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Capitulo 003
“Las Chicas de las Alas de Acero”
- ¡¿Cuál es el problema de toda esta gente?! – Exclamó molesto el caza recompensas, mientras se retiraba su capa y la tiraba a un lado; se le notaba una gran molestia al hacerlo.
Era de noche, y se encontraba ya en el cuarto que Nora le había dado para dormir en el segundo piso de la posada. Era un cuarto algo chico, con tapiz beige con estampado de flores. Sólo tenía una cama individual, un pequeño escritorio, y un ropero. Tenía dos ventanas, y ambas daban a la plaza. Algo de ruido y luz entraban por ellas, provenientes de la fiesta, una fiesta a la cual él no tenía pensado ir ni de broma. Rápidamente cerró ambas ventanas con fuerza, y corrió las cortinas blancas sobre ellas.
- Ni siquiera me conocen y ya me creen un estafador, ladrón, violador, ¡y definitivamente no soy lo último!
¿Pero porqué se sorprendía? Eso ocurría todo el tiempo. A dónde quiera que iba, siempre la gente lo miraba y ya se hacía ideas de él sin necesidad de que abriera siquiera la boca. Para todos no era más que un perdedor, una basura, y sin importar qué hiciera, esa imagen nunca cambiaba, hasta llegar al punto en que ya no le interesaba.
- “Para lo que me importa lo que piensen…” – Pensaba para sí mismo.
Comenzó a desvestirse, retirándose sus botas, su túnica verde, luego la camiseta gris oscura que usaba debajo, quedándose por último únicamente con sus pantalones negros, y entonces se metió a la cama de un salto. Estando recostado boca arriba, con su mirada molesta en el techo, recordaba paso por paso todo lo que había ocurrido ese día. Primero se encontró con aquellos tres asaltantes y aquella chica en el camino, y de alguna forma terminó en una persecución por todo el bosque; eso le ocupó prácticamente toda la mañana. Luego llega, y se encuentra con un ogro real que lo dejó casi molido con todos sus golpes, sólo para rematar que llegara un engreído de armadura a robarse la gloria, y quitarle su recompensa. Ya cuando parecía que no podría pasar nada peor, cae por una pequeña colina hacia el río, se encuentra a una chica inconsciente, y ahora es sospechoso de haberle hecho algo malo. Y todo ese tiempo, aguantando las miradas y comentarios de la gente.
Xyon estaba harto. Había sido un día horrendo, así que lo único que quería era dormir, esperando que para mañana ya pudiera irse sin problema… A viajar de nuevo, a buscar alguna otra recompensa, y seguir con su “divertida” vida habitual. Cerró sus ojos e intentó aclarar su mente. Tardó en poder conciliar al sueño, por todo lo que tenía en la cabeza y por los ruidos de aquella molesta fiesta, pero al final lo logró…
- - - -
Era un día soleado, despejado, y con un clima perfecto. Una relajante brisa soplaba, y mecía lentamente la hierba y las hojas de los árboles. Dos personas caminaban delante de él, cada una cargando una canasta grande, ambas llenas de rábanos y patatas. A la izquierda, una mujer alta, de cabellos rojos, cortos, con una larga túnica marrón, unos pantalones anchos, cafés, y sandalias. A la derecha, una niña, pequeña, que le llegaba a la mujer a la mitad de su brazo, de cabellos también rojos, largos, sujetos con una cola de caballo hacia atrás, con una camiseta gris y una falda café que le cubría hasta los tobillos. Las ropas, manos y rostros de ambas tenían ligeros rastros de tierra.
Él sólo podía verlas por detrás, pero le parecía notar que estaban hablando. Se volteaban a ver, y sus labios se movían, pero él no percibía ningún sonido salir de sus bocas. De hecho, todo a su alrededor estaba en silencio… No había ruido alguno, ninguno…
“No vayan…”
Se dirigían caminando por un sendero de tierra hacia una pequeña choza de madera sobre una colina. La niña lo volteó a ver sobre su hombro, y le sonrió ampliamente. Tenía un rostro inocente y gentil, de piel blanca, aunque estuviera ligeramente manchada en esos momentos. Sus mejillas sonrosaban juventud, y sus ojos eran grandes, azules y hermosos. Ella le dijo algo, su boca se movía, podía verlo con claridad… Pero de nuevo, no pudo escuchar nada…
“No vayan a la casa… No entren…”
La niña pareció reír y se adelantó corriendo hacia la casa. La mujer le gritó algo, ¿qué fue? Fuera lo que fuera, ella no escuchó, y siguió corriendo, más y más rápido hacia esa casa.
“¡No entren ahí!, ¡Deténganse!, ¡no!”
- - - -
Xyon se despertó abruptamente de su sueño, abriendo sus ojos de golpe entre la oscuridad de su habitación. Su respiración estaba muy agitada, y de manera general se le notaba alterado. Intentó tranquilizarse poco a poco mientras miraba atónito al techo sobre él. Una vez más ese mismo sueño, una vez más despertaba a la mitad de la noche por él, siempre antes de que entraran a la casa…
Ya era muy entrada la noche; no se escuchaba ningún ruido provenir del exterior, por lo que la famosa fiesta de seguro ya había terminado. Tardó un par de segundos, pero logró despertar por completo y tranquilizarse. Se talló sus ojos con cuidado con su mano izquierda y entonces intentó sentarse, pero al hacerlo se encontró con cierta oposición. Algo lo presionaba del costado derecho de su cuerpo, ejerciendo cierta fuerza y evitando que se pudiera levantar. ¿Qué era? Se volteó con curiosidad hacia un lado, y se quedó estupefacto al ver de qué se trataba.
Era la misma chica, la que estaba inconsciente en el río, la que había llevado con el Jefe de Caballería y la que había dejado en la habitación de al lado para que durmiera hace algunas horas. Estaba ahí, recostada a su lado sobre el costado izquierdo, con su cuerpo totalmente pegado al suyo, su cabeza en su hombro como si fuera almohada, su mano derecha sobre su pecho, y sus ojos cerrados. Xyon se quedó quieto como estatua sin saber qué hacer, hasta que notó como sus ojos se abrían con cuidado, posiblemente al despertarse por sus movimientos, y alzaba su rostro para voltearlo a ver.
- Elly. – Murmuró ella en voz baja, parpadeando ligeramente.
- ¿Qué demonios haces aquí? – Preguntó en voz baja como si realmente esperara recibir una respuesta, pero en su lugar ella sólo parpadeó de nuevo, sin quitarle los ojos de encima ni apartarse.
Xyon estaba confundido. ¿Se había metido a su cuarto mientras dormía? ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Y lo más importante, ¿qué hacía ahí? Xyon recordó en ese momento lo que habían comentado el doctor y el jefe en la tarde, sobre que ella parecía sentirse relajada y tranquila a su lado… Por alguna razón. ¿Sería posible que tal vez se haya sentido asustada al estar sola en su cuarto y por eso había ido al de él?
Sin importar la excusa o motivo que fuera, por donde lo viera la situación no se veía nada favorable. Ya era suficiente con que el Jefe creyera que había hecho algo malo como para que ahora le diera pruebas de ello.
- Si esa tipa te ve en mi cuarto armará un escándalo. – Mencionó mientras intentaba hacer que los dos se levantaran. – Anda, te llevaré a tu cuarto…
Sin embargo, justo cuando hizo el primer intento, sintió como ella, no sólo se oponía, sino que colocaba sus manos contra sus hombros y lo empuja con fuerza contra la cama, haciendo que quedara completamente recostado de golpe. Confundido y sin entender que había pasado, sintió como ella ahora se encontraba sobre él de pronto, sentada sobre su abdomen, y con sus manos contra sus hombros, sujetándolo con fuerza.
- ¿Qué? O… Oye… – Xyon intentaba decir algo, pero le era difícil salir de la confusión. – ¡¿Pero qué crees que estás… haciendo…?!
Sin pensarlo intentó hacerla a un lado, pero para su sorpresa no era capaz de moverla, ni apartarla, ni siquiera de hacer que lo soltara aunque usara todas sus fuerzas. Ella seguía sujetándolo, evitando que se moviera.
- ¡¿Por qué eres tan fuerte de pronto?! ¿Qué te…?
Volteó en ese momento a verla con enojo, pero se quedó quieto al echarle un vistazo a su rostro. Algo le ocurría. Sus cabellos caían hacia abajo, casi escondiéndola, pero podía ver como tenía sus ojos cristalinos puestos fijamente en el él. Estos se veían temblorosos, acuosos, y todo su semblante parecía cubierto de cierta melancolía. Mientras la admiraba, sintió como una pequeña gota de líquido tocaba su mejilla, seguida de otra… Eran lágrimas. Estaba llorando, estaba llorando sobre él, y sus lágrimas le tocaban ligeramente su rostro cono rocíos.
- ¿Estás llorando? – Murmuró en voz baja, soltándola con cuidado. – ¿Por qué?, ¿qué es lo que tienes?
Ella no respondió, ni siquiera pronunció un “Elly”. Simplemente se quedó quieta, callada, sólo soltando unos pequeños sollozos, sin quitarle los ojos de encima. De pronto, sin que él pudiera verlo venir siquiera, ella cerró sus ojos y se le acercó rápidamente, dirigiendo su rostro sin espera contra el suyo, uniendo sus labios en un sorpresivo y dulce beso. Xyon se quedó hecho piedra sin poder moverse, quedándose con sus ojos totalmente abiertos, sintiendo como ella lo besaba con mucha lentitud sin soltarlo de los hombros. ¿Qué demonios estaba pasando?
Luego de un par de segundos, se apartó lentamente de él, pero sólo unos cuantos centímetros, y entonces volvió a abrir sus ojos, mirándolo a él fijamente a los suyos, mientras respiraba lentamente sobre su rostro. Xyon no estaba seguro de cómo reaccionar.
- ¿Qué… fue… eso...? – Murmuró en voz baja sin lograr salir de su asombro. – ¿Por qué hiciste eso…?
De nuevo no hubo respuesta. Sólo más sollozos de su parte. Ligeras lágrimas recorrían sus mejillas y caían delicadamente en el rostro o pecho del caza recompensas. Esto estaba llevando el “sentirse”cómoda con él a otro nivel.
De pronto, Xyon sintió que ella se alzaba y se sentaba de nuevo en su vientre. Dirigió entonces sus manos a su espalda, y él sólo fue capaz de oír cómo se bajaba ella misma el cierre trasero del vestido negro que traía. Luego, lo deslizó delicadamente por sus hombros y brazos, hasta retirárselo de la parte superior, dejando al descubierto su cuerpo de la cintura para arriba, mientras la falda del vestido seguía cubriéndole sus piernas.
- ¡¿Qué?! – Exclamó atónito el chico, intentando alzarse, pero no era capaz de moverse por completo.
Para ese entonces sus ojos se habían acostumbrado a la perfección a la oscuridad, por lo que era capaz de ver, una vez más, el torso desnudo de aquella extraña. Pero entre las sombras, la escasa luz que entraba por las delgadas cortinas parecía enmarcar de forma hermosa su delgada y delicada figura. Su piel brillaba un poco por el delicado toque de los rayos de luna, y su busto se movía lentamente hacia arriba y hacia abajo por los movimientos de su pausada respiración. Su rostro se ruborizó ligeramente, mientras seguía viéndolo con sus ojos cristalinos y temblantes.
- Oye… No… No sé qué crees que estás haciendo, pero evidentemente estás… más loca de lo que creía. – Intentaba decir el chico de cabellos naranjas, aunque no podía evitar tartamudear un poco, o turnar su mirada entre su rostro y su cuerpo. – Lo mejor será… que…. Tú….
Ella no pareció hacerle caso a sus palabras y se inclinó hacía él con delicadeza, colocando sus manos sobre sus hombros, y pegando su cuerpo al suyo, haciendo que sus pieles se rozaran un poco. Ese contacto cálido de piel con piel pareció dejar desarmado al caza recompensas. Sus rostros estaban de nuevo muy cerca, y ella exhalaba ligeramente su aliento sobre sus labios.
- Elly… Quiero… - Pronunció en voz baja de pronto, tomándolo totalmente por sorpresa; había dicho otra palabra. Pero más importante que eso, ¿acaso estaba insinuando que…?
- Esto… Tiene que ser… un sueño…
Sin oportunidad aparente de poder negarse, y sin tener tampoco la capacidad de poder pensar mejor las cosas, la mente de Xyon pareció apartarse, y su cuerpo se relajó y se dejó llevar. Dejó que ella lo volviera a recostar en la cama, y volviera a besarlo de la misma forma que antes, mientras la hermosa luna llena se asomaba de manera indiscreta por la separación entre las cortinas de la ventana, siendo la única testigo de lo que ocurrió en aquel cuarto…
- - - -
Y el día siguiente llegó, y cómo todas las mañanas, Nora era la primera en levantarse y estar lista en la posada Mawa. El restaurante abriría hasta dentro de un par de horas, tiempo suficiente para que limpiaran un poco las mesas, que no habían quedado del todo limpias luego de tan extensa y larga fiesta de la noche anterior. Había sido divertido y bueno para todos celebrar, pero era hora de volver a la vida normal, y aprovechar la nueva libertad que habían recuperado.
Nora estaba limpiando las mesas, en espera de que llegara el resto de sus compañeras. Sin embargo, fue interrumpida al escuchar que alguien llamaba a la puerta de entrada. Al girarse hacia ella, pudo ver a través del cristal que se trataba ni más ni menos que el Jefe de Caballería Connor en persona, vestido ya para esas horas con su armadura, como todo un gran caballero.
- Qué sorpresa, jefe. – Comentó mientras caminaba hacia la puerta y le quitaba el seguro para poder dejarlo pasar. – Pero aún no abrimos.
- Buenos días, Nora. – Saludó el hombre de baja estatura, entrando al establecimiento. – Me temo que no soy un cliente en esta ocasión. Vengo a ver a la chica del río. Ella y el tipo de cabello puntiagudo vinieron aquí ayer, ¿no?
- ¿La que no puede hablar? Sí, le di a cada uno una habitación anoche. ¿Entonces la historia que me contó ese sujeto era cierta? Llegué a pensar que se la había inventado.
- Yo aún no estoy muy seguro de que no sea así. Cómo sea, ¿me llevas con ella?
De inmediato Nora guió al Jefe hacia el segundo piso, y luego hacia la habitación que le había dado a aquella chica. Toda la posada estaba en silencio; los pocos clientes que había en los cuartos de seguro seguían dormidos.
- Buenos días, ¿estás despierta? – Pronunció la mesera mientras llamaba a la puerta del cuarto. Esperó unos cuantos segundos, pero no recibió ninguna respuesta, por lo que volvió a tocar. – Oye, ¿Estás bien? El Jefe vino a buscarte.
Una vez más sólo se percibía absoluto silencio y quietud del interior del cuarto. No esperaba que le dijera algo, pues ayer quedó muy claro que no podía hablar bien, pero un “Elly” o algún otro sonido hubieran bastado. ¿Estaría aún dormida?
Sin espera, Nora, sacó su mazo de llaves y buscó la de dicho cuarto para abrirlo y poder entrar. Lo primero que vieron sus ojos al abrir la puerta, fue la cama individual del cuarto, no sólo completamente vacía, sino además tendida como si no hubiera sido usada en toda la noche. Y lo más importante: ni rastro alguno de la ella.
- ¡No está aquí! – Exclamó sorprendida.
- ¡¿Qué?!
Connor entró rápidamente al cuarto y lo inspeccionó de un lado a otro con la vista. No parecía que hubiera habido alguien ahí en mucho tiempo. ¿A dónde podría haber ido?
- ¿Dónde está aquel sujeto? – Preguntó apresurado.
Nora se sobresaltó ligeramente y entonces salió corriendo del cuarto hacia la puerta justo enfrente de éste, al otro lado del pasillo, llamando a la puerta con sus nudillos repetidamente.
- Oye, ¡despierta! – Gritó con fuerza, pero en esta ocasión ni siquiera esperó una respuesta. De inmediato introdujo la llave en la ranura y abrió la puerta de par en par de un sólo empujón. – ¡La chica no… está…!
Nora se quedó quieta y en silencio en el marco de la puerta, viendo fijamente y totalmente atónita la imagen frente a ella, la que se suscitaba justamente en la cama. A diferencia que en el otro cuarto, aquí la cama no estaba vacía si no todo lo contrario. El Caza Recompensas, y aquella chica que había llegado con él, los dos estaban recostados, debajo de las sabanas de la cama, cubiertos casi por completo, pero aún así sus hombros y brazos y descubiertos hacían suponer en qué estado se encontraban debajo de los tendidos. Ambos parecían aún dormidos, él recostado boca arriba, y ella a su lado, con su cabeza apoyada en su hombro como almohada.
Eso tenía que ser una broma…
Xyon pareció empezar a reaccionar por todo el alborotó y poco a poco a despertarse. Dirigió su mano izquierda a sus ojos empezando a tallárselos y entonces dirigió su vista a la puerta. Su vista nublosa se fue aclarando, hasta que logró ver con claridad a la mesera y al jefe, parados en la puerta, totalmente quietos y pasmados, mirándolo fijamente con sus ojos totalmente abiertos.
Él estaba por preguntarles qué hacían en su cuarto, pero antes de ello recordó en parte lo que había ocurrido esa noche… Y lo que estaba ocurriendo en ese momento. Rápidamente se viró hacia su derecha, mirando a aquella chica recostada a su lado de manera tan cómoda… ¿Mientras esos dos en la puerta los miraban? La mente de Xyon se tensó de golpe.
- ¡Ah!, ¡Esperen! – Exclamó con fuerza, sentándose en la cama y extendiendo una mano hacia ellos. – ¡No es lo que parece!
Sus gritos y movimientos terminaron por despertar a su acompañante, la cual también se talló con delicadeza los ojos, y también se sentó delicadamente en la cama, revelando de esa forma que, en efecto, ambos estaban desnudos…
- ¿Elly? – Murmuró ella algo adormilada, inclinando su cabeza hacia un lado, sin entender muy bien qué ocurría.
La mirada de Nora se fue cubriendo de enojo e ira poco a poco. Su mente se llenó de inmediato de ideas e imágenes, y todas iban encaminadas a lo que muy seguramente ese sujeto había hecho. Sus puños se apretaron con fuerza, hasta casi atravesar su palma con sus dedos, y entonces se le lanzó encima como fiera salvaje.
- ¡¡Maldito Degenerado!! – Gritó con todas sus fuerza, al tiempo que le lanzaba un puñetazo directo a su rostro, mismo que él no fue capaz de esquivar por lo sorpresivo de éste, y también por su estado actual.
El golpe lo empujó hacia atrás, haciendo que luego su cabeza de golpeara contra la cabecera y terminara prácticamente semiinconsciente a punto de caerse de la cama.
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- ¡Por última vez! – Gritaba con fuerza el caza recompensas. – ¡No hice lo que creen que hice!
Xyon se encontraba ahora vestido únicamente con su ropa interior, que eran unos bóxers de color negro. Estaba sentado en el suelo, y todo su torso y brazos estaban sujetos por la gruesa cuerda que le habían puesto alrededor para amarrarlo y que no se moviera. La situación se había complicado demasiado. Ambos habían entrado de pronto y al ver a ambos acostados en su cama, aparentemente desnudos… Bueno, ambos al parecer habían hecho sus conclusiones.
La chica, por su parte, ya estaba de nuevo vestida con el vestido negro que Connor le había dado, sentada en la cama, mirando a todos de un lado a otro sin comprender bien qué ocurría.
- Lo supe desde la primera vez que te vi. – Pronunció el Jefe, estando parado enfrente de él. – Sabía que no eras más que un sucio criminal, pero no puedo creer que te hayas atrevido a tanto. Todo es mi culpa por haberte dejado a solas con ella.
- ¡No es así! Con un demonio, ¡las cosas no fueron así!
- ¡No mientas! – Exclamó Nora rápidamente, parándose a lado de Connor. – ¡¿Qué hacían los dos dormidos en tu cama, desnudos?!
- ¡Bueno pues…! – El chico pareció muy dispuesto a explicarlo, pero luego se detuvo y se volteó hacia otro lado con pena. Su rostro se sonrojó ligeramente. – Bueno, ella y yo… hicimos… bueno, ya sabes…
- ¡Oh por Gaia! – Gritó espantada la mesera, cubriéndose su rostro con sus manos.
- ¡Pero con consentimiento! Ella entró a mi cuarto en la noche y quiso hacerlo, ¡prácticamente ella fue la que se aprovechó a mí!
- ¿Cómo esperas que te creamos eso? – Comentó Connor. – Es obvio que esta chica no está bien de sus facultades, por lo tanto no es posible que haya “consentido” algo como eso.
Xyon abrió su boca para contestar, pero una vez más se quedó con las palabras en la boca. No se le ocurría algo lo suficientemente inteligente para refutar dicha afirmación…
- Bueno, eso es cierto... ¡Pero así fue! – Se viró en ese momento casi con suplica hacia la extraña. – ¡Díselos!, ¡vamos!
La chica lo miró fijamente, parpadeando ligeramente, pero luego asintió con su cabeza y empezó a hablar mientras movía sus manos de un lado a otro.
- ¡Elly Elly!, ¡Elly Elly! Elly…
Xyon se quedó petrificado. ¿Se había olvidado de que esa chica no podía hablar? Por lo tanto, era imposible que les explicara lo que había sucedido; estaba perdido.
- Me lleva la… - Murmuró entre dientes volteándose a otro lado, aunque la última palabra fue inaudible para todos.
- Basta de contentarías. – Añadió Connor, tomándolo de un brazo y haciendo que se pusiera de pie de un solo jalón. – Pasaras la noche en una celda, jovencito.
- ¡Esperen un momento!
Xyon no estaba dispuesto a ir a la cárcel, y mucho menos por algo que no había hecho… Aunque si lo había hecho, pero no precisamente lo que ellos creían. Intentó forcejear, y hasta estaba dispuesto a patear a Connor o tomar su espada con los dientes si era necesario. Sin embargo, algo provocó que el ambiente cambiara abruptamente.
Un sonido intenso proveniente de afuera llamó la atención de todos. Era como una explosión, o el sonido de algo rompiéndose. Luego, dicho sonido fue seguido de otro, y de un tercero, y luego por los gritos distantes de algunas personas.
- ¿Qué fue eso? – Preguntó con preocupación Connor, y entonces se dirigió corriendo a la puerta. – ¡Tú no te muevas de aquí!, ¡qué no salga por nada!
Y entonces se fue, dejando al caza recompensas atado solo con las dos chicas, que también parecían desconcertados por aquellos ruidos.
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Connor salió corriendo a toda velocidad de la posada. Una columna de humo oscuro se alzaba a lo lejos por encima de los edificios, y algunas personas corrían por la plaza con miedo. Dos guardias de armadura gris se dirigieron rápidamente hacia él, ambos armados con una lanza.
- ¡¿Qué está pasando?!, ¿qué es todo este alboroto?
- ¡Jefe Connor!, ¡están atacando el pueblo! – Informó de inmediato uno de ellos, notándosele cierto miedo en su rostro.
- ¡¿Qué?! ¡¿Pero quién?!, ¡¿el Ogro volvió?!
- No, Jefe. – Contestó el otro. De pronto se vio algo dudoso de responder a su pregunta por completo, y se viró hacia otro lado, intentando encontrar las palabras adecuadas. – No es el ogro… Son… Son…
Connor lo miró confundido sin entender.
- - - -
Dentro de la posada, Xyon y las dos chicas seguían escuchando todos los ruidos que provenían de afuera, y cada uno parecía tener una reacción diferente. Curiosamente, parecía que la más afectada en esa habitación era la joven que no podía hablar, que seguía sentada en la cama, mirando hacia la ventana con cierto miedo en su expresión, pero sin moverse. Nora pensó que muy seguramente en su estado actual era normal que algo así la afectara, pero no podía pensar mucho en ello pues ella misma se veía muy preocupada. Se acercó lentamente a la ventana para echar un vistazo, pero sólo veía a la gente correr. Xyon, por su parte, más que preocupado parecía curioso. Con algo de problemas, pues no podía usar sus manos, se puso de pie y caminó hacia la ventana también, asomándose.
- ¿Qué demonios pasa ahí afuera? – Preguntó parado a lado de Nora, la cual se sobresaltó asustada pues no había sentido que se le acercaba.
- ¡Oye!, ¡el jefe dijo que no te movieras!
- ¿Y tú eres mi guardia o qué? Sólo voy a ver qué… está… - Xyon se calló de golpe, mientras sus ojos se abrían por completo, mirando pasmado una extraña imagen que se suscitaba debajo de él. – ¿Pasando? ¿Pero qué demonios es eso?
La chica de negro se sobresaltó al oír esas palabras desde la cama, y miraba la espalda de ambos totalmente atónita, a pesar de que ella no estaba viendo por la ventana. ¿Acaso sabía que era lo que había afuera?
Nora también volteó a ver hacia donde Xyon veía, intentando ver qué era lo que le hacía hacer esa pregunta, y... De hecho no tardó mucho en darse cuenta, y su reacción fue casi la misma.
- ¿Acaso esos son… Osos de Peluche?
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La escena de afuera sólo podía ser descrita como “extraña”. Lo que atacaba el pueblo no era el ogro, no eran ladrones o saqueadores, sino unas raras criaturas, alrededor de cincuenta de ellas, que tenían forma de… Osos de Peluche, de cómo dos metros o más cada uno, de colores cafés, negros y blancos, ojos grandes y cristalinos, y amplias, y de cierta forma aterradoras, sonrisas. Algunos incluso tenían corbatas de moño o sobreritos como adornos, y a simple vista podrían lucir “lindos” para algunos. Sin embargo, se encontraban marchando por el pueblo, abriendo sus bocas y lanzando de éstas extraños rayos de energía rojos que golpeaban los edificios que encontraban a su paso para que no les estorbaran. Algunos incluso parecían tener enormes espadas pegadas a sus garras sin dedos, con las que rompían puertas y entraban a las casas, prácticamente poniéndolas patas arriba. No atacaban a las personas en sí, sino que parecían estar buscando algo…
Los guardias del pueblo de inmediato se dispusieron a defenderlo, y sin espera empezaron a atacar a las extrañas criaturas, sin importarles su apariencia. Se pusieron en la cima de los edificios y les arrojaron sus flechas con sus arcos, pero éstas no surtieron efecto. La mayoría rebotaban en sus cuerpos sin dañarlos, mientras que otras lograban encajarse, pero aún así ellos seguían andando como si nada hubiera pasado. Algunos intentaron apuñalarlos con sus lanzas, pero los Osos los empujaban con sus zarpas con fuerza, haciéndolos a un lado y dejándolos fuera de combate antes de poder intentarlo siquiera. Parecían imparables.
- ¡Ataquen!, ¡No los dejen avanzar más! – Ordenaba con fuerza el Jefe Connor, mientras él y algunos guardias creaban barrera en la plaza para cortarles el camino.
Los osos caminaban unos detrás de otros en línea recta, como si fueran un gran ejército disciplinado y entrenado. Toda la gente huía de ellos, se hacían a un lado o se escondían. Seguían registrando casa por casa con insistencia.
- ¡Nuestras armas no los afectan!, ¿qué son? – Preguntó asustado uno de los soldados.
- ¡Debes de ser demonios!, ¡demonios de verdad! – Agregó otro. – Primero aquel horrible ogro, ¡¿y ahora esto?!
Connor también se encontraba muy confundido y consternado. No tenía ni la menor idea de que eran esas criaturas tan extrañas, pero era evidente que no habían llegado con buenas intenciones. ¿Pero qué era lo que querían y porque lo buscaban ahí?
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- ¿Qué son esas cosas? – Murmuró en voz baja Nora, mientras miraba todo atónita desde la ventana.
Al principio pensó que era algún tipo de espectáculo o desfile, pero en cuanto los vio destruir casas y a la gente corriendo de miedo, le pareció más que obvio que eso era algún tipo de ataque… ¿pero de osos de peluche gigantes?
- Sí, ahora lo entiendo. – Escuchó que Xyon pronunciaba de pronto mientras se quitaba de la ventana, se volvía a sentar en el suelo y comenzaba a reír divertido. – La chica extraña desnuda en el río, que luego se metió en mi cama a seducirme, y ahora yo estoy amarrado en ropa interior, y osos de peluche gigantes están atacando el pueblo, claro, eso lo explica todo.… ¡Todo esto no es más que un absurdo sueño!
- ¿Eh? – Exclamó confusa la mesera.
- Sabía que toda esta experiencia tan horrible y extraña no podía ser real. Debí de haberlo sabido antes. De seguro me golpee la cabeza ayer cuando me resbalé en el camino, y ahora estoy delirando moribundo a la orilla del río. O quién sabe, tal vez el Ogro si me mató en la cueva y ahora estoy en algún tipo de infierno… ¡Gracias Gaia!, ¡me alegra ver que te diviertes conmigo incluso después de muerto!
- ¡Qué sueño, infierno ni que nada!, ¡esto es real!
Pero de cierta forma no podía culparlo de que sacara una conclusión como esa, aunque fuera tan absurda. Después de todo, la situación en sí parecía absurda. ¿Qué era lo que estaba pasando?
Mientras estos dos estaban en la ventana, la chica de cabello corto había estado todo ese tiempo en la cama, mirando hacia el suelo en silencio, totalmente concentrada en algo. Sus ojos parecían temblar ligeramente, mientras sus manos se apretaban sobre la falda que cubría sus piernas. ¿En qué pensaba?, ¿qué era lo que la atormentaba tanto? Los gritos y sonidos de afuera seguían sonando uno tras otro, y parecían una tortura para ella.
De pronto, su expresión pareció cambiar y tornarse más decidida y firme. Sin previo aviso, se puso de pie abruptamente y se dirigió corriendo a la puerta a toda velocidad, saliendo del cuarto.
- ¡Espera!, ¿a dónde vas? – Gritó Nora al verla salir de esa forma.
- Oye chica de mi sueño, ¡vuelva acá! – Agregó también Xyon. – ¿Qué piensas hacer?, ¿vas a huir luego de meterme en todo este embrollo?, ¡si te atreves a hacer eso te juro que te encontraré y te mataré!
Molesto, y al parecer sin estar aún del todo convencido de que la situación fuera real, empezó a patalear en el suelo. Pero ninguno de sus gritos fue oído por ella.
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Los guardias peleaban contra los osos en la plaza, intentando hacerlos retroceder, pero no eran capaces de hacerles el menor daño, y ellos los golpeaban y empujaban como muñecos de trapo. Los soldados fueron los que comenzaron a retroceder; sólo quedaban menos de veinte de pie.
- Jefe Connor, no podemos hacerles nada. – Murmuró aterrorizado uno de ellos, mirando como los osos se les acercaban paso a paso. – ¿Qué hacemos ahora?
Connor respiraba con agitación, sostenía su espada con sus dos manos temblorosas, y miraba con seriedad al frente. ¿Qué hacer ahora?, ¿cómo enfrentar a un enemigo al que no podías detener? Justo cuando pensaban que al fin podrían tener una vida tranquila, ocurría esto… Su amado pueblo estaba siendo destruido por unos estúpidos osos gigantes.
- No sé qué es lo que quieran. – Murmuró en voz baja mientras apretaba el mango de su espada con fuerza. – Pero no lo tendrán sin luchar. ¡Adelante!
Sin miedo, el Jefe de Caballería se lanzó al frente con fiereza, y sus hombres lo siguieron por detrás. Todos se dirigieron al choque directo con el enemigo, mientras estos no dejaban de avanzar. El Oso que estaba hasta más adelante, uno de color blanco y negro, abrió su boca por completo al ver como se le acercaban, y una esfera de de energía roja comenzó a formarse en su hocico, preparándose para atacar…
- ¡¡Elly!! – Se escuchó cómo alguien gritaba con fuerza, y de la nada, se vio como alguien descendía desde las alturas luego de dar un salto, dirigiéndose de golpe en contra de aquel oso.
Ante los ojos incrédulos de los soldados, una persona de vestido negro cayó en picada hacia el oso, girando sobre sí misma con rapidez hasta chocar sus dos pies con fuerza contra su cabeza, lanzándolo hacia un lado hasta hacerlo chocar contra el suelo. La atacante dio una maroma en el aire, cayendo de pie en el suelo y luego alejándose de un salto hasta colocarse frente a los soldados, dándoles la espalda.
Connor la había reconocido en cuanto la vio golpear al oso. Era la chica del río, la que usaba el vestido de su hija.
- Niña, vete de aquí, ¡rápido! – Le indicó abruptamente el Jefe. – Vuelve a la posada, ¡anda!
Ella lo volteó a ver sobre su hombro de reojo, pero de inmediato volvió al frente. Los osos seguían avanzando, y el oso que había tirada se estaba alzando. Sus ojos en esos momentos eran diferentes. Reflejaban una gran dureza y fuerza. Sin espera, flexionó sus rodillas un poco y entonces se lanzó al frente con rapidez como un animal salvaje al ataque.
- ¡No!, ¡espera!
Uno de los osos, completamente negro, alzó su brazo derecho, en el que sostenía una espada y rápidamente lo bajó directo hacia ella cuando ya estaba lo suficientemente cerca. La extraña no se intimido, no se detuvo ni se movió siquiera. Al contrario, alzó su brazo izquierdo, colocándolo como escudó entre ella y la espada. Para todos pareciera que eso era una locura y que terminaría, no sólo con su brazo cortado, sino todo su cuerpo. Pero, para sorpresa de todos, el brazo de la chica comenzó a brillar, cubriéndose de una luz roja, y comenzó a cambiar de forma en un parpadeo. Cuando la espada del oso chocó contra él, éste lo detuvo por completo, haciendo que ella no se moviera de su lugar ni un centímetro. Su brazo, desde un poco por arriba del codo hasta la punta de sus dedos, parecía haber desaparecido y sido remplazado por la larga hoja de acero de una espada, de color negro, pero brillante y reluciente, con diferentes grabados en ella. Los soldados se quedaron atónitos al ver esto.
La chica hizo la espada del oso a un lado, y rápidamente se alzó en el aire de un salto, colocándose a unos centímetros por encima de la cabeza del oso. Extendió su brazo derecho a un lado, y éste pasó por el mismo proceso que el otro, cambiando de forma a la de una hoja de acero. Giró su cuerpo con rapidez, y las dos hojas de sus brazos golpearon al oso justo el cuello, cortándolo con los dos tajos y haciendo que la cabeza del oso saliera volando por el aire. Dentro de la cabeza y el cuerpo de aquel ser, no había sangre como la de un ser vivo, tampoco felpa como la de un oso de peluche real, sino… En realidad no sabían bien que era. Parecía metal, piezas extrañas, como los engranes de un reloj de cuerda, pero parecía mucho más complicado que eso.
El oso siguió moviéndose aún sin cabeza, agitando sus brazos al azar en el aire. Su atacante los esquivaba y luego le dio una patada con fuerza en el pecho, empujándolo hacia atrás, y haciendo que golpeara a varios otros como un proyectil.
- ¡¿Vio eso, Jefe?! – Exclamó sorprendido uno de los guardias, viendo la escena tan increíble ante ellos.
- ¡Esa chica logró dañar a esos osos! – Agregó otro. – ¡¿Quién es?!
Connor también estaba anonadado ante la escena. Ninguno de ellos había podido hacerles ningún daño, y ella acababa de acabar con uno y de derribar a otros más. Esa fuerza no era normal… Y además, ¿qué le había pasado a sus brazos? De la nada se habían transformado en dos largas espadas. ¿Qué tipo de magia era esa?
En ese momento notaron que todos los osos se habían detenido, y quedado quietos, mirando fijamente a la chica ante ellos, casi como si vieran algo fascinante. Ella estaba parada con firmeza, colocando sus brazos en posición como si usara dos espadas realmente, y miraba a cada uno de ellos constantemente. Los ojos de todos los osos comenzaron a brillar, sus bocas se abrieron, y de ellas surgieron varios sonidos extraños, como gritos o risas, o ambas cosas a la vez. La extraña agudizó su mirada, y se preparó, pues al parecer sabía que era lo que seguía. Todos los osos se le lanzaron encima como una manada salvaje. Ella se movió con rapidez, esquivándolos, saltando sobre ellos, e incluso parándose sobre la cabeza de uno para luego pasarse a otro, provocando que se atacaran entre ellos. Cubría ataques con sus espadas, e intentaba contraatacar con fuerza luego de ello.
Parecía una máquina de combate imparable. En todos sus años de servicio, Connor jamás había visto a alguien pelear de esa forma. No eran las habilidades de una humana… De eso estaba seguro…
Los osos la rodearon de pronto. Adónde quiera que se volteara, había uno de ellos, mirándola fijamente de manera amenazante; parecía que la tenían acorralada. Todos se le lanzaron encima al mismo tiempo, y ante los ojos de todos los testigos la habían aplastado con sus cuerpos. Sin embargo, un segundo después divisaron como una silueta oscura se elevaba con gran velocidad hacia el cielo, alejándose del gran bulto de enemigos debajo. La chica de cabellos negros y cortos se había elevado hasta lo más alto, quedando suspendida en el aire frente al sol, con su silueta delineada por la luz de éste a sus espaldas. Pero su imagen estaba diferente, algo había cambiado en ella…
Todos los guardias, y el resto de las personas cercanas, abrieron sus ojos de golpe al ver esa figura, y se quedaron paralizados ante ella. La chica volvió a descender de golpe, pero se detuvo abruptamente a unos cuantos centímetros del suelo, con sus pies flotando separados de éste. De su espalda, habían surgido dos grandes figuras que se alzaban hacia atrás, alargadas, a simple vista hechas de algún material metálico, y pequeñas luces de color rojo emanaban de ellas como luciérnagas. Esos dos objetos, tenían formas de…
- ¿Alas…? – Murmuró atónito Connor, sin poder entender la imagen que se alzaba ante él y sus hombres.
Alas, dos grandes alas como las de un ave, pero hechas de acero, parecían haber surgido de su espalda, algo que nadie en ese sitio había visto antes…
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- ¿Qué es eso? – Fue lo único que logró decir Nora, que en todo ese tiempo había estado totalmente atónita, viendo aquella pelea por la ventana del cuarto al igual que Xyon. – ¿Viste como peleó contra ellos como si nada? ¿Y qué son esas alas? Se ve realmente hermosa… Como un Ángel…
- ¿Un ángel? – Susurró en voz baja el caza recompensas como respuesta, sin ser capaz de apartar sus ojos.
Según las leyendas que había oído, los ángeles eran seres sagrados, hijos de Gaia, que poseían una gran hermosura, y alas como de aves que se alzaban desde su espalda. ¿Eso era ella?, ¿era uno de esos ángeles de la leyenda? Pero esas alas no parecían normales. Parecían estar hechas de acero, como las hojas de las espadas o lanzas. Eran oscuras, no blancas como las que se suponía debía tener uno de eso seres “sagrados”. ¿Y sus brazos como espadas? Había algo más en eso. ¿Quién demonios era esa chica realmente?
- Oye. – Pronunció de golpe, llamando la atención de Nora, y luego se dio la vuelta, dándole la espalda. – ¡Libérame de esta cuerda y dame mi espada!
- ¿Qué? Claro que no, el jefe dijo que…
- ¡Al diablo con el jefe! ¿Recuerdas lo que te dije ayer?, ¿qué podía derrotar cualquier enemigo con tan sólo mi espada? Pues no eran habladurías, y ya viste que las espadas de esa chica si afecta a esos osos, así que la mía también debe de lograrlo. ¡Anda!, ¡apúrate! ¡¿Qué quieres que la lastimen?!
Nora dudo sobre qué hacer. ¿Podía confiar en él? Su instinto le decía que iba a aprovechar la confusión de todo ese asunto e iba a huir. Pero era cierto que ayer había demostrado ser algo hábil, y podría ser de ayuda. ¿Qué hacer?
- ¡¿Qué estás esperando?! – Gritó con fuerza de golpe, haciéndola sobresaltarse un poco.
- ¡De acuerdo!, ¡pero no te atrevas a escapar!, ¿oíste?
Rápidamente lo desató, y la cuerda cayó. Una vez libre, lo primero que hizo el caza recompensas fue dirigirse a su espada enfundada, recargada a lado de la cama, y tomarla para luego volver a la ventana. Se tomó unos cuantos segundos para analizar la situación afuera, y luego la abrió para saltar sin el menor reparo hacia el exterior ante los ojos sorprendidos de la mesera.
- ¡Oye!, ¡al menos ponte unos pantalones! – Le gritó mientras saltaba, haciendo referencia a que se encontraba vestido únicamente por su ropa interior en esos momentos.
- ¡No hay tiempo! – Le contestó mientras descendía hacia tierra firme.
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Los osos tenían rodeada a la chica de las alas de acero, y uno a uno se le lanzaban encima desde todas direcciones. Ella rápidamente los repelía, a uno después del otro, pateándolos, golpeándolos con sus espadas, a algunos cortándolos y a otros esquivándolos, Sus movimientos eran impresionantes. Rápidos, precisos, pareciera que ninguno de ellos pudiera tocarla por sorpresa, y el estar suspendida en el aire parecía darle más libertad para ello. Lo único que se veía eran osos, o partes de osos volando por los aires. Sin embargo, seguían siendo muchos, y parecía estarse cansado.
De pronto, sintió que algo le tapa el sol sobre ella y miró por el rabillo del ojo que algo estaba suspendido. Su reacción defensiva indicaba que creía que era un oso que había saltado para atacarla, por lo que rápidamente alzo su mirada y su brazo derecho para defenderse. Sin embargo, para su sorpresa, no era un oso...
Xyon, vestido únicamente por su ropa interior, se había elevado de un largo salto sobre ellos. Sujetaba en su mano izquierda su espada enfundada.
- ¡Llegaron en muy mal momento, demonios osos! – Gritó con fuerza estando suspendido en el aire para luego descender abruptamente hacia ellos. – ¡Me han pasado tantas cosas malas que no saben las ganas que tengo de cortar algo!
Mientras descendía a toda velocidad, desenvainó en un parpadeó su espada y dirigió la punta directo hacia la cabeza de uno de los osos, cayendo con ella y clavándola hasta introducir más o menos un cuarto de la hoja. El oso se tambaleó hacia atrás y hacia adelante, y tiró algunos golpes al azar, incluso golpeando a algunos de los otros osos que lo rodeaban. Rápidamente Xyon sacó su espada y de un salto se bajó de su cabeza, cayendo a tierra cerca de la joven de negro, la cual se le quedó viendo confundida.
- Oye tú. – Comentó con dureza, volteándola a ver sobre su hombro. – Me debes un par de explicaciones luego de esto.
- ¿Elly?
- ¿Quién es ese otro sujeto? – Preguntó extrañado uno de los soldados.
- ¿Y por qué está en ropa interior? – Agregó otro en el mismo estado.
Xyon volvió su vista de nuevo a los enemigos y analizó rápidamente lo que había visto desde la ventana y lo que acababa de hacer hace unos segundos. Con ese primer ataque había podido comprobar que en efecto esos osos eran resistentes y fuertes, y por eso las lanzas y flechas de los soldados no los detenían. De no haber sido por la ayuda de la gravedad al caer, tal vez no hubiera podido atravesarle la cabeza a ese con su espada. Sin embargo, al ver pelear a esa chica se había dado cuenta de algo.
Sin espera, tomó su arma con fuerza y se lanzó al frente a toda velocidad. De inmediato uno de los osos alzó su brazo para golpearlo, pero Xyon lo esquivó haciéndose a un lado y luego saltó con fuerza, blandiendo su espada contra la axila y hombro de aquel oso. El filo de su arma lo atravesó de lado a lado y el brazo del oso cayó al suelo como piedra. De nuevo, se veían más objetos mecánicos y engranes dentro de éste como los había en aquel al que la extraña le había cortado la cabeza.
- Lo sabía. – Exclamó confiado el caza recompensas y luego se lanzó contra otro más, atacando a la altura de su ingle derecha, cortándole ahora su pierna y haciendo que cayera y tumbara a otros más.
Connor se sorprendió al ver esto, pero pareció entender de inmediato que ocurría. Ese tipo no era tan tonto después de todo.
- ¡Rápido!, ¡todos! – Gritó con todas sus fuerzas, llamando la atención e sus hombres. – ¡Estos osos son vulnerables en las uniones de su cuerpo y sus extremidades!, ¡ataques sus axilas, sus ingles, sus cuellos!
Los soldados no parecieron entender al principio, pero luego se dieron cuenta de lo que decía. Esos dos sujetos que peleaban con los os delante de ellos, los atacaban justo en esas partes que les indicó Connor, y los podían dañar de esa forma. Esa revelación pareció animar y entusiasmar a los hombres y de inmediato gritaron en fuerza, alzaron sus espadas y lanzas, y se dirigieron como fieras contra sus enemigos, comenzando atacarlos justo como habían dicho, golpeando con fuerza esas áreas vulnerables, intentando repelerlos. A pesar de su ímpetu, los osos repelían la mayoría de sus ataques, pero aún así lograban hacerles algo de daño, el suficiente para que alguno de ellos dos les diera el golpe de gracia.
La chica de vestido negro miró sorprendida toda esa escena, pero luego una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. Sin espera volvió al ataque, y de un segundo a otro, todos estaban luchando hombro con hombro contra esos invasores.
Comenzaron a cortarles sus brazos, sus piernas, sus cabezas, hasta que quedaron un poco menos de la mitad de ellos. En ese momento, los osos restantes se detuvieron de golpe, quedándose paralizados como estatuas; los soldados, Xyon y la chica se quedaron quietos también, alerta. Pensaban que volverían a atacar en cualquier momento, pero de hecho no fue así… Sus ojos volvieron a brillar de manera intermitente, y de nuevo de sus bocas surgieron sonidos como gruñidos. Sin ningún tipo de aviso o acción previa, todos los osos se dieron media vuelta y comenzaron a irse caminando con mucha rapidez hacia la misma dirección en la que venían. Todos los pobladores vieron sorprendidos como sucedía esto; los atacantes se retiraban. En cuanto todos los osos se alejaron, la gente del pueblo comenzó a gritar de emoción y alegría, al igual que los soldados y el propio Connor; sentían casi como si acabaran de ganar una ardua guerra.
Xyon no gritaba o saltaba de alegría como ellos. Simplemente miraba con su respiración agitada hacia donde los osos se habían ido, sin soltar aún su espada. Luego de unos segundos pareció comenzar a relajarse, y entonces introdujo de nuevo su espada en su funda y luego apoyó ésta sobre su hombro, sonriendo. Luego de tantos problemas, se sentía bien tener una victoria.
- Elly. – Escuchó que la ya muy conocida voz de aquella muchacha pronunciaba a su lado.
Se volteó con cuidado hacia ella, justo para ver como sus alas se cubrían de un resplandor rojizo y poco a poco parecían hacerse más pequeñas hasta desaparecer. Acto seguido, las espadas de sus brazos también empezaron a brillar y volvieron a la normalidad, con sus manos y su piel. Definitivamente era un truco que nunca había visto.
- Parece que tienes más secretos de los que aparentas, ¿eh? – Murmuró con seriedad el caza recompensas, mirándola de reojo. – Quisiera saber quién eres realmente.
Ella simplemente sonrió con cierta inocencia, mirándolo fijamente con cierta emoción.
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Mientras abajo, todo el pueblo festejaba esa repentina victoria contra esos extraños atacantes, todos los pobladores eran ignorantes de que unos ojos astutos los habían estado vigilando todo ese tiempo, desde aquella colina a las afueras, desde aquella en la que se tenía una vista perfecta de Sallivan, la misma desde la que el Paladin Rick observó el pueblo apenas un día antes.
La figura de una persona estaba parada en ese lugar, y frente a su rostro sostenía un misterioso objeto, negro, como dos anteojos pero alargados hacia el frente por el que podía ver de más cerca al pueblo, y por ellos enfocaba directamente a una persona: miraba directamente el rostro sonriente y alegre de aquella mucha de cabellos negros y cortos, aquella chica de de alas de acero que había salvado al pueblo.
Una sonrisa de ligera malicia se dibujó en sus labios, al tiempo que bajaba aquellos anteojos, sin quitar su atención del pueblo. Parecía muy conforme con lo ocurrido…
- Justo como lo pensaba. – Murmuró con un tono grave y profundo, seguido de una risa aguda. – Esas alas, esas espadas… Es ella, tiene que ser ella.
Poco a poco, de los árboles detrás de él, comenzaron a surgir diferentes figuras anchas que caminaban lentamente hasta pararse detrás de él. Eran los osos sobrevivientes del ataque, todos ellos parados detrás de él, mirándolo fijamente como si esperaran algún tipo de orden de su parte. Aquel extraño alzo de nuevo aquellos lentes, y volvió a enfocar a aquella chica, que caminaba hacia la posada a lado de aquel sujeto en ropa interior.
- Al fin te encontré… Azariel…
Un enemigo misterioso vigila todo desde lejos. ¿Quién es y qué busca…?
FIN DEL CAPITULO 003

