ADVERTENCIA: Clasificado para Mayores de 16 años, algunos capítulos pueden contener contenido violento, lenguaje vulgar moderado, desnudos parciales o contenido sexual implícito.
Capitulo 005
“Los Paladines de Ambar”
Toskantia, la hermosa ciudad capital del Reino de Vallaria, que normalmente siempre estaba cubierta de júbilo y alegría, tenía un adensa nube de tensión sobre ella esa mañana. Las noticias y rumores de lo ocurrido en Sallivan se habían esparcido como pólvora encendida por la ciudad desde el día anterior, y muchos seguían murmurando la noticia en el mercado. La noche anterior, dos de los Cinco Grandes Generales de Vallaria que se encontraban fuera de la capital, arribaron al mismo tiempo, y desde primera hora, todos estaban reunidos con su majestad, el Rey Francose IV, discutiendo la situación, lo que indicaba que ésta se había puesto más seria de lo que ya estaba. Las personas en general no sabían con seguridad que era lo que ocurría, sólo oían rumores, la mayoría bastante extraños.
La reunión se estaba llevando a cabo en la sala de juntas principal, ubicada en el centro exacto del enorme Castillo Real. Era una habitación circulas, de un techo alto con un ventanal de colores en él que se formaba la imagen de una mujer con alas en su espalda; un ángel como el de las leyendas. Había altos pilares alrededor, y en el centro había una amplia mesa circular con seis asientos. Uno de ellos, más que una silla era un trono, de color dorado, de un respaldo alto, y forro azul. El Rey Francose IV estaba sentado justamente en él. Era un hombre maduro, de cabello anaranjado oscuro, lago hasta la mitad de su espalda, y un pronunciado bigote en su rostro. Tenía piel clara y ojos verdes. Usaba una larga y elegante túnica azul, y una corona dorada en la cabeza. Su expresión estaba llena de seriedad, pero al mismo tiempo de angustia.
Además del rey, en cada una de las otras cinco sillas, se encontraba uno de sus generales, todos hombres de armaduras plateadas y relucientes, y capas. También había alrededor de diez guardias con armaduras y alabardas, posicionados alrededor de ellos, casi pegados a las paredes, y otros soldados más que estaban de pie alrededor de la mesa, posiblemente testigos o ayudantes. La mesa estaba llena de mapas, papeles, reportes, dibujos… Todo lo que se tenía alusivo a ese tema tan delicado que discutían.
Uno de los generales tenía la atención en esos momentos, un hombre de cabello y barba rojiza y ojos azules, que señalaba con su dedo a un enorme mapa de Vallaria distendido sobre la mesa y que tenía varias marcas rojas en él.
- Según el último informe, el ataque más reciente se suscitó justo aquí, en el pueblo de Sallivan, el día de ayer. – Indicó el general, mostrando una de las marcas rojas en el mapa. – Es el octavo ataque hasta ahora del que tenemos informe.
- ¿Por qué se desviaron tanto del camino que llevaban? – Pronunció otro de los generales, un hombre robusto y de cabellera calva. – ¿A dónde se dirigen?
- No lo sabemos.
El Rey miraba fijamente el mapa al tiempo que escuchaba la información que le daban. Todo había empezado hace apenas unos cuantos días atrás. Un misterioso enemigo había llegado desde el mar, atacando y prácticamente destruyendo el puerto de Loren en el oeste, tomando a más de la mitad de sus habitantes y llevándoselos a algún sitio desconocido hasta entonces, y desapareciendo como si se los hubiera tragado la tierra. Luego de aquel incidente se suscitó otro, y otro más, hasta el más reciente, el de Sallivan. Vallaria estaba siendo invadido, pero lo más preocupante e insólito del asunto era por quiénes…
- General Kraugh. – Pronunció abruptamente el rey, alzando su mirada hacia el general de cabellos rojos. – Dígame de una vez, ¿quiénes son estos invasores? ¿A quién o qué nos estamos enfrentando? ¿A demonios, monstruos o simplemente a algún otro reino enemigo desconocido?
Esa era la pregunta más delicada de todo aquello. Si un reino enemigo los invadía, atacaba o amenazaba, sabían qué hacer, sabían cómo lidiar con eso. Estaban preparados y equipados para poder enfrentarse a cualquier enemigo convencional… Pero éste que los atacaba era todo menos convencional.
- No sabemos por completo de qué se trata, su majestad. – Contestó el General Kraugh con algo de pesar en su tono. – Hasta el momento cualquiera de esas opciones podría ser la correcta. Pero está casi confirmado que son los mismos que han estado causando tanta destrucción en el Otro Continente durante los últimos ocho años. Sólo sabemos, basados en las noticias que tenemos del otro lado del mar, y por los combates que hemos tenido con ellos, que cuentan con armas y tecnología muchísimo más poderosas que la nuestra. Las armas convencionales son inútiles ante ellos, tanto que los Reinos de Guran, Hirand y Potterus en el Otro Continente, no pudieron hacer nada.
- Y Batael se encuentra lidiando con ellos al igual que nosotros en estos momentos. – Agregó otro de los generales, un hombre delgado de cabello negro y corto, casi como un susurro.
- ¿Pero qué es lo que quieren exactamente? – Cuestionó el general de de cabellera calva, algo exasperado. – Escuché que no conquistan, no toman territorios, no roban tesoros, ni siquiera matan deliberadamente… Sólo avanzan, destruyendo pueblos y tomando a las personas cómo sus prisioneros, sin pedir nada a cambio por ellos siquiera. ¿Por qué?, ¿para qué?
- Me temo que eso tampoco lo sabemos aún.
- ¡Esto es una locura! – Exclamó el mismo general con fuerza, chocando sus manos contra la mesa. – ¿El Gran Reino de Vallaria se está haciendo en sus pantalones por un ejército de animales de peluche gigantes y payasos?
Era hasta ridículo decirlo en voz alta, pero esa era la realidad. Cuando llegaban los rumores del otro lado del mar que describían una situación así en aquellos reinos, todos lo tomaron como una ridiculez, como una broma o un absurdo cuento. Pero ahora ahí estaban: seres de extrañas apariencias y gran poder, atacando sus pueblos y a su gente, y no eran capaces de detenerlos.
- Todo esto es absurdo. – Comentó otro de los generales, frotándose las sienes con sus dedos. – Pero si no los hubiera visto yo mismo en Santa Yamillia no lo creería. ¿Qué son estás cosas?
- Todo esto tiene ser algún tipo de pesadilla.
- ¿Habremos hecho algo para enfurecer tanto a Gaia?
Todos en esa habitación estaban llenos de angustia y confusión. Sabían que cada segundo que pasaba era probable que otro pueblo fuera atacado. El más afectado por todo eso, era sin duda el Rey, que se sentía totalmente frustrado e impotente por no poder hacer algo para salvar su reino. ¿De verdad no había nada que hacer?
- Su Majestad. – Oyó que la voz de Kraugh le llamaba, obligándolo a alzar su mirada de nuevo. – La verdad es que hasta ahora hemos tenido mayor suerte que en el Otro Continente. Además de Sallivan, hay otros tres pueblos que se han casi salvado de estos ataques, pero por intervención externa.
- ¿Intervención externa?
Kraugh asintió con su cabeza, y su expresión se endureció más de lo que ya estaba.
- Hasta ahora, parece que “ellos” son los únicos que pueden hacerles frente, los únicos que pueden resistir un combate contra estas criaturas.
El rey guardó silencio, poniendo un semblante serio y pensativo ante la información que acababa de recibir. Se recargó por completo contra su silla y se frotó sus ojos con sus dedos.
- Con que ellos, ¿eh? – Murmuró en voz baja, y luego bajó sus dedos, alzando de nuevo su mirada hacia la mesa. – Esos chicos... Los Paladines de Ambar....
- - - -
- ¡¡Aaaaaaaaargh!! – Rugió con mucha fuerza al estar parado ante ellos, y su gritó hizo resonar el bosque entero.
- ¡¡¿Pero qué diablos es esa cosa?!! – Exclamó atónito el caza recompensas, sin poder evitar retroceder un poco por la impresión.
La enorme criatura, de más de tres metros que se encontraba erguida ante él era... Un mono... O algo similar. Era un mono gigante, café, de ojos grandes y rojos, con una amplia sonrisa aterradora que enseñaba todos sus dientes. Y por si eso no era suficiente, usaba unos pantalones anchos verdes, un chaleco dorado y tenía pegado a cada mano un extraño plato dorado al parecer hecho de metal, de forma circular. Era... algo realmente singular...
- ¿Otro de esos extraños animales? – Murmuró confundido el caza recompensas y sin espera se dio media vuelta, y comenzó a correr. – ¡Vámonos de aquí!, ¡rápido!
Xyon avanzó un par de metros antes de darse cuenta de que estaba corriendo solo. Se frenó golpe y se giró hacia atrás, sólo para ver como Elly, en lugar de seguirlo, se había puesto de pie con firmeza frente aquella extraña criatura.
- ¡¿Qué haces?! – Le peguntó confundido. – No, no querrás otra vez… - Antes de que pudiera decir algo más, Elly alzó sus ala con fuerza y se elevó rápidamente en el aire, dirigiéndose como bala contra aquel monstruo. – Sí, sí quiere volver a pelear….
La chica de alas de acero parecía aún tener mucha rabia acumulada contra Xyon, y la quería liberar contra aquel mono. Pero éste no se lo iba a dejar fácil. Cuando ya estaba prácticamente frente a su rostro, alzó su brazo izquierdo lo abalanzó contra ella, amenazándola con su platillo. Elly se paró en seco y retrocedió en el aire, esquivando el ataque, aunque éste le pasó tan cerca que el aire movido por éste agitó sus cabellos. El mono de inmediato empezó a atacarla con su otro brazo, luego de nuevo con brazo izquierdo, y así sucesivamente, uno detrás del otro.
Elly se movía con agilidad, flotando de un lado a otro como una rápida luciérnaga. Los brazos de aquel ser eran tan fuertes que tumban los árboles que alcanzaba a golpear, y sus platillos tan filosos que cortaban las ramas y los troncos. Pero ella no se intimidaba en lo más mínimo. Luego de estarlo esquivando por un rato, bajó en picada hasta casi tocar el suelo, pero luego giró hacia el frente, para pasar volando por entre las piernas de su oponente. El mono se tiró de golpe al piso, intentando sentarse sobre ella cuando estaba pasando, pero no la pudo alcanzar y Elly logró colocarse detrás de su oponente sin problema. Una vez del otro lado, rápidamente se le lanzó encima desde sus espaldas, esperando que por su posición fuera muy sencillo alcanzarlo.
Sin embargo, para sorpresa de la joven, no le fue tan fácil. Ante sus ojos, la cabeza del mono dio una vuelta de 180 grados, volteándose por completo hacia ella aunque estuviera justo a sus espaldas. Elly se sorprendió mucho ante esto e intentó frenar, pero antes de que pudiera hacerlo por completo la enorme boca del mono se abrió de par en par y, al igual como hacían aquellos osos, una esfera de energía rojiza se formó entre sus fauces, para luego alargarse en un rayo hacía ella. Elly dio un giro algo brusco en el al aire para esquivarlo, pero el sólo roce contra su ala izquierda la sacó de equilibrio y la hizo girar sin control en el aire para luego caer en picada.
- ¡¡Elly!! – Exclamó con fuerza mientras caía, aunque seguía esforzándose por recobrar el control.
De pronto, mientras seguía acercándose al suelo, pudo ver por el rabillo de ojo cómo la rápida y ágil silueta de su acompañante se dirigía corriendo hacia ella a toda velocidad, daba un largo salto en el aire y la atrapaba en sus brazos, para luego los dos descender al césped con delicadeza. Elly se quedó sorprendida ante esto, y en cuanto estuvieron seguros lo volteó a ver incrédula. Pero claro, el caza recompensas no dejó que esa imagen heroica durara mucho, pues un segundo después de descender, la soltó abruptamente, casi “tumbándola” al suelo.
- ¡¿Por qué te gusta causarme tantos problemas?! – Le gritó furioso. – ¡¿Te gusta ser héroe?! Pelear contra osos de peluche es una cosa, ¡pero este es un mono gigante!, ¡¿Qué tienes pensado hacer contra eso?!
- Elly… - Suspiró ella con desanimo, agarrándose su cabeza y volteándose a otro lado.
- ¿Qué se supone que significa eso? Quisiste decir algo malo de mí, ¿cierto?
El fuerte rugido del mono los hizo reaccionar y olvidarse de esa discusión por unos momentos. Ambos alzaron su mirada y notaron como el mono se había lanzado al aire de un salto, y se había colocado sobre ellos, para luego intentar aplastarlos con todo su peso. Los dos se movieron rápidamente, cada uno a un diferente lado, y el mono cayó como roca, clavando sus dos pies en la tierra y haciéndola resonar.
Xyon rodó en el suelo luego de lanzarse y de inmediato se giró hacia el mono. En todo ese tiempo no había soltado su espada ni un sólo instante; eso era algo que había aprendido a raíz de muchos combates: cómo nunca soltar su arma. Mientras el mono se recuperaba de nuevo luego de su último movimiento, y se preparaba para volver a atacar, Xyon intentó analizar la situación en su cabeza lo más rápido posible.
- “¿Por qué estos extraños animales nos atacan directamente a nosotros?” – Se preguntaba así mismo el caza recompensas, y no podía evitar voltear a ver de reojo a la chica de negro. – “¿Será que nos están siguiendo? ¿O siguiéndola a ella?”
El mono alzó sus brazos y se empezó a mover de un lado a otro, rugiendo y gruñendo como loco. Entonces, pareció cambiar de estrategia, y de la nada colocó sus brazos hacia los lados y empezó a girar con mucha rapidez de golpe, y luego empezó a moverse como un trompo. Los platillos de sus manos chocaban contra los troncos, partiéndolos o dañándolos. Ramas empezaron a volar por todos lados, y los árboles empezaron a caer hacia ellos.
Cada uno por su lado empezó a correr para esquivarlos. Xyon corría con la vista en el frente y oía los troncos caer a sus espaldas contra el suelo. Huir de ese sitio le parecía la mejor idea, pero esa tipa no parecía nada dispuesta a hacerlo. ¿Y por qué no huía de ahí él solo?, no tenía ninguna obligación de permanecer ahí de su niñera. Si ella quería quedarse y pelear, era su problema, no el suyo. ¿Por qué no se iba…?
Esos pensamientos lo distrajeron por un sólo instante de la pelea, y ese sólo instante fue casi fatal. El mono se dirigió girando con rapidez en su contra, a punto de embestirlo.
- ¡Elly! – Gritó la chica de negro para advertirlo.
Era difícil para Xyon saber si ese “Elly” era para él o no, por lo que incluso luego de oírla tardó un tiempo en poder reaccionar. Al voltearse, lo primero con lo que se encontró era con la enorme figura del mono girando con rapidez hacia él. Intentó lanzarse a un lado para esquivarlo, pero no lo logró, y terminó siendo golpeado por el giro de las piernas del mono, y éste impacto lo empujó con mucha fuerza por los aires, hasta que su espalda se estrelló contra uno de los árboles más cercanos.
- ¡Ah! – Gimió de dolor por el golpe, y luego cayó de narices de nuevo al suelo.
- ¡Elly!, ¡Elly! – Pronunció con preocupación la joven, y rápidamente se dirigió flotando hacia él.
Elly descendió a su lado, y lo miró con angustia de arriba abajo. Lo giró con cuidado con sus manos para ponerlo boca arriba, y luego intentó alzarle la cabeza. Él tenía los ojos cerrados, y tenía un gran golpe en la frente.
- Elly… - Murmuró muy despacio, llena de inquietud.
- Deja de decir esa maldita palabra... – Escuchó como el caza recompensas pronunciaba apenas con un hilo de voz. – Honestamente... ya me duele la cabeza de oírte… O tal vez es el golpe…
- ¿Elly?
Era algo alentador ver que podía seguir siendo molesto y sarcástico; debía estar bien. Xyon se sentó poco a poco a duras penas, agarrándose su cabeza con una mano. No parecía lastimado por el golpe y la caída, más que nada se veía aturdido; en verdad tenía la cabeza dura.
El mono volvió a rugir con fuerza, indicándole de esa forma que no tenía tiempo para descansar. Apoyándose en su espada, se comenzó a levantar por completo, aunque batallaba un poco. En ese momento sintió como Elly lo tomaba de su brazo y lo jalaba con fuerza hacia arriba. ¿Lo estaba ayudando a pararse? Al principio no opuso resistencia, pero en cuanto estuvo de pie prácticamente le arrebató su brazo y se alejó un poco de ella.
- ¡Yo puedo solo! – Exclamó con fuerza, y entonces alzó su espada y su mirada hacia el mono.
Elly lo miró con ligera molestia, pero no le puso más importancia al asunto; había cosas más primordiales que atender. El Mono gigante gruñó con fuerza e hizo chocar los platillos de sus manos de pronto, creando un ruido muy estridente que ambos sintieron que le taladraba los oídos por dentro. Xyon se tapó un oído con una mano, pero no podía hacer lo mismo con el otro sin soltar su espada; algo similar le ocurría a Elly, pues uno de sus brazos era una espada en esos momentos.
- ¡¿Ese es tu gran ataque?! – Le gritó con fuerza al ver que el mono seguía haciendo lo mismo sin parar. – ¡Necesitarás más que eso, Mono Idiota!
Casi como respuesta a sus palabras, el mono se detuvo, pero inmediatamente después hizo sus brazos por completo hacia atrás para tomar impulso, y luego jalar sus manos con gran velocidad hacia el frente, chocando sus platillos ahora con mucha más fuerza, no sólo causando un sonido mucho más estridente, sino además creado una onda de aire hacia todas direcciones, que los golpeó de frente por completo y los mandó a volar por los aires por sí sola.
- ¡¿Qué demonios...?! – Exclamó sorprendido el caza recompensas mientras era empujado.
- ¡¡Elly!! – Agregó, acompañándolo en su “viaje”.
Tuvieron suerte de no chocar contra ningún árbol y poder caer a tierra firme de forma casi segura. Mientras intentaban recuperarse, Elly lo miró de reojo con algo de molestia. No necesitó hablar para indicarle al caza recompensas que le estaba diciendo “bien hecho, genio” con esos ojos.
- ¡¿Ahora fue mi culpa?! ¡¿Cómo iba a saber que podía hacer eso?!
Habían empezado en desventaja y seguían en desventaja, y antes de que pudieran pensar en su siguiente movimiento, el mono se abalanzó hacia ellos, comenzando de nuevo a derribar cuanto árbol encontraba a su camino con sus fuertes brazos.
- ¡¿Ahora sí podemos correr?! – Preguntó rápidamente.
- ¡Elly! – Fue la respuesta de ella, que al parecer fue un sí, pues de inmediato se giró y comenzó a alejarse volando a toda velocidad, seguida desde atrás por Xyon.
Sólo eran capaces de oír los ruidos de destrucción detrás de ellos mientras avanzaban a toda velocidad con su atención fija en al frente. Ni siquiera sabía a dónde corrían, o en qué dirección, si volverían al camino o se estaban adentrando más al bosque, pero tampoco pensaban mucho en esos detalles en esos momentos.
- ¡Oye!, ¡tengo una idea! – Murmuró de pronto el chico cabellos naranjas sin detenerse. – Tómame y elevémonos, de seguro no sabe volar.
- ¿Elly? – Exclamó ella, volteándolo a ver confundida.
- ¡¿Qué?!, ¡¿me entendiste o no?! ¡Anda!, ¡levántame!
Elly se quedó quieta varios segundos, tal vez dudosa en hacer lo que le pedía, o confundida por que le hiciera esa petición, pero fuera como fuera lo hizo. Se colocó detrás de él, lo abrazó fuertemente haciendo sus brazos hasta el frente y entonces hizo que se elevaran rápidamente entre las ramas de los árboles.
- ¡Ah!, ¡aún no estaba listo! – Gritó con algo de miedo mientras pataleaba en el aire; no pensó que volar se sintiera tan raro, y más fue su miedo al salir por arriba de las copas de los árboles y ver todo el enorme bosque debajo de sus pies. – ¡Aaaaaah!, ¡no me sueltes!, ¡¿oíste?!
De manera inconsciente intentó aferrarse a ella hasta con sus uñas si era necesario. Elly rió divertida ante las reacciones del chico.
Parecía que estaban a salvo, o al menos en un inicio, pues unos segundos después, rayos de energía rojiza, uno detrás del otro, comenzaron a salir volando desde el interior del bosque, atravesando las ramas de los árboles y comenzando a atacarlos; el Mono no se rendía. Elly empezó a maniobrar de un lado a otro para esquivarlos, y sus movimientos bruscos no hacían más que poner más nervioso al caza recompensas.
- ¡No te muevas tanto!, ¡me vas a tumbar!, ¡no!
- ¡Elly!
No era lo mismo moverse libremente en el aire ella sola que hacerlo cargando a alguien más; era cuestión de tiempo para que alguno de sus movimientos no fuera el adecuado. Un rayo de energía la golpeó con fuerza en su pierna derecha, destruyéndole esa parte de su vestido, y al mismo tiempo al parecer lastimándola mucho.
- ¡Elly! – Exclamó con dolor, apretando sus ojos con fuerza. El impacto la hizo perder el control y comenzó a girar en el aire con rapidez.
- ¡Oye!, ¡¿Qué haces?!
Ambos empezaron a descender cada vez más rápido. Elly intentó recuperar altura, pero no lo lograría antes de que se chocaran contra la copa de los árboles. Sin embargo, antes de que eso pasara, hizo algo que tomó por sorpresa a su compañero. Rápidamente se volteó en el aire, de tal forma que su espalda estaba hacia abajo y Xyon hacia arriba, y rápidamente se aferró a él con mucha fuerza con sus brazos y pierna... como si lo estuviera protegiendo con su cuerpo.
- ¡¿Elly?! – Cuestionó confundido, intentando voltear a verla. – ¿Pero qué....?
Sus palabras fueron interrumpidas por el sonido del cuerpo de Elly chocando contra las primeras ramas, y luego contra otra y otra, luego incluso rebotando entre un tronco y otro, pero siempre siendo su cuerpo el que recibía los golpes, no permitiendo que él resultara lastimado. Siguieron cayendo, hasta chocar contra el suelo, y de nuevo Elly lo protegió amortiguando su caída, dejando que su cuerpo fuera el que chocara contra la tierra y él quedara sobre ella.
Silencio, un abrumar silencio se sumió a su alrededor en esos momentos. Xyon parecía incapaz de reaccionar o de darse cuenta de lo que había ocurrido. Lentamente comenzó a levantarse, poniéndose de rodillas en el suelo, y luego mirando a su alrededor, totalmente estupefacto. Tenía algunos raspones en los brazos y hojas en el cabello, y su capa se había roto más de lo que ya estaba, pero fuera de ello parecía estar perfecto.
- ¿Estamos vivos? – Murmuró en voz baja, y por mero reflejo tocó su cuerpo con sus dedos para verificarlo.
Un segundo después reaccionó por completo y de inmediato se giró hacia Elly, que estaba tirada en el suelo justo frente a él. Su vestido negro se encontraba rasgado de diferentes partes debido a la caída, y tenía raspones y cortadas por todo el cuerpo, y algunas de ellas le sangraban levemente, además de una quemadura en su pierna donde le había pegado el rayo. Tenía los ojos cerrados y respiraba con debilidad.
- ¡¿Elly?! – Exclamó con fuerza y se le acercó, alzándola con cuidado en sus brazos – Oye, ¿me escuchas?, ¡Elly! ¡Eres una Idiota!, ¡¿por qué hiciste eso?! ¡Se supone que yo soy quien te tiene que proteger a ti!
- Elly... – Susurró muy despacio, apenas audible, y le sonrió levemente, abriendo ojos de nuevo.
Al parecer su cuerpo era muchísimo más resistente de lo esperado. Una caída de esa altura y unos golpes como los que había recibido, hubieran terminado por dejar a cualquiera con el cuerpo destrozado; pero ella parecía estar bien, hasta dónde podía decirse.
- ¡Maldición! Eres una… ¡Boba!
Xyon no lo admitiría, pero la verdad era que se sentía culpable. Él había sugerido que se fueran volando, aún cuando ella parecía tener sus dudas al respecto. ¿Ella sabía que eso ocurriría? Y luego recibió todos esos golpes para que él no se lastimara. ¿Cómo se suponía que debía sentirse luego de eso?
De nuevo el molesto y desesperante rugido del mono se hizo presente, seguido del sonido de golpes y árboles cayendo. Xyon se llenó de rabia al oírlo acercarse hasta donde estaban, y sin miedo se paró, se dio media vuelta y alzó su espada, listo para recibirlo de frente sin temor. Elly se alzó un poco, volteándolo a ver extrañada. Él se había colocado de pie frente a ella, casi como si estuviera intentando protegerla. ¿Habrá sido mera casualidad?, ¿o realmente…?
Xyon miró con detenimiento como la enorme figura de aquel monstruo se dirigía directo hacía él, pero no se movió en lo más mínimo. Apretó sus manos con fuerza contra su mango, y plantó sus pies en tierra con fuerza.
- ¡¿Te crees muy malo, mono horrible?! – Le gritó. – ¡Anda!, ¡ven! ¡Te voy a enseñar quien es el gran Xyon!, ¡¿Qué estás esperando?!
- ¡¡Graaaaaaaaargh!! – Escuchó como él rugía como respuesta
El mono se abrió pasó con gran velocidad hasta posarse de lleno ante él. Xyon se preparó, listo para lanzársele encima y atacarlo con todas sus fuerzas. Tal vez no podía volar, tal vez sus brazos no se hacían espadas, pero tenía muchos trucos bajo la manga para acabar con enemigo más fuertes y grandes que él, y esa no sería la excepción. Se preparó. Flexionó sus rodillas para tomar impulso, justo cuando él se disponía a atacar. Pero…
- ¡Flarore!, ¡ataca! – Resonó con fuerza de golpe, y desde el costado izquierdo del mono, una fuerte llamara se dirigió contra él, cubriéndolo casi por completo y haciéndolo retroceder hacia un lado.
El mono gritó y gimió, y se tiró al suelo, rodando de un lado a otro para apagar el fuego que lo cubría. Xyon, por su parte, parpadeaba confundido al ver esta escena, sin entender que era lo que había ocurrido. De la nada, tres siluetas parecieron correr a toda velocidad en su dirección, para luego colocarse de pie entre él y el mono, dándole la espalda. Eran tres personas, paradas lado a lado ante él. El primero de la izquierda tenía una larga cabellera castaña, el de en medio usaba una larga… y familiar capa blanca, y el de la derecha tenía cabello azul largo… Y lo que al parecer era una… ¿cola?
- ¿Y ustedes quién demonios son? – Murmuró en voz baja sin salir de su asombro.
- ¿Ya no me reconoces? – Pronunció el que estaba parado en medio, y entonces se giró a verlo sobe su hombro, mostrándole su rostro, más de la mitad cubierto por ese extraño casco rojo. – Una vez más te salvo de ser aplastado como uva, chico.
Los ojos de Xyon se abrieron de par en par ante la sorpresa, pero de inmediato se llenaron de una profunda y enorme rabia.
- ¡¿Qué?!, ¡¿tú otra vez Paladinucho?!
- ¿Paladinucho? – Rió divertida quien estaba parada a su derecha, que al parecer era una mujer. – Nunca había oído esa palabra. Supongo que es el caza recompensas bobo que decías, ¿no?
- ¡¿Caza recompensas bobo?! – Repitió molesto. – ¡¿Se puede saber que haces tú aquí?! ¿Y quiénes son estos sujetos?
En efecto, era ni más ni menos que Rick, el mismo sujeto que hace dos días se había entrometido en su combate contra el Ogro en Sallivan. Traía la misma armadura, la misma capa, y la misma espada brillante rojiza; la única diferente era que ahora estaba acompañado de otros dos sujetos más.
El mono se alzó de un salto una vez que el fuego se apagó. Volteó a ver a todos lados con molestia y entonces divisó a los tres extraños, comenzando a gritar con furia.
- Explicaciones para luego, Rick. – Comentó el hombre de cabellos castaños que estaba a su izquierda, mientras hacia su mano izquierda hacia arriba, revelando un brazalete dorado que traía en su muñeca, con una gema grande color amarillo brillante en ella.
El mono se les lanzó encima como fiera salvaje, y los tres parecieron ponerse rápidamente a la defensiva.
- ¡Helios!, ¡Amelia! – Exclamó con fuerza Rick, y ante su grito, los tres parecieron prácticamente desaparecer de enfrente de Xyon en un parpadeó.
- ¿Qué? – Exclamó sorprendido el Caza Recompensas, y rápidamente alzó su mirada. Los tres no habían desaparecido, sino que se habían elevado a una gran altura por encima del mono.
- ¡Aquallirus, despierta! – Pronunció Amelia con fuerza, y la gema azul de su cinturón comenzó a brillar, y colocando una mano sobre ella Xyon pudo notar una extraña energía parecía surgir de ella, hasta materializarse y alargarse fuera de la gema. Ella la tomó y la jaló rápidamente, revelando como esa energía se convertía en una brillante espada alargada de hoja delgada y con algunos grabados ondeantes en ella.
- ¡Ventiz, despierta! – Dijo Helios casi al mismo tiempo, y le gema amarilla de su muñequera pasó prácticamente por el mismo proceso, expulsando el mismo tipo de energía, y convirtiéndose en una espada un poco corta, de un protector amplio y dorado que asemejaban unos cuernos.
¿Más de esas espadas mágicas? Xyon había visto que Rick hizo lo mismo en la cueva del Ogro, materializar una espada de la gema de su mano. Le parecía recordar que había explicado algo al respecto, pero la verdad no le había puesto mucha atención. Lo único importante en esos momentos era que esos sujetos también tenían una espada como él. ¿Eso significaba que ellos también eran… Paladines?
El mono alzó sus brazos y rápidamente hizo juntar sus manos para aplastar a Amelia entre sus platillos, como si fuera una persona intentando aplastar una mosca. La joven rápidamente dio una maroma en el aire esquivando los platillos, y pareció aprovechar el impulso de aire que el choque de estos causó para moverse hacia el frente y posarse sobre la cabeza del mono como si nada. El mono por simple reflejo dirigió su platillo izquierdo hacia su cabeza para golpearla, pero Amelia volvió a saltar para esquivarlo, haciendo que el mismo se golpeara con fuerza con su propio platillo, dejándolo aturdido.
- ¡Relámpago! – Gritó la voz de Helios mientras descendía hacia su enemigo y extendía su espada hacía él. La hoja de su arma empezó a brillar con intensidad, y un fuerte e intenso relámpago, igual a los que surgen en el cielo en días de lluvia, se alargó hacia el mono, golpeándolo y cubriendo todo su cuerpo con un fuerte choque eléctrico que lo hizo retorcerse y gritar.
Luego de unos minutos, el efecto del relámpago se había apaciguado, aunque todo su cuerpo parecía estar cubierto de humo. Empezó entonces a caer hacía atrás sin oponer resistencia. Amelia, luego de saltar de su cabeza, había caído al suelo justo detrás de él, por lo que parecía que iba ser aplastar por el enorme cuerpo del monstruo. Pero ella no hacía el menor intento por quitarse de ese sitio o de esquivarlo; al contrario, se veía tranquila, y serene, viendo como se le acercaba. Entonces, alzó su mano izquierda hacia arriba, extendiendo toda su palma hacia él.
- ¡Hielo! – Gritó con fuerza, y su espada empezó a brillar. Todo a su alrededor de cubrió de una densa neblina fría que giraba con fuerza entono a ella, para luego alargarse por completo hacia el mono y cubrirlo de pies a cabeza.
Xyon miró sorprendido como todo el cuerpo de aquel extraño ser empezaba a cubrirse poco a poco se escarchas de hielo, cada centímetro de él en tan sólo un segundo, y cada vez más rápido, hasta convertirse prácticamente en una estatua de hielo inmóvil, con el cuerpo inclinado hacia atrás por la caída que estaba teniendo, pero ahora congelado en el tiempo en la misma posición, totalmente inmóvil.
Lo siguiente que ocurrió fue que Rick se posó sobre el pecho del mono, encajando la hoja de su arma en el hielo hasta casi introducir la mitad de ésta.
- ¡Explosión! – Fue el turno de Rick de gritar. Al igual que con el resto, su espada resplandeció a su grito, y todo el interior de hielo empezó a brillar con fuerza como la luz de una antorcha.
Rick se alejó rápidamente de un salto del mono, y mientras estaba suspendido en el aire, literalmente la estatua de hielo ante ellos hizo explosión en pedazos. Pedazos de hielo volaron por todas direcciones, algunos estuvieron incluso cerca de golpear a Xyon. Además del hielo, también volaban pedazos de lo que al parecer era aquel mono. Pedazos de su cuerpo, sus brazos, sus piernas, su cabeza, incluso le pareció ver que uno de los platillos giraba con fuerza en el aire y se quedaba clavado contra un árbol. También había extraños pedazos de metal de gran tamaño, que volaban y luego caían en picada al suelo como granizo. El mono había sido destruido por completo…
Los tres paladines estaban de nuevo en tierra y reunidos en el centro de todos los restos de su último contrincante, y miraban las diferentes partes que habían quedado con algo de curiosidad. Rick tomó su casco y se lo retiró, revelando su cabellera negra. Su expresión era seria y algo fría.
- Sin duda era uno de ellos. – Señaló, agachándose y tomando un pedazo de metal oscuro, y analizándolo de lado a lado.
- Era un mono gigante con pantalones, ¿te quedaba alguna duda? – Comentó Amelia con un tono de broma.
- Aún así es la primera vez que vemos uno con esa forma. – Agregó Helios, colocando una mano en su barbilla. – Me pregunto cuántos tipos diferentes habrá.
Mientras ellos inspeccionaban y hablaban entre ellos, parecían haberse olvidado de que había otras dos personas ahí. Xyon y Elly habían visto todo desde lejos, y cada uno parecía impresionado a su modo. Esos sujetos no sólo habían derrotado a esa cosa: lo habían hecho pedazos. Y no sólo lo habían derrotado y hecho pedazos, encima de todo lo habían hecho en un instante, sin el menor problema, sin el menor daño a ellos, de manera perfecta.
- Elly. – Murmuró sorprendida sin apartar sus ojos de ellos; parecía que su hazaña la había sorprendido demasiado.
Por su lado, era obvio que Xyon no compartiría su mismo entusiasmo. En lugar de eso, estaba parado con los brazos cruzados, mirando todo con una notoria expresión de enojo. Evidentemente no le agradaba en lo más mínimo que el mismo presumido del día anterior se presentara de pronto a lucirse de nuevo en sus narices.
- De nuevo usando tu maldita magia pagana, ¿eh? – Pronunció lo suficientemente fuerte para que lo escucharan, y los tres se voltearon hacia él al mismo tiempo. – ¡¿Qué les hace pensar que necesitaba de su ayuda?!, ¡en especial la tuya, engreído de armadura afeminada! ¡¿No tienes a alguien más a quien molestar?!
- ¡Elly! – Dijo con fuerza la joven detrás de él, como si lo estuviera regañando por lo que decía.
- ¡Tú no te metas! Eres mujer, así que no puedes ser parcial. Todas ustedes enloquecen por una cara bonita y dientes perfectos.
- ¿Elly?
Mientras Xyon seguía parloteando, y a su manera discutiendo con Elly, los tres Paladines parecían tener su atención puesta en otra cosa. No les parecía molestar todo lo que Xyon decía, de hecho casi ni lo notaban. Las miradas serenas y duras de los tres estaban fijas justo en esa otra persona, en la chica de vestido negro que estaba con él. No se fijaban en sus heridas o en sus ropas rotas; en lo que se fijaban era en esas grandes alas de acero que se encontraban en su espalda, y en ese brazo en forma de hoja de espada que tenía…
La expresión de Rick se endureció mucho más conforme seguía analizándola desde su posición. La forma de las alas, su material, como se movían, esas pequeñas luces que despedía, la hoja de su espada de acero oscuro... No tenía ninguna duda.
- Oigan, ¡¿me están oyendo?! – Les gritó Xyon luego de un rato de qué ninguno le contestara nada a sus palabras, pero el resultado fue el mismo.
- Amelia. – Pronunció Rick de golpe, y volteó a ver sobre su hombro a la chica de azul detrás de él.
Ella asintió con su cabeza como indicación de que entendía. En ese momento clavó sus ojos como agujas en Elly, la cual se sorprendió ante esto, pero al parecer había entendido que algo no estaba bien.
- ¡Burbuja de Agua! – Gritó Amelia con fuerza, extendiendo su mano izquierda hacia ella.
Su espada brilló con fuerza como respuesta a sus palabras, y antes de que pudieran siquiera intentar comprender que ocurría, el cuerpo de Elly comenzó a ser rodeado por agua que parecía surgir de la tierra, envolviéndola por completo, hasta formar una gran esfera de agua que flotaba en el aire, con Elly flotando en su interior.
- ¡¿Qué?! – Exclamó atónito el caza recompensas, dando un paso hacia atrás por mero reflejo. – ¡Oye!, ¡¿Qué están haciendo?!
Elly abrió la boca como queriendo decir algo, pero de ella sólo surgieron burbujas de agua. Rápidamente intentó moverse en el interior de la esfera de agua, buscando salir a toda costa de ella, pero no le dieron tiempo de hacer algo como eso.
- ¡Hielo! – Exclamó con fuerza la chica de cabello azul, y su espada volvió a brillar, al tiempo que la esfera flotante de agua comenzó a solidificarse rápidamente, desde abajo hacia arriba, convirtiéndose entonces en una esfera de puro hielo blanco, ocultando en su interior la figura de su prisionera.
- ¡Elly!
Xyon intentó acercarse a la esfera, pero ésta se elevó y luego pasó volando justo sobre su cabeza para luego dirigirse directamente hacia los tres Paladines, posándose delante de ellos. El hielo envolvía por completo a la chica, tanto que prácticamente era imposible verla desde el exterior.
- ¿Segura que no puede escapar de eso? – Cuestionó Rick, dándole unos pequeños golpecitos al hielo con sus nudillos; parecía bastante sólido.
- Funciona con monstruos. No es el mismo hielo que uso contigo, éste es más resistente. Pero por si las dudas, deberíamos de darnos prisa.
Rick asintió de forma afirmativa, y entonces él y los demás parecían dispuestos a irse en ese momento. Sin embargo, se había olvidado de algo, o más bien de alguien.
- ¡Oigan! – Gritó Xyon con fuerza, llamando su atención. – ¡¿Qué creen que están haciendo?!, ¡¿qué tienen pensado hacerle?! ¡Sáquenla de esa cosa ahora!
- No te entrometas, chico. – Contestó el Paladín de armadura roja, mirándolo de reojo. – Nosotros nos encargaremos de esto desde ahora.
- ¿Encargarse de qué? ¡Esta chica está a mi cuidado! Me pagaron para que buscara a su familia, ¡¿quién se creen ustedes para hacerle eso?!
- Eres un tonto. Te estoy ahorrando trabajo innecesario. No encontraras a ningún familiar de esta chica, ni aquí ni en ningún otro lado.
- ¿Qué?
Xyon pareció no entender esas palabras. ¿A qué se refería con eso?, ¿acaso ellos sabían quién era Elly?, ¿sabían de dónde era? Había algo raro en su forma de actuar y hablar... ¿de qué se trataba todo eso?
- ¿A qué te refieres con eso? ¿Ustedes la conocen?
Rick suspiró con cierto cansancio, y se frotó sus ojos con sus dedos delicadamente. Parecía intentar buscar la forma adecuada de explicarse, pero al final decidió ir directo al grano.
- Escucha, la razón por la que no encontraras ninguna pista de quién es esta chica es simple. – En ese momento alzó su mirada de nuevo hacia él, y Xyon pudo notar una notoria seriedad reflejada en su semblante. – Esta chica no es una chica, ni siquiera es humana… Es una máquina…
- ¿Eh? – Exclamó confundido el caza recompensas, aún más confundido que antes.
¿Había escuchado bien? ¿Acaso acababa de decir que Elly no era humana?, ¿que era... una máquina...? Lentamente giró su cabeza hacia la esfera de hielo que flotaba a su lado. Era incapaz de verla, pero sabía muy bien que estaba ahí, inmóvil, atrapada, indefensa. ¿Era eso algún tipo de broma...?
- ¿Una máquina? – Repitió muy despacio, intentando comprender el significado de tal afirmación, pero al parecer no lo conseguía. – ¡¿De qué demonios estás hablando, tarado?! ¿Una máquina como un tren o un barco de vapor? ¿Usas tanto tu casco que éste te aprieta el cerebro o qué? ¡Por supuesto que es una humana! ¿O es que sabes tan poco de mujeres que las confundes con trenes?
Por si los comentarios hirientes de ese sujeto no fueran ya de por si suficientemente molestos, Rick escuchó como sus dos amigos ahogaban una ligera risa como respuesta a ellos, sobre todo Amelia. ¿Les parecía divertido? ¿Qué nadie estaba tomando enserio esa situación más que él? Respiró lentamente intentando tranquilizarse y no desear romperle la cara a ese tipo.
- ¿Cómo que de qué estoy hablando? Tú mismo has visto sus alas de acero y como transformaba sus manos en espadas, ¿o no?
- Sí, ¿y eso qué? Trucos de magia pagana, ¡como los de ustedes! – Respondió de inmediato, señalándolos con su dedo índice. – Tú lanzas fuego, aquel arroja rayos, y ella congela cosas… ¿Y eso es una cola?
Amelia miró de reojo sobre su hombro, mirando a su propia cola ondeado a sus espaldas de un lado a otro, aunque luego de que se la señalaran pareció apenarse un poco y la bajó, ocultándola detrás de su espalda. Parecía que realmente era parte de su cuerpo y no un adorno. ¿Pero cómo era eso posible?
- Bueno, creo él tiene un buen punto, Rick. – Señaló Helios, que continuaba sonriendo con despreocupación.
- ¡No!, no lo tiene. Las habilidades de esta chica no son magia, es algo más complicado que eso. Hemos visto habilidades y partes de metal similares a esas antes. Esta chica sólo puede ser una creación de las mismas personas que mandaron los osos que viste en Sallivan, y a este mono gigante.
De nuevo Xyon se quedó en blanco. ¿De qué estaba hablando? ¿Las mismas personas que enviaron a los osos y al mono? Quitando el hecho de que con eso le aseguraba que en efecto los osos y el mono tenían la misma procedencia, lo cual podría haber sido algo lógico... ¿A qué se refería con que Elly era una creación igual que ellos? Entonces recordó cuando estaban peleando en Sallivan, y como al cortar a aquellos osos su interior se veía metálico, y compuesto de diferentes partes extrañas... ¿cómo una máquina? ¿Esos osos eran máquinas? Entonces volteó a su alrededor, mirando todos los restos del mono en el suelo. No había sangre, no había carne, ni viseras… no había nada perteneciente a un ser vivo. Sólo pedazos de metal, metal oscuro… Igual al de las alas y espadas de Elly. Xyon pareció sorprenderse al notar esto. Entonces, ¿ese mono también era una máquina? ¿Y Elly...?
Xyon sacudió su cabeza para disipar todos esos pensamientos. No, era imposible, no tenía sentido, nada de eso tenía sentido; ¿cómo podría tenerlo? Ese tipo no hacía más que decir incoherencias.
- ¡Tonterías! – Exclamó con un tono elevado y contundente. – ¿Primero dices que Elly es un tren y luego que es un animal de peluche gigante?
- ¡Por supuesto que no!, ¡jamás dije ninguna de las dos cosas! Maldición, es como hablar con un bebé...
- ¡Pues di lo que quieras! No sé qué cosa extraña hayan fumado o bebido, ¡pero yo estoy completamente seguro de que ella es un ser humano de carne y hueso!
- ¿Cómo estás tan seguro de ello? – Cuestionó la chica de pelo azul con curiosidad, sobre todo por la forma en que lo había dicho.
- ¡Pues porque…! – Empezó a decir, pero se calló de golpe, quedándose con las palabras en la punta la lengua. – Bueno, ella…
Xyon miró hacia otro lado con algo de pena. ¿Qué estaba por decir?, ¿qué estaba seguro que era humana por que la había tocado mientras estaba inconsciente y justo hace dos noches acababa de tener relaciones con ella? Bueno, en efecto podía estar segura con ello, o ¿o no? Sería difícil no darse cuenta si estaba haciendo algo así con un ser humano o no, y definitivamente ella lo era. Su piel, su olor, su calor, como se movía y expresaba... No precisamente hablando, sino sus gestos; incluso sangraba como lo había demostrado al caer desde lo alto y golpearse hace unos minutos atrás. ¿Qué parte de eso no probaba que era humana?
- ¡Por qué lo sé y punto! – Contestó con simpleza, pero esas palabras no fueron suficientes para ellos.
- Sólo estamos perdiendo el tiempo; vámonos ya antes de que esto se derrita. – Indicó el hombre de armadura, y sin más se dieron media vuelta y comenzaron a caminar, con la esfera de hielo siguiéndolos por sí sola.
- ¡Oye!, ¡De ninguna manera dejaré que se la lleven de esa forma! – Rápidamente se les acercó con la clara intención de atacarlos si era preciso. – ¡A mí me pagaron por cuidarla y llevarla conmigo y justamente eso es lo que haré!
Rick dejó de caminar ene se momento, y Xyon se detuvo al mismo tiempo, parándose en posición listo por si se le ocurría intentar pelear. Sin embargo, en lugar de eso, escuchó como el Paladín reía ligeramente, aún dándole la espalda.
- Ya decía yo. – Murmuró en voz baja. – Así que de eso se trata todo esto.
Dirigió entonces su mano a su cinturón, en el costado izquierdo, y soltó de éste una bolsa de piel de tamaño mediano. Luego, se giró rápidamente hacia atrás, triando la bolsa hacia el frente, y haciendo que ésta cayera prácticamente a los pies de Xyon, el cual la miró sin entender.
-Ten, tómalo; es tuyo.
- ¿Eh? ¿Pero qué es esto?
- ¿Cómo que qué es? Es dinero, eso es lo que quieres, ¿no?
Xyon se sobresaltó un poco al oírlo y bajó de nuevo su mirada hacia la bolsa, que al parecer, en efecto, era una bolsa de dinero.
- ¿A quién quieres engañar? Tú y yo sabemos que eres sólo un caza recompensas en busca de fortunas fáciles; no quieras hacerte el héroe ahora. No finjas una falsa preocupación que no sientes que no somos tan ingenuos. Si eso es lo que quieres, sólo tómalo y sigue tu camino. También puedes quedarte con lo que la señorita Nora te dio, sólo vete y ya no nos molestes.
Xyon se quedó en silencio, mirando fijamente la bolsa de dinero a sus pies. ¿Podía quedarse con lo que aquella mesera le dio y sin tener que estar cargando con aquella chica de un lado a otro?, ¿y además quedarse con lo que hubiera en esa otra bolsa, que al parecer no era poco? Y todo eso sin tener que hacer nada realmente, sólo dejar que se fueran… Sonaba como una decisión fácil. Él no tenía realmente ninguna responsabilidad; ni siquiera conocía a esa chica. ¿Y si lo que decían era cierto y no había forma de que pudiera encontrar a algún familiar de ella porque no era humana? Entonces el esfuerzo sería en vano y una pérdida de tiempo… sonaba una decisión fácil…
Lentamente se agachó, poniéndose de cuclillas y acercando su mano derecha a la bolsa de dinero, tomándola entre sus dedos. Rick sonrió confiado al ver esto.
- Lo sabía. – Murmuró en voz baja y entonces se dio media vuelta, comenzando a caminar junto con los demás. – Andando.
Los tres empezaron a alejarse junto con la esfera de hielo. Xyon se había agachado para tomar la bolsa de dinero, pero no se paraba de dinero. Seguía de cuclillas, con la bolsa de dinero en su mano, a unos cuantos milímetros de la tierra, y con sus ojos puestos en ésta.
Eso era lo mejor, ¿o no? ¿Qué se suponía que debía hacer?, ¿ponerse a pelear con esos tres sujetos? Tenían espadas con magia pagana, ¿cómo iba a pelear con eso acaso? ¿Y para qué? Esa chica era fuerte; si ellos intentaban hacerle algo malo, obviamente no se las dejaría fácil y les terminaría pateando el trasero a los tres, con todo y su magia pagana. Estaría bien. Ella aparte ya no quería estar con él, ¿no? Intentó matarlo hace unos momentos atrás; de seguro eso era lo que ella deseaba.
Además, sólo le había causado problemas desde que la encontró. Hizo que se quedara un día más en Sallivan, que lo causaran de violador, que estuviera a la mitad de un combate contra unos horribles osos, lo obligaran a llevársela con él, luego estar en medio de una percusión pro su vida por el bosque, primero huyendo de ella y luego de un enorme mono gigante. Y si seguía estando a su lado, de seguro le ocasionaría más y más problemas. Eso también era lo mejor para él, era lo que deseaba…
Pero…
****
- Creo que de alguna forma tú le pareces conocido, o al menos se ve tranquila y a gusto a tu lado.
- Por lo pronto, si ella se siente segura contigo, creo que lo correcto será que tú la cuides…
- Yo creo que lo que ella quiere es estar contigo, chico.
- No puedes dejarla así como así luego de lo que le hiciste anoche. ¡Debes de tomar responsabilidad por tus actos!
- Ésta es la recompensa que ofrecí en el volante para quién derrotara al Ogro, la que el señor Rick rechazó. Te daré una nueva misión, y como pago te daré este dinero. La misión es que encuentres a la familia de esta chica, de dónde es, o dónde está su casa y la lleves ahí…
****
Xyon apretó con fuerza la bolsa de dinero entre sus dedos; su mano parecía temblar levemente…
****
Sus cabellos caían hacia abajo, casi escondiéndola, pero podía ver como tenía sus ojos cristalinos puestos fijamente en el él. Estos se veían temblorosos, acuosos, y todo su semblante parecía cubierto de cierta melancolía. Mientras la admiraba, sintió como una pequeña gota de líquido tocaba su mejilla, seguida de otra… Eran lágrimas. Estaba llorando, estaba llorando sobre él, y sus lágrimas le tocaban ligeramente su rostro cono rocíos.
****
Alzó su mirada rápidamente al frente. Sus ojos parecían llenos de rabia, pero no contra algo o alguien en especial. Simplemente parecían revelar una gran frustración, una gran e incómoda angustia que lo carcomía por dentro.
****
Su vestido negro se encontraba rasgado de diferentes partes debido a la caída, y tenía raspones y cortadas por todo el cuerpo, y algunas de ellas le sangraban levemente, además de una quemadura en su pierna donde le había pegado el rayo. Tenía los ojos cerrados y respiraba con debilidad.
- ¡¿Elly?! – Exclamó con fuerza y se le acercó, alzándola con cuidado en sus brazos – Oye, ¿me escuchas?, ¡Elly! ¡Eres una Idiota!, ¡¿por qué hiciste eso?! ¡Se supone que yo soy quien te tiene que proteger a ti!
- Elly... – Susurró muy despacio, apenas audible, y le sonrió levemente, abriendo ojos de nuevo.
****
Rick y los otros seguían alejándose con notoria tranquilidad. De pronto, el paladin de armadura sintió como algo lo golpeaba en la cabeza, justo en la parte de atrás con fuerza, sacándolo un poco de equilibrio y haciéndolo detener su marcha al igual que los otros; justo cuando no estaba usando su casco, qué conveniente. Por mero reflejo llevo su mano derecha a la parte donde había sido golpeado, frotándosela. ¿Qué había sido? Un vistazo a sus pies le resolvería esa duda: su propia bolsa de dinero, tirada en el suelo entre sus pies.
Los tres se giraron de nuevo hacia el caza recompensas, quien los miraba con una expresión llena de furia, con sus músculos tensos y sus dientes apretados. Su brazo derecho estaba hacia el frente y abajo, en la una posición que indicaba sin lugar a duda que acababa de arrojarle su propia bolsa de dinero a Rick.
- ¡Guárdate tu estúpido dinero! – Gritó con fuerza, apretando su puño y colocándolo frente a él. – ¡Esa chica se va conmigo te guste o no, Paladínucho!
¿Habrá encontrado el Xyon el coraje suficiente para pelear por algo?
FIN DEL CAPITULO 005
