al escuchar esa pregunta. ¿Armadura afeminado?, ¿de qué estaba hablando? El caza recompensas rió divertido y señalo hacía la parte de abajo de su atuendo.

- Hasta eso de abajo parece parte de una faldita o algo así.

- ¿Qué dijiste?

- Faldita. ¿Quieres que te lo deletree?

- Quisiera ver que te atrevieras.

-F... A... L... D...

- ¡Te voy a…! – Rick no pudo aguantar más tanta insolencia y de golpe se le lanzó encima, intentando hacerle una llave con sus brazos.

- ¡A ver si como ladras muerdes! – Fue la respuesta de Xyon, que se le lanzó encima de la misma forma, intentando hacerle exactamente lo mismo.

Nora miró incrédula como ambos forcejeaban entre sí, intentando derribar al otro, y incluso dándose algunos golpes o empujones. ¿Eran todos los hombres de ese mundo igual de bobos?

- ¡Tranquilos los dos! – Exclamó con fuerza, gritando, intentando llamar su atención y que se calmaran. – El dinero es del señor Rick, ¿de acuerdo? Si él no lo quiere, veré que hacer con él, pero eso debe de ser decisiones de todos en el pueblo, no mía.

- ¡¿Y yo no tengo nada que decir a eso?! – Cuestionó con molestia el caza recompensar, mientras le jalaba una oreja a Rick y tenía un pie contra su pecho.

- ¡No tengo tiempo para esto! – Agregó él a su vez y se zafó del agarre del chico, empujándolo hacia atrás con fuerza con una patada, haciéndolo caer de sentón. Luego, se arregló su capa y se puso su capucha como si nada. – Me alegra haberles podido ayudar, señorita Nora; pero ahora tengo otro trabajo del cual ocuparme.

- ¿Pero no se puede quedar un poco más? Todo en el pueblo querrán conocerlo, de seguro le prepararan una comida, o toda una fiesta.

- Lo siento, pero hay cosas muy importantes que debo hacer. – El tono de Rick se puso muy serio de golpe al voltearse al camino. – Ustedes aún no lo saben, pero hay un peligroso enemigo rondando por estas tierras. Un enemigo que pone en peligro las vidas de miles, y tiene un poder tan grande que me temo que sólo yo y mis compañeros podemos detenerlo...

Nora se quedó confundida al oír esas palabras, y no fue la única. Incluso con todo su enojo, Xyon también fue capaz de oírlo, y de detectar que no estaba bromeando; realmente hablaba enserio, y no sólo eso, parecía estar preocupado al respecto. Sin embargo, antes de que alguno pudiera hacerle alguna pregunta, pasó a empezar a caminar por el camino, con la clara disposición de irse, sin importar quien intentara detenerlo.

- Tenga mucho cuidado, señorita Nora. – Pronunció como palabras de despedida mientras se alejaba, y su capa ondeaba ligeramente a su paso.

Nora lo miraba fijamente mientras se iba, maravillada por la persona tan grandiosa que había conocido; un verdadero héroe, como los que ella creía que sólo existían en los cuentos.

- Qué hombre tan grandioso… - Susurró en voz baja mientras sus brillantes ojos seguían fijos en su andar.

Xyon simplemente la miraba de reojo en silencio. ¿Qué todas las mujeres eran así de... bobas? Tal vez. Pero pese a todo, no podía evitar pensar en esas palabras que aquel “Paladín” había dicho. ¿Qué era todo eso de un peligroso enemigo?

- - - -

- Soy un Paladín, protejo a la gente. – Murmuraba mientras caminaba y repetía lo mismo que Rick acababa de decirle hace unos minutos, pero lo hacía poniéndole “voz de idiota” a sus palabras, que mostraba el enojo que lo inundaba por lo ocurrido. – Claro que lo hago gratis, soy un súper héroe… Bla bla bla… ¡Maldito presuntuoso engreído!

Xyon ya se estaba yendo de Sallivan, y tristemente con las manos vacías, pues Nora no había aceptado darle absolutamente nada de la recompensa; como premio de consolación por sus heridas y el intento, le había invitado una comida, que si bien no había despreciado, tampoco lo había hecho del todo feliz. Para cuando dejó el pueblo, efectivamente, todos estaban muy felices por la noticia de la derrota del Ogro, y poco a poco se veía que se estaba empezando a armar una fiesta… A la cual él no tenía el menor interés en quedarse.

Mientras caminaba por aquel camino arbolado paralelo al río, no podía dejar de echarle toda la culpa de lo sucedido a ese entrometido de armadura roja que se había metido en su combate, arruinándolo todo. Aunque claro, él se burlaba diciendo que lo había salvado, pero Xyon estaba seguro de que hubiera podido esquivar ese golpe y acabar con el ogro él solo sin su ayuda... tal vez. La sola idea de que un idiota con armadura que se creía héroe le hubiera arrebatado una recompensa, y encima de todo ni siquiera la hubiera reclamado, lo hacía enfurecer hasta lo más hondo.

- Lo único que ese idiota consiguió es que yo perdiera mi recompensa, ¡y ya contaba con ese dinero para pagar mis deudas! Y todavía se atreve a darse el muy bueno y digno con tanta prepotencia. Si lo vuelvo a ver lo voy a… ¡Ah!

Inspirado meramente por la ira, alzó su pie y pateó con todas sus fuerzas el árbol más cercano que encontró. Pero, obviamente, eso no fue una gran idea, pues el mayor daño lo recibió su pie mismo, no el árbol.

- ¡Argh!, ¡Maldita… Sea…! – Exclamó con dolor mientras se intentaba agarrar su pie adolorido, mientras con el otro daba algunos brincos imprudentes hacia atrás, hasta quedar en la mera orilla de la colina por la que estaba caminando, quedándose balanceándose en ella. – Ah... ¡Ah! ¡No!, ¡espera!

La mitad de su único pie en tierra estaba prácticamente volando en el aire, mientras la otra mitad apenas y lo lograba sostener. Agitó sus brazos con rapidez para intentando balancearse, pero sus intentos fueron inútiles contra la poderosa gravedad, y terminó cayendo hacia atrás, rodando por la pequeña colina, y luego quedando estampado de narices en la tierra, justo a un par de centímetros del caudaloso río. Intentó de inmediato de alzarse, pero un segundo después su propio bolso de equipaje, que había salido volando durante su caída, descendió directo hacia su cabeza, golpeándolo y prácticamente enterrando su cara en el suelo.

Se quedó tirado en el suelo, boca abajo, sin moverse, por casi medio minuto. Cualquiera hubiera pensado que estaba inconsciente, pero no... De hecho sólo estaba tirado, intentando digerir de la mejor forma lo “singular” que había sido todo ese día, pero no pareció hacerlo del todo bien.

- ¡Me llevan los Siete Infiernos! – Exclamó con fuerza de pronto, alzando un poco la cabeza y el torzo, para luego golpear la tierra con sus puños repetidamente. Tenía tierra y raspones por toda la cara. – ¡¿Qué todo me tiene salir mal este día?! Gaia, ¡¿Por qué me tratas así?! ¿Es porque no te di ninguna ofrenda el último festival?, ¡¿cómo quieres que te dé ofrendas si no me das dinero?!

Resultaría obvio para estos momentos que Xyon no era precisamente el mejor caza recompensas... o persona. Era hábil con su espada, muy hábil; muchos lo habían reconocido por ello en el pasado, pero de hecho era para lo único que era bueno, lo único en lo que resaltaba, y en ese mundo esa habilidad te daba muchas opciones, pero no todas muy agradables: podías ser soldado, ladrón, asesino, guardia personal, o caza recompensas. ¿Por qué había elegido ser caza recompensas de todas ellas?, simple: era la única en la que no recibías órdenes de alguien más... o hacías algo lo suficientemente malo o ilegal como para que la justicia te buscara. Y hubiera sido perfecto, de no haber sido por esa horrible mala suerte que siempre lo seguía.

¿Era acaso que el destino se empeñaba en maltratarlo? ¿La Diosa Gaia se divertía con su desgracia?, ¿era tal vez su bufón personal al que le arrojaba pasteles a la cara para ver qué hacía? ¿Es que acaso nunca tendría ni un sólo golpe de suerte...?

Algo pareció llamar su atención en ese momento y sacarlo de su autocompasión. Por el rabillo de su ojo izquierdo, logró divisar la silueta de algo que estaba a su lado, a un par de metros de él. Lentamente giró su cabeza hacia esa dirección para ver qué era, pero se encontró con la sorpresa de que no era algo... sino alguien.

Había una persona, tirada a lado del río, no muy lejos de él. Estaba recostada sobre su costado izquierdo y le estaba dando la espalda, pero podía ver que era alguien delgado, de cabello oscuro, corto, que vestía una camisa azul oscura y unos pantalones negros; ambas prendas estaban algo sucias, y tan viejas que parecían ligeramente rotas. No se movía en lo absoluto, como si fuera una roca, y al parecer ni su caída ni sus gritos habían logrado reacción alguna en él. ¿Acaso...?

- ¿Eh? ¿Pero qué…? – Murmuró confundido mientras se sentaba con cuidado y volteaba a mirar con más cuidado. En efecto, era una persona. Lentamente se le aceró gateando por el suelo, con mucha cautela en sus movimientos. Sus ropas y su cabello estaban mojados, por lo que era posible que hubiera estado en el río. – Oye, ¿estás bien?

Con algo de temor acercó su dedo índice a su hombro, picándole ligeramente y moviéndolo al mismo tiempo, pero aquel individuo no reaccionó en lo más mínimo.

- “¿Estará muerto?” – Pensó para sí mismo con cierto temor.

¿Era posible que hubiera caído al río y se hubiera ahogado? Pero si fuera así, ¿por qué estaba afuera? ¿La corriente la había empujado hasta ahí? No, estaba lo suficientemente lejos de la orilla para ver que había salido, o alguien lo sacó. ¿Alguien sacó el cuerpo del río y lo dejó ahí? Bueno, eso era algo que él entendía, pues se encontraba tentado a hacer lo mismo; ya había tenido un día lo suficientemente malo como para que ahora lo involucraran en un posible asesinato.

De pronto, notó que el cuerpo se movía ligeramente; ¿estaba respirando? En efecto, los movimientos de su torso indicaban que estaba respirando lentamente.

- Oye, amigo. – Pronunció de nuevo, ahora con más fuerza y lo tomó del hombro. – ¿Te encuentras bien? ¿Qué te pasó?

Lo giró con cuidado hacía él para ponerlo boca arriba y ver bien quién era o que le había pasado. Sin embargo, ese acto trajo consigo un par de sorpresas. La primera, es que al poder verle de frente, pudo detectar que esa persona era una mujer, una de apariencia joven, de cabellos negros, cortos hasta su cuello, de piel blanca y refinada. Era delgada, y algo pequeña en su complexión. Su rostro tenía una forma delicada, aunque en esos momentos tenía algunas manchas de lodo en ella, y sus ojos estaban plácidamente cerrados como si durmiera. Y la segunda sorpresa, fue que, además de estar empapada, sucia y tirada a lado del río... su camisa se encontraba totalmente rasgada del frente, y su tozo se encontraba expuesto, y eso incluía el área de su busto...

- ¡¿Qué demonios...?! – Exclamó sorprendido el caza recompensas, haciéndose hacia atrás ligeramente como reacción inicial. – ¿Una chica? Pero...

Intentando tranquilizarse, pasó a mirarla con más cuidado. A pesar de su complexión y rostro joven, si se podía ver que no era una niña; debía de tener al menos unos veinte años o más. Tenía un rostro delicado y hermoso, de muy buen ver, sin ninguna imperfección además de las manchas de lodo que tenía. En otras palabras, debía de ser una persona de buena posición, a pesar de las ropas sucias y viejas que usaba. Estaba inconsciente, totalmente inconsciente, y su respiración era lenta y pausada, pero constante. ¿Qué era lo que le había ocurrido?

- “¿Qué hace una chica semi desnuda, inconsciente a la orilla del río?” – Se preguntó algo confundido. –  “¿La habrán atacado? Pero...”

Luego de analizar su rostro por algunos segundos, no logró evitar desviar su mirada ligeramente hacía abajo, hasta esa parte de su cuerpo tan “especial” que se suponía no debería de estar tan expuesta. Tenía un cuerpo delgado y delicado, como el de una muñeca de porcelana, perfectamente hecha al detalle. Su busto era mediano,  no muy chico, pero tampoco muy sobresaliente. Xyon pareció ligeramente fascinado por esa imagen…

- “Cielos, que hermosa es…” – Pensaba sin quitarle los ojos de encima. – “Me preguntó cómo….”

Su mano se movió prácticamente de manera inconsciente hacia ella, lenta y peligrosamente a su torso. ¿Cómo se sentirían? De pronto se detuvo a medio camino, apartando la mano rápidamente.

- “¡¿En qué está pensando?!”

Se volteó hacia otro lado, intentando usar toda su fuerza de voluntad para no volverse de nuevo hacia ella. Su rostro estaba sonrojado, y se le veía algo ansioso. Esa era definitivamente una situación complicada para él. No era precisamente alguien con mucha experiencia con las chicas. Cómo se dijo antes, Xyon era muy hábil con la espada, pero era en lo único que era bueno. La mayoría de las mujeres le tenían miedo o desconfianza desde la primera vez que lo veían; Nora no era la primera, ni sería la última. No era exactamente la primera chica que veía desnuda… Pero…

No pudo aguantar más y tuvo que virarse de nuevo, echándole otro vistazo. La imagen ante él era una muy hermosa… y tentadora visión.

Volteó hacia un lado y hacia el otro de manera consecutiva, asegurándose de que nadie estuviera cerca; si alguien lo viera en esa situación, si que tendría un problema. Pero en efecto, estaba solo. No se veía la presencia de nadie alrededor, y el único ruido perceptible era el del agua del río fluir. Era demasiado tentador para dejarlo pasar. Además, no se trataba de hacer algo tan malo, sólo… Tocar uno, un poco; luego se lo compensaría de alguna forma, o eso era lo que él se repetía a sí mismo en su mente para convencerse.

Se le volvió a acercar, y observó con más detenimiento su cuerpo. Luego, comenzó a acercar su mano temblorosa y nerviosa hacia ella, hasta colocarla por completo sobre su pecho derecho, presionándolo un poco. Su expresión se lleno de cierto asombro.

- “Cielos… Son tan suaves, es la primera vez que tocó unos así…”

De manera tímida movió su palma lentamente hacia un lado y hacia el otro, acariciándolo ligeramente. Definitivamente se iría al Quinto Infierno por eso…

- ¿Elly? – Escuchó de pronto que una vocecita pronunciaba de golpe, y como todo niño que se encontrara haciendo algo malo, el menor sonido lo hizo quedarse helado.

Apenas capaz de moverse, movió su cabeza lentamente hacia ella, divisando como sus ojos, adormilados, pero aún así semi abiertos, lo miraban fijamente con la ligera confusión típica de alguien que se acaba de despertar.

- ¡Ah!, ¡No es lo que parece! – Exclamó rápidamente, retirando su mano de golpe y haciéndose hacia atrás. Eso había sido una estupidez, ¿en qué estaba pensando?, ahora se metería en serios problemas. – ¡No estaba haciendo nada malo!, yo sólo estaba... ¡verificando que no estuvieras herida!… Sí… eso...

Xyon se viró hacia otro lado apenado, intentando encontrar alguna explicación más creíble, o suplicando que realmente le hubiera creído. ¿Y si salía corriendo? No sabía su nombre, y para cuando le dijera a alguien lo sucedido, él ya estaría muy lejos y nunca regresaría a ese pueblo. Era una opción. Sin embargo, mientras pensaba en qué hacer, se dio cuenta de que aquella extraña se sentaba con cuidado en el suelo, sin dejar de verlo no ni un sólo segundo. Luego, de la nada, se apoyó en sus manos y rodillas y comenzó a acercársele con cuidado, mirándolo con cierta curiosidad en sus ojos.

- ¿Elly? – Volvió a pronunciar mientras se le acercaba.

- ¿Ah? – Murmuró confundido el caza recompensar al ver como se le acercaba de esa forma. – Oye, ¿Qué... te pasa?

La extraña se le acercó más y más, hasta estar a unos escasos centímetros de él, y luego se inclinó más al frente, alzando su rostro hacía el suyo, hasta tenerlo muy cerca. Sus ojos azules y cristalinos lo miraban fijamente, analizándolo, viéndolo profundamente. Esa mirada, sumado a la cercanía que provocaba que sus pechos casi rozaran su cuerpo, hacían que Xyon se pusiera más que nervioso, y su rostro se puso rojo de golpe.

- ¿Cuál... es tu... problema? – Murmuró casi tartamudeando. – No te me acerques así que no respondo…

- ¿Elly?

- Sí, lo que sea, pero… ¡Al menos tápate un poco! Digo, no es que no quiera… ¡Sólo cúbrete!

Rápidamente tomó su capa y se la quitó, colocándola alrededor de ella para que se cubriera. Cómo no había gritado ni corrido, ni hecho ningún escándalo, lo más seguro era que no se había dado cuenta de lo ocurrido al estar semiinconsciente, y era mejor dejarlo así. Ahora pasaba de ser un pervertido que intentó tocarla estando dormida, a ser el buen samaritano que la ayudó cuando estaba en problemas... No había duda, definitivamente iría al Quinto Infierno por esto.

La chica miró confundida la capa que él había puesto sobre sus hombros, y entonces bajó su mirada. Fue en ese momento en el que pareció notar por primera vez que estaba descubierta de su torso, y eso pareció sorprenderla, aunque no tanto como alguien esperaría de una situación así. En lugar de sobresaltarse, gritar, o algo similar, tranquilamente tomó la capa y se rodeó con ella, cubriéndose el cuerpo, sin hacer nada más.

- Bien, mucho mejor. – Murmuró el caza recompensas y entonces se colocó de cuclillas frente a ella para poder verla a los ojos, y ella lo miró a él a su vez.

Tenía una expresión seria y ligeramente indiferente en su mirada. No parecía preocupada, confundida o asustada; de hecho se veía muy normal. Lo miraba como con una curiosidad casi infantil, o eso fue lo que Xyon percibió.

- Ahora dime, ¿Cómo te llamas?

- Elly.

- ¿Qué fue lo qué te pasó?

- Elly.

- ¿Dónde vives?

- Elly.

- ¿Puedes decir algo que no sea “Elly”?

La chica guardó silencio por unos tres segundos, y entonces contestó...

- ¿Elly?

Ambos se quedaron quietos y callados luego de ello, mirándose fijamente a los ojos, como si esperaran algún tipo de reacción del otro. De pronto, la mirada de Xyon se endureció de golpe y rápidamente la tomó de los hombros con fuerza, zarandeándola un poco sin mucho tacto.

- ¡¿Te estás burlando de mí o qué?! – Le gritó con cierta molestia en sus palabras. La joven sólo apretó los ojos y gritó.

- ¡¡Elly!!, ¡Elly!

¿Qué era todo eso?, ¿era una broma o acaso realmente sólo podía decir esa palabra? Pero parecía que entendía bien lo que le decía... ¿o no?

- Debiste de haberte golpeado la cabeza o algo.

- Elly…

- Oh, bueno…

Se paró rápidamente y se arregló su traje, limpiándose el polvo y lodo que le había quedado luego de su caída. Después tomó de nuevo su equipaje y se lo echó al hombro.

- Sigue el camino de por allá y llegaras a Sallivan, es un pueblo. – Le indicó señalando el camino, en la dirección en la que él venía. – Busca al Jefe de Caballería, él te ayudara; puedes quedarte con la capa. – Dicho eso, se dispuso a volver al camino y largarse de ahí. – Adiós, fue un gusto tocarte… ¡Digo!, ¡Conocerte!

Y entonces comenzó a caminar sin preocupación alguna, pero no pudo avanzar mucho, pues en cuanto dio un par de pasos sintió que lo tiraban de la manga de su traje para detenerlo. Al virarse sobre su hombro, vio que la chica estaba de pie a su lado, y lo sujetaba de su manga mientras lo miraba fijamente.

- ¿Qué? – Preguntó, aunque de hecho sabía que no iba a recibir alguna respuesta entendible.

- Elly…

En efecto Xyon no entendió que quiso decir con ese “Elly”, pero sus ojos ahora tenían un rastro de suplica y miedo en ellos, lo que le indicó que no quería que la dejara sola. Bien, al menos al fin reflejaba una reacción “normal”. ¿Qué hacer? Ya se había portado demasiado bien, le había dado su capa, y le había indicado hacia dónde ir, ¿qué más quería que hiciera? Claro que… también la había tocado indebidamente mientras estaba desmayada…

Y entonces recordó lo que había dicho luego de caer, cómo le había gritado a su diosa y maldecido su mala suerte, y justo ocurría... esto. ¿Era acaso un fruto más de esa maña suerte que era su eterna compañera?, ¿o tal vez una respuesta a su queja?

- “¿Esto es algún tipo de prueba, Gaia?” – Volteó a ver de reojo a un lado y luego de nuevo a la chica, que seguía viéndolo... con esos ojos... ¡esos ojos de cachorrito triste!, ¿por qué lo estaba viendo así? Lo hacía sentir realmente incomodo. – ¡Está bien!, te llevaré a Sallivan, ¡pero sólo eso! Maldita sea…

La extraña sonrió ligeramente al escucharlo.

- - - -

Se respiraba una gran alegría en Sallivan. La plaza del pueblo estaba llena, se escuchaba algo de música, y la gente comía y reía con entusiasmo. Era un día de celebración para todos, o al menos para todos. Para Xyon esa “fiesta” no era más que un recordatorio más del fracaso rotundo que había sido ese día. Su plan era irse lo antes posible, pero al parecer eso no le iba a ser posible pronto por el nuevo predicamento que se le había presentado. Muy de mala gana avanzaba entre la multitud de gente en la plaza, seguido por detrás por la chica del río, envuelta y cubierta aún con su capa. Estaban buscando la oficina de la Caballería local; se pensaría que en un pueblo pequeño encontrarla no sería difícil, pero tuvieron que dar un par de vueltas antes de dar con ella.

La oficina era un edificio de dos pisos, de apariencia algo vieja, construido de piedra, con dos puertas de madera, también algo viejas al frente. Por dentro, la primera habitación era de forma cuadrada, casi vacía, excepto por un escritorio y libreros que estaban al fondo, unas sillas para sentarse del lado izquierdo, y del lado derecho había lo que parecían ser las rejas de tres celdas, las cuales estaban vacías en esos momentos. La única persona en ese lugar era un hombre sentado en la silla del otro lado del escritorio, con sus pies arriba de éste mientras leía un periódico con tranquilidad.

- ¿Es usted el jefe de caballería? – Preguntó el caza recompensas desde la entrada. El hombre bajó el periódico y se volteó hacia ellos.

- Ese soy yo. – Pronunció con un tono de voz grave, mientras colocaba el periódico en escritorio, y luego se ponía de pie.

Para sorpresa de Xyon, no se trataba precisamente de un hombre de apariencia intimidante. Era un hombre de estatura baja, algo robusto y de piel oscura. Tenía un amplio bigote café que adornaba su rostro, y casi le ocupaba todo éste. Llevaba un casco de acero sobre la cabeza que prácticamente escondía sus ojos, y unas hombreras y pecheras también de acero. Su apariencia era algo cómica de hecho, o a Xyon así le parecía, pero intentó disimularlo. El hombre se subió bien sus pantalones negros, y caminó hacia ellos con seguridad en cada paso.

- Soy Connor, el Jefe de Caballería de Sallivan. – Se presentó al estar de pie frente a ellos. Parecía que diría algo más, pero se calló de golpe al notar a Elly, que estaba parada a lado del chico. A simple vista su cabello mojado y despeinado, su rostro sucio, y como estaba envuelta en esa manta vieja, daban la impresión de que algo malo le ocurría. – ¿Qué le pasó a ésta muchacha?

- No lo sé. La encontré casi desnuda en la orilla del río.

- ¿Casi desnuda? – Exclamó sorprendido el Jefe, aunque de inmediato su atención se viró hacia Xyon, de forma casi acusadora. – ¿No será que hiciste algo inapropiado con ella?

El caza recompensas se sobresaltó al escuchar tal afirmación.

- ¡Por supuesto que no! – Contestó de inmediato con fuerza, aunque no lograba evitar recordar lo que había hecho al hallarla dormida; de seguro eso podría considerarse “inapropiado” de cierta forma, pero definitivamente no había hecho lo que ese hombre estaba pensando en esos momentos.

Connor se le quedó viendo por algunos segundos con ciertas dudas. Al igual como había ocurrido con Nora, la sola apariencia de aquel individuo le resultaba muy sospechosa, y la situación no lo favorecía. Pero igual no tenía pruebas de algo malo hubiera pasado siquiera, así que sólo le quedaba preguntarle a la victima que había ocurrido.

- Bien, siéntate unos momentos, hija. – Murmuró con gentileza y entonces guió a Elly hacia una de las sillas a un lado para que se sentara, y luego se puso de cuclillas frente a ella para poder verla con claridad.

La joven no presentaba ninguna reacción en su rostro. Parecía ida,  o más bien ausente, como si no entendiera dónde estaba o qué ocurría. Él había visto esas reacciones antes, y casi siempre se presentaban en personas que habían pasado por algún tipo de situación desagradable que las dejaba en shock.

- Ya estás a salvo aquí, ¿de acuerdo? – Le dijo intentando ser lo más gentil y delicado posible, y entonces tomó sus manos entre las suyas. – Ahora dime, ¿cómo te llamas?

- Elly.

- ¿Qué fue lo que te pasó?

- Elly.

- ¿Dónde vives?

- Elly.

- ¿Puedes decir algo que no sea “Elly”?

La chica guardó silencio por unos tres segundos, y entonces contestó...

- ¿Elly?

Todo el sitio se quedó en silencio, escuchándose sólo los sonidos que provenían de la celebración inminente en el exterior. Luego, Connor se giró de golpe hacia Xyon, notándosele que no estaba para nada contento.

- ¿Es esto algún tipo de broma, jovencito? – Comentó entre dientes el caballero.

Xyon no estaba mucho mejor. Por un lado le parecía gracioso ver como la escena de hace un rato en el río se había prácticamente repetido, pero la situación le parecía algo desesperante para esos momentos.

- Lo mismo quisiera saber, señor. – Contestó con desganó, poniendo sus manos atrás de su cabeza. – No puede decir nada más que “Elly”, y parece demasiado confundida. Creo que se golpeó la cabeza o algo.

- Supongo que eso es posible...  O alguien la golpeó…

La expresión acusadora de Connor volvió una vez más al decir esas palabras y voltear a ver sobre su hombro al chico, el cuál de nuevo no lo tomó de manera positiva.

- ¿Qué está insinuando con esa mirada? Yo no le hice nada, ¿de acuerdo? ¡Yo sólo la encontré!

- Bien, hagamos esto. Le voy a dar un poco de ropa de mi hija para que no esté así, e iremos a ver al Dr. Loyd para que nos diga si puede identificar qué tiene.

- ¿Iremos? Oiga, yo sólo la traje, pero ya me voy...

- ¡De ninguna manera! – Exclamó de golpe el Jefe, antes de que pensar siquiera en irse, haciendo que incluso se asustara un poco. – Sea como sea, no te puedo dejar ir así como así sin saber si en verdad no le hiciste nada a esta chica.

Xyon se quedó perplejo. ¿Estaba hablando enserio? Le había dado su capa a esa chica, le había guiado que hacer, incluso la había traído hasta el pueblo él mismo, todo por ser ligeramente bueno para variar, ¿y ahora resultaba que era sospechoso de haberle hecho algo malo?

- Debe estar bromeando… - Murmuró en voz baja con cierto fastidio.

¿Qué otra cosa mala podría ocurrirle en el mismo día?

- - - -

Sin lugar a poder negarse, Xyon, el Jefe de Caballería, y la extraña del río se dirigieron a la cínica del pueblo. La enfermera de la recepción los había pasado al consultorio del doctor, y ahora los tres esperaban a que éste llegara. El consultorio era una habitación cuadrada, no muy espaciosa, en la que había dos camas para enfermos, un escritorio, un par de estantes con medicinas, y unos libreros. Sólo tenía una ventana que daba justo a la plaza, por la que se notaba el gran movimiento de afuera.

Mientras aguardaban, Xyon se veía algo ansioso. Estaba cruzado de brazos, recargado contra la pared, mirando hacia un lado y hacia el otro con insistencia, y su pie golpeaba el suelo repetidamente.

- ¿Qué te ocurre, chico? – Escuchó como Connor le preguntaba. – Te ves preocupado, ¿acaso tu consciencia ya te está empezando a delatar?

- ¡Nada de eso!, es sólo que… - Detuvo abruptamente su explicación, y entonces se giró hacia otro lado. – ¡No es su problema!

El caza recompensas se dirigió hacia la ventana, parándose frente a ella. Su estado no estaba relacionado con esa chica, si no por el lugar que estaban en sí. No era que le tuviera miedo a los hospitales, o a los doctores. Simplemente… ese tipo de sitios siempre lo ponían nervioso. Ese olor a alcohol desinfectante y medicinas en el aire, y la sensación de muerte constante… siempre lo intranquilizaba considerablemente.

La puerta del consultorio se abrió de pronto, y del otro lado se asomó un hombre mayor, de cabeza calva, aunque con algo de cabello canoso a los lados de ésta, de pequeños anteojos redondos que escondían sus ojos y un pequeño bigote, también canoso, sobre sus labios. Vestía una larga bata blanca, y bajo su brazo derecho cargaba una tableta para apoyarse y algunos papeles en ésta.

- Buenas tardes, Connor. – Saludó aquel hombre, cerrando la puerta detrás de él. – Disculpa la demora, salí un momento a la plaza; parece que la fiesta se pondrá muy movida, ¿no? ¿Qué paciente me traes ahora?

Con pasos lentos, se fue acercando a Xyon, hasta pararse delante de él y comenzar a analizarlo de arriba abajo a través de sus anteojos; el caza recompensas lo miraba confundido.

- ¿Qué malestares tienes, jovencito? – Preguntó el doctor mientras tomaba una pluma del bolsillo de su bata y se alistaba para anotar en su hoja de apunte. – ¿Alguna comezón inexplicable en tu área privada? ¿Estuviste metiendo tu varita en dónde no debías?

El chico de cabellos anaranjados parpadeó confuso al escuchar esas preguntas, aunque no tardó mucho en entender a que se refería.

- Oiga, ¡¿de qué me vio cara o qué?! – Exclamó con fuerza fe golpe. – ¡Yo no soy su paciente!

- Tu paciente es esta chica, Loyd. – Informó el jefe de Caballería, mientras señalaba con su mano hacia la extraña.

La chica de cabellos negros estaba sentada en la cama. Ya no traía las ropas de antes, sino un vestido largo de color negro de una sola pieza, de mangas cortas, y con algunos adornos blancos al frente. El doctor se acomodó sus lentes y entonces se acercó hacia ella.

- Eso cambia todo, ¿qué le ocurre?

Loyd tomó una silla y la colocó frente a ella para poder sentarse y mirar a la joven con mayor detenimiento.

- Este chico afirma que la encontró con su ropa rasgada e inconsciente en el río, y es incapaz de comunicarse con claridad.

- ¿De comunicarse?

- No puede hablar, sólo sabe decir “Elly Elly Elly”. – Agregó Xyon desde la ventana. – Así que no le pregunte cómo se llama, qué le pasó o dónde vive que sólo le contestará eso.

Al doctor le parecía muy interesante la información que le daban, pero también algo confusa. Tomó la cabeza de la chica con cuidado con ambas manos y comenzó a inspeccionarla con sus dedos. Ella no oponía mucha resistencia, de hecho se le veía muy calmada.

- No veo ningún indició de golpe en la cabeza. A simplemente vista se ve muy normal. ¿Dicen que no puede hablar?

- Elly. – Murmuró ella en voz baja, como queriendo contestarle.

- Sólo decir esa palabra una y otra vez. – Repitió Xyon.

Loyd se cruzó de brazos y pensó rápidamente en qué hacer.

- ¿Y han intentado pedirle que escriba algo? – Preguntó volteando a ver a ambos sobre su hombro.
Xyon y el Jefe se miraron entre ellos en silencio; ¿por qué no se les había ocurrido eso? Al interpretar su silencio como una negación, le extendió su tableta y pluma a la chica para ver si se podían comunicar con ella así.

- ¿Sabes escribir?

- Elly.

Era difícil saber si eso era un “sí” o un “no”, pero igual iban a hacer el intento.

- ¿Podrías escribirme aquí cómo te llamas, qué fue lo que te pasó y dónde vives?

La extraña lo miró fijamente en silencio sin hacer movimiento alguno al escuchar cómo le hacía esa petición. Al principio pensaron que posiblemente no le había entendido, pero de pronto tomó la tableta y comenzó a escribir algo en ella. Los tres la miraron ansiosos, esperando a ver que escribía. ¿Sería posible que al fin supieran quien era? Al terminar, volteó la hoja hacia ellos, para que pudieran ver su contenido: “Elly Elly Elly”. Los tres se quedaron helados al ver esto…

- Ese chiste ya no es gracioso – Murmuró Xyon en voz baja.

- Creo que nunca lo fue. – Agregó el Jefe del mismo modo.

Loyd suspiró un poco y se volvió a acomodar sus anteojos.

- Bien, en efecto sufre de algún tipo de retraso. Puede ser de nacimiento, aunque también podría haber sido causado por algún trauma físico, como un golpe en la cabeza que le provoqué algún tupo de amnesia temporal, o mental como un ataque o experiencia traumática.

- ¿Experiencia traumática?

- No es muy común, pero en ocasiones cuando alguien pasa por una experiencia horrible, su mente se queda en shock, y ésta bloquea todo lo que le hace daño, recuerdos y demás, y pueden quedar en un estado como éste.

- En otras palabras, está loca. – Comentó el caza recompensas con simpleza.

La joven pareció enojarse un poco al oírlo decir eso, y se paró rápidamente de la cama.

- ¡Elly! – Le gritó con fuerza, mirándolo con enojo.

- ¡Nadie entiende que quieres decir!, ¿qué no te das cuenta?

- ¡Elly Elly!

Ella seguía gritando esa palabra una y otra vez, agitando sus brazos con insistencia, pero en efecto, nadie entendía qué quería decir. Parecía como un niño pequeño o un animal, que no sabía hablar y sólo hacía sonidos y mímicas para intentar darse a entender, sin mucho éxito.

- ¿Qué hacemos ahora? – Le preguntó Connor al Loyd.

- Bueno, si es a causa de algún trauma, en ocasiones este estado es reversible, pero para ello necesita estar muy tranquila, y de preferencia rodeada de cosas conocidas y familiares que la hagan sentir cómoda y segura.

- Pues suerte con eso, no tenemos idea de quién es, así que ni idea de qué le parezca familiar o conocido.

- Elly. – Repitió de nuevo, acercándose a Xyon y parándose delante de él. – ¡Elly!

- ¡¿Qué demonios quieres?! – Le gritó con enojo. – ¡¿No sabes decir alguna otra palabra al menos?!

- ¡Elly!

Connor y Loyd miraban toda la escena con cierta curiosidad. La chica parecía algo indiferente hacia ellos dos. Los miraba y oía como si no estuvieran realmente ahí, pero era diferente con ese chico. A él parecía entenderle todo lo que le decía con mayor claridad, y actuaba de manera más suelta y normal. ¿Qué significaba eso?

- Creo que de alguna forma tú le pareces conocido, o al menos se ve tranquila y a gusto a tu lado. – Comentó el doctor, tallándose la barbilla. – ¿Seguro que tú no la conoces, chico?

- ¡Por supuesto que no! No la conozco, y definitivamente no olvidaría unos pechos como esos.

- ¿Qué? – Connor volteó a verlo de manera acusadora al oír tal afirmación que se había escapado sin querer de sus labios.

- ¡Ojos!, quise decir ojos…. sí…

El caza recompensas se giró hacia otro lado algo apenado; ¿cómo se le pudo haber escapado decir algo como eso?

Connor seguía pensando que ese sujeto tenía algo que ver con todo ese asunto más de lo que él afirmaba, y las reacciones que esa chica tenía con él se lo aseguraban. Sin embargo, no tenía forma de saber si era de manera positiva o negativa. Se veía que en efecto ella se desenvolvía mejor con él, pero su experiencia lo hacía seguir pensando que estaba detrás de lo que le había ocurrido. ¿Qué hacer entonces?

- Creo que lo único que podemos hacer es preguntar si alguien en el pueblo la conoce. – Sugirió Connor. – Por lo pronto, si ella se siente segura contigo, creo que lo correcto será que tú la cuides, pero no te intentes pasar de listo que te estaré vigilando de lejos.

- ¡¿Qué?! – Exclamó él sorprendido, señalándose con un dedo. – ¿Yo?

- Elly…

Una pequeña sonrisita surgió en sus labios, mientras miraba a Xyon con una expresión más relajada que antes. La idea pareció no desagradarle, muy al contrario de él, que con cada minuto que pasaba la situación le parecía empeorar.

- - - -

Para cuando empezó el atardecer, la plaza estaba llena de gente. Se oía mucha música, y hasta algunos puestos de comida se habían instalado. Había gente bailando, cantando, comiendo, jugando… Era en verdad una fiesta que se había armado en sólo unas cuantas horas, y que tal vez se volvería una costumbre para Sallivan; eso era muestra indudable de la horrible situación por la que aquel malvado ogro los había hecho vivir en todo ese tiempo, y de la gran felicidad que les daba que eso ya hubiera terminado.

La Posada de Mawa también tenía mucho movimiento, pues varios iban a celebrar en ese sitio a beber un trago; ya para ese entonces el restaurante se transformaba en bar, aunque también había comida para quien quisiera cenar. Nora había vuelto al trabajo luego de su pequeña aventura. Como Rick había dicho, ella era de cierta forma la verdadera héroe de Sallivan, pues de no ser por ella eso nunca hubiera sido posible, y como tal, muchos esperaban que estuviera en la fiesta, celebrando con todos. Y lo haría, pero no hasta que terminara su turno; mientras eso no pasara, seguiría trabajando, después de todo se había ausentado mucho por ir a la cueva del ogro. Ese era el tipo de persona que era, siempre responsable con todo y con todos; por eso todos la respetaban mucho. En esos momentos se encontraba muy feliz y llena de energías, y las aprovechaba haciendo su mejor trabajo.

Una regla de Mawa era que, siempre que la puerta se abría y un nuevo cliente entraba, la mesera más cercana debía de recibirlos con una cordial bienvenida, sin importar que estuviera haciendo, excepto si estaba atendiendo a otro cliente. Eso haría que la persona se sintiera bien y feliz de estar ahí, o eso decía el dueño. En algún momento de esa tarde, esa responsabilidad le correspondió precisamente a Nora. Escuchó la campana de la entrada sonar a sus espaldas al abrirse la puerta y de inmediato se giró para recibir a quien quiera que estuviera entrando con una sonrisa.

- ¡Bienvenidos a....! – Comenzó a decir con entusiasmo, pero se detuvo de golpe al reconocer quien estaba parado en la puerta. – Ah, eres tú, ¿no te habías ido ya? ¿Decidiste quedarte a la fiesta?

Quien acababa de entrar era ni más ni menos que Xyon, el caza recompensas que había fallado en su intento de derrotar al ogro, y que se había ido muy molesto al no recibir la recompensa. El entusiasmo y buen humor de Nora se esfumó ligeramente al ver de nuevo a aquel sujeto.

- Esa no es forma de recibir a un cliente. – Comentó con fastidio el recién llegado. – Y no, no me quedé a su tonta fiesta; estuve obligado a volver, ¿de acuerdo?

Nora parpadeó sin entender a que se refería con eso de haber sido obligado. Fue entonces cuando notó que aquel individuo no venía solo. Parada a su lado, estaba una chica de cabello negro y corto, con un vestido largo también negro. Que tenía una expresión seria en el rostro.

- ¿Y ella quién?, ¿viene contigo?

- Algo así. ¿Nos das una mesa o qué?

Nora guió a ambos hacia una mesa redonda ubicado aproximadamente en el centro del establecimiento. Se fue, y dos minutos después les trajo dos platos de comida. No habían pedido nada, pero le pareció que aquella chica se veía algo hambrienta, y tenía razón. En cuanto colocó el plato frente a ella, sus ojos se iluminaron como estrellas y comenzó a comer con rapidez, como un pequeño animal hambriento de la calle. Nora y Xyon la miraban confundidos mientras comía.

Curiosa de cuál era su historia, se sentó con ellos y le preguntó con mucha amabilidad cómo se llamaba, a lo que ella respondió…

- Elly. – Murmuró entre mordida y mordida de su comida.

- Mucho gusto Elly, yo soy Nora. – Respondió la mesera con una amplia sonrisa.

- No se llama Elly. – Comentó de pronto el caza recompensas mientras comía. – Eso es todo lo que sabe de decir.

- ¿De qué estás hablando?

- Elly… Elly… - Volvió a repetir la extraña, alzando su mirada hacia ella.

Nora pareció confundirse más por todo esto, pero luego de unos minutos de intentar hablar con ella, le quedó muy claro que, en efecto, sólo podía decir “Elly”. De inmediato cuestionó al hombre de capa sobre el asunto, el que de muy mala gana comenzó a contarle toda la historia.

- ¿Inconsciente en el río? – Murmuró en voz baja algo sorprendida por la historia. – ¿Pero qué le pasó?

- No lo sé, nadie lo sabe. Y antes de que digas algo, yo no tuve nada que ver.

- Yo no dije nada…

De hecho, sí se le había ocurrido que posiblemente él le había hecho algo. Después de todo, en el poco tiempo que pasó con él, no le dio ninguna muy buena impresión. Sin embargo, había algunas cosas que le hacía pensar que no era eso. Primero, los tiempos no concordaban para ella, pues había estado con él casi todo el día, hasta que se marchó molesto. Segundo, ya se había ido, ¿quién volvería luego de hacer algo malo?, incluso el más idiota huye en esa situación, ¿o no? Y tercero, esa chica no se veía nada molesta, preocupada o asustada con él.

Luego de dar un largo trago de su cerveza, Xyon prosiguió contando.

- En fin, al parecer le gusté o algo, porque parece sentirse tranquila conmigo o algo así, no entendí bien lo que dijo el doctor, pero el Jefe de Caballería quiere que la cuide hasta que averigüe quién es, pero sólo le daré hasta mañana. Si no averigua nada, me iré; tengo asuntos importantes que atender.

- El Jefe Connor es un descuidado al dejar a una chica indefensa contigo.

- ¡Cómo sea!, no estoy en esta situación porque quiera, ¡¿De acuerdo?! Ahora, ¿nos das dos cuartos para dormir esta noche o tendré que ir a otro sitio?

- ¿Tienes para pagar dos cuartos?

Esa pregunta dejó helado a Xyon. ¿Dinero?, ¿cómo iba a tener dinero?, no había ganado la recompensa, ¡estaba casi en la ruina! De manera disimulada tomó la bolsa de dinero de su cinturón y la abrió, viendo las pocas monedas que traía en ella.

- ¡¿Qué no oíste la historia?! No me quedó porque quiera, pero si no vas ayudar, entonces nos podemos ir a dormir un callejón.

- No me amenaces. – Nora suspiró con fuerza y se frotó un poco los ojos. – Está bien, mira. Hoy es un día feliz para todos, lo que menos quiero es preocuparme. Les daré dos habitaciones para que los dos duerman, sin costo. Pero con esto, más las comidas que te he dado, ya queda saldada mi deuda por el intento que hiciste de derrotar al Ogro, ¿de acuerdo? No quiero que me vuelvas a decir que te debo algo. Todo con tal de no dejar a esta chica a solas contigo en la noche…

Xyon guardó silencio y siguió comiendo de mala gana. Le parecía todo muy bien, hasta que hizo la insinuación de dejar solo a esa chica con él. Al menos tenía comida y un lugar donde dormir, así que la situación no era tan mala. Pero aún así, la forma en que esta gente lo trataba hacía que le hirviera la sangre…

FIN DEL CAPITULO 002