febrero 04, 2013

Paladin Xyon: Capítulo 05


ADVERTENCIA: Clasificado para Mayores de 16 años, algunos capítulos pueden contener contenido violento, lenguaje vulgar moderado, desnudos parciales o contenido sexual implícito.

Capitulo 005
“Los Paladines de Ambar”

Toskantia, la hermosa ciudad capital del Reino de Vallaria, que normalmente siempre estaba cubierta de júbilo y alegría, tenía un adensa nube de tensión sobre ella esa mañana. Las noticias y rumores de lo ocurrido en Sallivan se habían esparcido como pólvora encendida por la ciudad desde el día anterior, y muchos seguían murmurando la noticia en el mercado. La noche anterior, dos de los Cinco Grandes Generales de Vallaria que se encontraban fuera de la capital, arribaron al mismo tiempo, y desde primera hora, todos estaban reunidos con su majestad, el Rey Francose IV, discutiendo la situación, lo que indicaba que ésta se había puesto más seria de lo que ya estaba. Las personas en general no sabían con seguridad que era lo que ocurría, sólo oían rumores, la mayoría bastante extraños.

La reunión se estaba llevando a cabo en la sala de juntas principal, ubicada en el centro exacto del enorme Castillo Real. Era una habitación circulas, de un techo alto con un ventanal de colores en él que se formaba la imagen de una mujer con alas en su espalda; un ángel como el de las leyendas. Había altos pilares alrededor, y en el centro había una amplia mesa circular con seis asientos. Uno de ellos, más que una silla era un trono, de color dorado, de un respaldo alto, y forro azul. El Rey Francose IV estaba sentado justamente en él. Era un hombre maduro, de cabello anaranjado oscuro, lago hasta la mitad de su espalda, y un pronunciado bigote en su rostro. Tenía piel clara y ojos verdes. Usaba una larga y elegante túnica azul, y una corona dorada en la cabeza. Su expresión estaba llena de seriedad, pero al mismo tiempo de angustia.

Además del rey, en cada una de las otras cinco sillas, se encontraba uno de sus generales, todos hombres de armaduras plateadas y relucientes, y capas. También había alrededor de diez guardias con armaduras y alabardas, posicionados alrededor de ellos, casi pegados a las paredes, y otros soldados más que estaban de pie alrededor de la mesa, posiblemente testigos o ayudantes. La mesa estaba llena de mapas, papeles, reportes, dibujos… Todo lo que se tenía alusivo a ese tema tan delicado que discutían.

Uno de los generales tenía la atención en esos momentos, un hombre de cabello y barba rojiza y ojos azules, que señalaba con su dedo a un enorme mapa de Vallaria distendido sobre la mesa y que tenía varias marcas rojas en él.

- Según el último informe, el ataque más reciente se suscitó justo aquí, en el pueblo de Sallivan, el día de ayer. – Indicó el general, mostrando una de las marcas rojas en el mapa. – Es el octavo ataque hasta ahora del que tenemos informe.

- ¿Por qué se desviaron tanto del camino que llevaban? – Pronunció otro de los generales, un hombre robusto y de cabellera calva. – ¿A dónde se dirigen?

- No lo sabemos.

El Rey miraba fijamente el mapa al tiempo que escuchaba la información que le daban. Todo había empezado hace apenas unos cuantos días atrás. Un misterioso enemigo había llegado desde el mar, atacando y prácticamente destruyendo el puerto de Loren en el oeste, tomando a más de la mitad de sus habitantes y llevándoselos a algún sitio desconocido hasta entonces, y desapareciendo como si se los hubiera tragado la tierra. Luego de aquel incidente se suscitó otro, y otro más, hasta el más reciente, el de Sallivan. Vallaria estaba siendo invadido, pero lo más preocupante e insólito del asunto era por quiénes…

- General Kraugh. – Pronunció abruptamente el rey, alzando su mirada hacia el general de cabellos rojos. – Dígame de una vez, ¿quiénes son estos invasores? ¿A quién o qué nos estamos enfrentando? ¿A demonios, monstruos o simplemente a algún otro reino enemigo desconocido?

Esa era la pregunta más delicada de todo aquello. Si un reino enemigo los invadía, atacaba o amenazaba, sabían qué hacer, sabían cómo lidiar con eso. Estaban preparados y equipados para poder enfrentarse a cualquier enemigo convencional… Pero éste que los atacaba era todo menos convencional.

-  No sabemos por completo de qué se trata, su majestad. – Contestó el General Kraugh con algo de pesar en su tono. – Hasta el momento cualquiera de esas opciones podría ser la correcta. Pero está casi confirmado que son los mismos que han estado causando tanta destrucción en el Otro Continente durante los últimos ocho años. Sólo sabemos, basados en las noticias que tenemos del otro lado del mar, y por los combates que hemos tenido con ellos, que cuentan con armas y tecnología muchísimo más poderosas que la nuestra. Las armas convencionales son inútiles ante ellos, tanto que los Reinos de Guran, Hirand y Potterus en el Otro Continente, no pudieron hacer nada.

- Y Batael se encuentra lidiando con ellos al igual que nosotros en estos momentos. – Agregó otro de los generales, un hombre delgado de cabello negro y corto, casi como un susurro.

- ¿Pero qué es lo que quieren exactamente? – Cuestionó el general de de cabellera calva, algo exasperado. – Escuché que no conquistan, no toman territorios, no roban tesoros, ni siquiera matan deliberadamente… Sólo avanzan, destruyendo pueblos y tomando a las personas cómo sus prisioneros, sin pedir nada a cambio por ellos siquiera. ¿Por qué?, ¿para qué?

- Me temo que eso tampoco lo sabemos aún.

- ¡Esto es una locura! – Exclamó el mismo general con fuerza, chocando sus manos contra la mesa. – ¿El Gran Reino de Vallaria se está haciendo en sus pantalones por un ejército de animales de peluche gigantes y payasos?

Era hasta ridículo decirlo en voz alta, pero esa era la realidad. Cuando llegaban los rumores del otro lado del mar que describían una situación así en aquellos reinos, todos lo tomaron como una ridiculez, como una broma o un absurdo cuento. Pero ahora ahí estaban: seres de extrañas apariencias y gran poder, atacando sus pueblos y a su gente, y no eran capaces de detenerlos.

- Todo esto es absurdo. – Comentó otro de los generales, frotándose las sienes con sus dedos. – Pero si no los hubiera visto yo mismo en Santa Yamillia no lo creería. ¿Qué son estás cosas?
- Todo esto tiene ser algún tipo de pesadilla.

- ¿Habremos hecho algo para enfurecer tanto a Gaia?

Todos en esa habitación estaban llenos de angustia y confusión. Sabían que cada segundo que pasaba era probable que otro pueblo fuera atacado. El más afectado por todo eso, era sin duda el Rey, que se sentía totalmente frustrado e impotente por no poder hacer algo para salvar su reino. ¿De verdad no había nada que hacer?

- Su Majestad. – Oyó que la voz de Kraugh le llamaba, obligándolo a alzar su mirada de nuevo. – La verdad es que hasta ahora hemos tenido mayor suerte que en el Otro Continente. Además de Sallivan, hay otros tres pueblos que se han casi salvado de estos ataques, pero por intervención externa.
- ¿Intervención externa?

Kraugh asintió con su cabeza, y su expresión se endureció más de lo que ya estaba.

- Hasta ahora, parece que “ellos” son los únicos que pueden hacerles frente, los únicos que pueden resistir un combate contra estas criaturas.

El rey guardó silencio, poniendo un semblante serio y pensativo ante la información que acababa de recibir. Se recargó por completo contra su silla y se frotó sus ojos con sus dedos.

- Con que ellos, ¿eh? – Murmuró en voz baja, y luego bajó sus dedos, alzando de nuevo su mirada hacia la mesa. – Esos chicos... Los Paladines de Ambar....

- - - -

- ¡¡Aaaaaaaaargh!! – Rugió con mucha fuerza al estar parado ante ellos, y su gritó hizo resonar el bosque entero.

- ¡¡¿Pero qué diablos es esa cosa?!! – Exclamó atónito el caza recompensas, sin poder evitar retroceder  un poco por la impresión.

La enorme criatura, de más de tres metros que se encontraba erguida ante él era... Un mono... O algo similar. Era un mono gigante, café, de ojos grandes y rojos, con una amplia sonrisa aterradora que enseñaba todos sus dientes. Y por si eso no era suficiente, usaba unos pantalones anchos verdes, un chaleco dorado y tenía pegado a cada mano un extraño plato dorado al parecer hecho de metal, de forma circular. Era... algo realmente singular...

- ¿Otro de esos extraños animales? – Murmuró confundido el caza recompensas y sin espera se dio media vuelta, y comenzó a correr. – ¡Vámonos de aquí!, ¡rápido!

Xyon avanzó un par de metros antes de darse cuenta de que estaba corriendo solo. Se frenó golpe y se giró hacia atrás, sólo para ver como Elly, en lugar de seguirlo, se había puesto de pie con firmeza frente aquella extraña criatura.

- ¡¿Qué haces?! – Le peguntó confundido. –  No, no querrás otra vez… - Antes de que pudiera decir algo más, Elly alzó sus ala con fuerza y se elevó rápidamente en el aire, dirigiéndose como bala contra aquel monstruo. – Sí, sí quiere volver a pelear….

La chica de alas de acero parecía aún tener mucha rabia acumulada contra Xyon, y la quería liberar contra aquel mono. Pero éste no se lo iba a dejar fácil. Cuando ya estaba prácticamente frente a su rostro, alzó su brazo izquierdo lo abalanzó contra ella, amenazándola con su platillo. Elly se paró en seco y retrocedió en el aire, esquivando el ataque, aunque éste le pasó tan cerca que el aire movido por éste agitó sus cabellos. El mono de inmediato empezó a atacarla con su otro brazo, luego de nuevo con brazo izquierdo, y así sucesivamente, uno detrás del otro.

Elly se movía con agilidad, flotando de un lado a otro como una rápida luciérnaga. Los brazos de aquel ser eran tan fuertes que tumban los árboles que alcanzaba a golpear, y sus platillos tan filosos que cortaban las ramas y los troncos. Pero ella no se intimidaba en lo más mínimo. Luego de estarlo esquivando por un rato, bajó en picada hasta casi tocar el suelo, pero luego giró hacia el frente, para pasar volando por entre las piernas de su oponente. El mono se tiró de golpe al piso, intentando sentarse sobre ella cuando estaba pasando, pero no la pudo alcanzar y Elly logró colocarse detrás de su oponente sin problema. Una vez del otro lado, rápidamente se le lanzó encima desde sus espaldas, esperando que por su posición fuera muy sencillo alcanzarlo.

Sin embargo, para sorpresa de la joven, no le fue tan fácil. Ante sus ojos, la cabeza del mono dio una vuelta de 180 grados, volteándose por completo hacia ella aunque estuviera justo a sus espaldas. Elly se sorprendió mucho ante esto e intentó frenar, pero antes de que pudiera hacerlo por completo la enorme boca del mono se abrió de par en par y, al igual como hacían aquellos osos, una esfera de energía rojiza se formó entre sus fauces, para luego alargarse en un rayo hacía ella. Elly dio un giro algo brusco en el al aire para esquivarlo, pero el sólo roce contra su ala izquierda la sacó de equilibrio y la hizo girar sin control en el aire para luego caer en picada.

- ¡¡Elly!! – Exclamó con fuerza mientras caía, aunque seguía esforzándose por recobrar el control.

De pronto, mientras seguía acercándose al suelo, pudo ver por el rabillo de ojo cómo la rápida y ágil silueta de su acompañante se dirigía corriendo hacia ella a toda velocidad, daba un largo salto en el aire y la atrapaba en sus brazos, para luego los dos descender al césped con delicadeza. Elly se quedó sorprendida ante esto, y en cuanto estuvieron seguros lo volteó a ver incrédula. Pero claro, el caza recompensas no dejó que esa imagen heroica durara mucho, pues un segundo después de descender, la soltó abruptamente, casi “tumbándola” al suelo.

- ¡¿Por qué te gusta causarme tantos problemas?! – Le gritó furioso. – ¡¿Te gusta ser héroe?! Pelear contra osos de peluche es una cosa, ¡pero este es un mono gigante!, ¡¿Qué tienes pensado hacer contra eso?!

- Elly… - Suspiró ella con desanimo, agarrándose su cabeza y volteándose a otro lado.

- ¿Qué se supone que significa eso? Quisiste decir algo malo de mí, ¿cierto?

El fuerte rugido del mono los hizo reaccionar y olvidarse de esa discusión por unos momentos. Ambos alzaron su mirada y notaron como el mono se había lanzado al aire de un salto, y se había colocado sobre ellos, para luego intentar aplastarlos con todo su peso. Los dos se movieron rápidamente, cada uno a un diferente lado, y el mono cayó como roca, clavando sus dos pies en la tierra y haciéndola resonar.

Xyon rodó en el suelo luego de lanzarse y de inmediato se giró hacia el mono. En todo ese tiempo no había soltado su espada ni un sólo instante; eso era algo que había aprendido a raíz de muchos combates: cómo nunca soltar su arma. Mientras el mono se recuperaba de nuevo luego de su último movimiento, y se preparaba para volver a atacar, Xyon intentó analizar la situación en su cabeza lo más rápido posible.

- “¿Por qué estos extraños animales nos atacan directamente a nosotros?” – Se preguntaba así mismo el caza recompensas, y no podía evitar voltear a ver de reojo a la chica de negro. –  “¿Será que nos están siguiendo? ¿O siguiéndola a ella?”

El mono alzó sus brazos y se empezó a mover de un lado a otro, rugiendo y gruñendo como loco. Entonces, pareció cambiar de estrategia, y de la nada colocó sus brazos hacia los lados y empezó a girar con mucha rapidez de golpe, y luego empezó a moverse como un trompo. Los platillos de sus manos chocaban contra los troncos, partiéndolos o dañándolos. Ramas empezaron a volar por todos lados, y los árboles empezaron a caer hacia ellos.

Cada uno por su lado empezó a correr para esquivarlos. Xyon corría con la vista en el frente y oía los troncos caer a sus espaldas contra el suelo. Huir de ese sitio le parecía la mejor idea, pero esa tipa no parecía nada dispuesta a hacerlo. ¿Y por qué no huía de ahí él solo?, no tenía ninguna obligación de permanecer ahí de su niñera. Si ella quería quedarse y pelear, era su problema, no el suyo. ¿Por qué no se iba…?

Esos pensamientos lo distrajeron por un sólo instante de la pelea, y ese sólo instante fue casi fatal. El mono se dirigió girando con rapidez en su contra, a punto de embestirlo.

- ¡Elly! – Gritó la chica de negro para advertirlo.

Era difícil para Xyon saber si ese “Elly” era para él o no, por lo que incluso luego de oírla tardó un tiempo en poder reaccionar. Al voltearse, lo primero con lo que se encontró era con la enorme figura del mono girando con rapidez hacia él. Intentó lanzarse a un lado para esquivarlo, pero no lo logró, y terminó siendo golpeado por el giro de las piernas del mono, y éste impacto lo empujó con mucha fuerza por los aires, hasta que su espalda se estrelló contra uno de los árboles más cercanos.

- ¡Ah! – Gimió de dolor por el golpe, y luego cayó de narices de nuevo al suelo.

- ¡Elly!, ¡Elly! – Pronunció con preocupación la joven, y rápidamente se dirigió flotando hacia él.

Elly descendió a su lado, y lo miró con angustia de arriba abajo. Lo giró con cuidado con sus manos para ponerlo boca arriba, y luego intentó alzarle la cabeza. Él tenía los ojos cerrados, y tenía un gran golpe en la frente.

- Elly… - Murmuró muy despacio, llena de inquietud.

- Deja de decir esa maldita palabra... – Escuchó como el caza recompensas pronunciaba apenas con un hilo de voz. – Honestamente... ya me duele la cabeza de oírte… O tal vez es el golpe…

- ¿Elly?

Era algo alentador ver que podía seguir siendo molesto y sarcástico; debía estar bien. Xyon se sentó poco a poco a duras penas, agarrándose su cabeza con una mano. No parecía lastimado por el golpe y la caída, más que nada se veía aturdido; en verdad tenía la cabeza dura.

El mono volvió a rugir con fuerza, indicándole de esa forma que no tenía tiempo para descansar. Apoyándose en su espada, se comenzó a levantar por completo, aunque batallaba un poco. En ese momento sintió como Elly lo tomaba de su brazo y lo jalaba con fuerza hacia arriba. ¿Lo estaba ayudando a pararse? Al principio no opuso resistencia, pero en cuanto estuvo de pie prácticamente le arrebató su brazo y se alejó un poco de ella.

- ¡Yo puedo solo! – Exclamó con fuerza, y entonces alzó su espada y su mirada hacia el mono.

Elly lo miró con ligera molestia, pero no le puso más importancia al asunto; había cosas más primordiales que atender. El Mono gigante gruñó con fuerza e hizo chocar los platillos de sus manos de pronto, creando un ruido muy estridente que ambos sintieron que le taladraba los oídos por dentro. Xyon se tapó un oído con una mano, pero no podía hacer lo mismo con el otro sin soltar su espada; algo similar le ocurría a Elly, pues uno de sus brazos era una espada en esos momentos.

- ¡¿Ese es tu gran ataque?! – Le gritó con fuerza al ver que el mono seguía haciendo lo mismo sin parar. – ¡Necesitarás más que eso, Mono Idiota!

Casi como respuesta a sus palabras, el mono se detuvo, pero inmediatamente después hizo sus brazos por completo hacia atrás para tomar impulso, y luego jalar sus manos con gran velocidad hacia el frente, chocando sus platillos ahora con mucha más fuerza, no sólo causando un sonido mucho más estridente, sino además creado una onda de aire hacia todas direcciones, que los golpeó de frente por completo y los mandó a volar por los aires por sí sola.

- ¡¿Qué demonios...?! – Exclamó sorprendido el caza recompensas mientras era empujado.

- ¡¡Elly!! – Agregó, acompañándolo en su “viaje”.

Tuvieron suerte de no chocar contra ningún árbol y poder caer a tierra firme de forma casi segura. Mientras intentaban recuperarse, Elly lo miró de reojo con algo de molestia. No necesitó hablar para indicarle al caza recompensas que le estaba diciendo “bien hecho, genio” con esos ojos.

- ¡¿Ahora fue mi culpa?! ¡¿Cómo iba a saber que podía hacer eso?!

Habían empezado en desventaja y seguían en desventaja, y antes de que pudieran pensar en su siguiente movimiento, el mono se abalanzó hacia ellos, comenzando de nuevo a derribar cuanto árbol encontraba a su camino con sus fuertes brazos.

- ¡¿Ahora sí podemos correr?! – Preguntó rápidamente.

- ¡Elly! – Fue la respuesta de ella, que al parecer fue un sí, pues de inmediato se giró y comenzó a alejarse volando a toda velocidad, seguida desde atrás por Xyon.

Sólo eran capaces de oír los ruidos de destrucción detrás de ellos mientras avanzaban a toda velocidad con su atención fija en al frente. Ni siquiera sabía a dónde corrían, o en qué dirección, si volverían al camino o se estaban adentrando más al bosque, pero tampoco pensaban mucho en esos detalles en esos momentos.

- ¡Oye!, ¡tengo una idea! – Murmuró de pronto el chico cabellos naranjas sin detenerse. – Tómame y elevémonos, de seguro no sabe volar.

- ¿Elly? – Exclamó ella, volteándolo a ver confundida.

- ¡¿Qué?!, ¡¿me entendiste o no?! ¡Anda!, ¡levántame!

Elly se quedó quieta varios segundos, tal vez dudosa en hacer lo que le pedía, o confundida por que le hiciera esa petición, pero fuera como fuera lo hizo. Se colocó detrás de él, lo abrazó fuertemente haciendo sus brazos hasta el frente y entonces hizo que se elevaran rápidamente entre las ramas de los árboles.

- ¡Ah!, ¡aún no estaba listo! – Gritó con algo de miedo mientras pataleaba en el aire; no pensó que volar se sintiera tan raro, y más fue su miedo al salir por arriba de las copas de los árboles y ver todo el enorme bosque debajo de sus pies. – ¡Aaaaaah!, ¡no me sueltes!, ¡¿oíste?!

De manera inconsciente intentó aferrarse a ella hasta con sus uñas si era necesario. Elly rió divertida ante las reacciones del chico.

Parecía que estaban a salvo, o al menos en un inicio, pues unos segundos después, rayos de energía rojiza, uno detrás del otro, comenzaron a salir volando desde el interior del bosque, atravesando las ramas de los árboles y comenzando a atacarlos; el Mono no se rendía. Elly empezó a maniobrar de un lado a otro para esquivarlos, y sus movimientos bruscos no hacían más que poner más nervioso al caza recompensas.

- ¡No te muevas tanto!, ¡me vas a tumbar!, ¡no!

- ¡Elly!

No era lo mismo moverse libremente en el aire ella sola que hacerlo cargando a alguien más; era cuestión de tiempo para que alguno de sus movimientos no fuera el adecuado. Un rayo de energía la golpeó con fuerza en su pierna derecha, destruyéndole esa parte de su vestido, y al mismo tiempo al parecer lastimándola mucho.
- ¡Elly! – Exclamó con dolor, apretando sus ojos con fuerza. El impacto la hizo perder el control y comenzó a girar en el aire con rapidez.

- ¡Oye!, ¡¿Qué haces?!
Ambos empezaron a descender cada vez más rápido. Elly intentó recuperar altura, pero no lo lograría antes de que se chocaran contra la copa de los árboles. Sin embargo, antes de que eso pasara, hizo algo que tomó por sorpresa a su compañero. Rápidamente se volteó en el aire, de tal forma que su espalda estaba hacia abajo y Xyon hacia arriba, y rápidamente se aferró a él con mucha fuerza con sus brazos y pierna... como si lo estuviera protegiendo con su cuerpo.

- ¡¿Elly?! – Cuestionó confundido, intentando voltear a verla. – ¿Pero qué....?

Sus palabras fueron interrumpidas por el sonido del cuerpo de Elly chocando contra las primeras ramas, y luego contra otra y otra, luego incluso rebotando entre un tronco y otro, pero siempre siendo su cuerpo el que recibía los golpes, no permitiendo que él resultara lastimado. Siguieron cayendo, hasta chocar contra el suelo, y de nuevo Elly lo protegió amortiguando su caída, dejando que su cuerpo fuera el que chocara contra la tierra y él quedara sobre ella.

Silencio, un abrumar silencio se sumió a su alrededor en esos momentos. Xyon parecía incapaz de reaccionar o de darse cuenta de lo que había ocurrido. Lentamente comenzó a levantarse, poniéndose de rodillas en el suelo, y luego mirando a su alrededor, totalmente estupefacto. Tenía algunos raspones en los brazos y hojas en el cabello, y su capa se había roto más de lo que ya estaba, pero fuera de ello parecía estar perfecto.

- ¿Estamos vivos? – Murmuró en voz baja, y por mero reflejo tocó su cuerpo con sus dedos para verificarlo.

Un segundo después reaccionó por completo y de inmediato se giró hacia Elly, que estaba tirada en el suelo justo frente a él. Su vestido negro se encontraba rasgado de diferentes partes debido a la caída, y tenía raspones y cortadas por todo el cuerpo, y algunas de ellas le sangraban levemente, además de una quemadura en su pierna donde le había pegado el rayo. Tenía los ojos cerrados y respiraba con debilidad.

- ¡¿Elly?! – Exclamó con fuerza y se le acercó, alzándola con cuidado en sus brazos – Oye, ¿me escuchas?, ¡Elly! ¡Eres una Idiota!, ¡¿por qué hiciste eso?! ¡Se supone que yo soy quien te tiene que proteger a ti!

- Elly... – Susurró muy despacio, apenas audible, y le sonrió levemente, abriendo ojos de nuevo.

Al parecer su cuerpo era muchísimo más resistente de lo esperado. Una caída de esa altura y unos golpes como los que había recibido, hubieran terminado por dejar a cualquiera con el cuerpo destrozado; pero ella parecía estar bien, hasta dónde podía decirse.

- ¡Maldición! Eres una… ¡Boba!

Xyon no lo admitiría, pero la verdad era que se sentía culpable. Él había sugerido que se fueran volando, aún cuando ella parecía tener sus dudas al respecto. ¿Ella sabía que eso ocurriría? Y luego recibió todos esos golpes para que él no se lastimara. ¿Cómo se suponía que debía sentirse luego de eso?

De nuevo el molesto y desesperante rugido del mono se hizo presente, seguido del sonido de golpes y árboles cayendo. Xyon se llenó de rabia al oírlo acercarse hasta donde estaban, y sin miedo se paró, se dio media vuelta y alzó su espada, listo para recibirlo de frente sin temor. Elly se alzó un poco, volteándolo a ver extrañada. Él se había colocado de pie frente a ella, casi como si estuviera intentando protegerla. ¿Habrá sido mera casualidad?, ¿o realmente…?

Xyon miró con detenimiento como la enorme figura de aquel monstruo se dirigía directo hacía él, pero no se movió en lo más mínimo. Apretó sus manos con fuerza contra su mango, y plantó sus pies en tierra con fuerza.

- ¡¿Te crees muy malo, mono horrible?! – Le gritó. – ¡Anda!, ¡ven! ¡Te voy a enseñar quien es el gran Xyon!, ¡¿Qué estás esperando?!

- ¡¡Graaaaaaaaargh!! – Escuchó como él rugía como respuesta

El mono se abrió pasó con gran velocidad hasta posarse de lleno ante él. Xyon se preparó, listo para lanzársele encima y atacarlo con todas sus fuerzas. Tal vez no podía volar, tal vez sus brazos no se hacían espadas, pero tenía muchos trucos bajo la manga para acabar con enemigo más fuertes y grandes que él, y esa no sería la excepción. Se preparó. Flexionó sus rodillas para tomar impulso, justo cuando él se disponía a atacar. Pero…

- ¡Flarore!, ¡ataca! – Resonó con fuerza de golpe, y desde el costado izquierdo del mono, una fuerte llamara se dirigió contra él, cubriéndolo casi por completo y haciéndolo retroceder hacia un lado.

El mono gritó y gimió, y se tiró al suelo, rodando de un lado a otro para apagar el fuego que lo cubría. Xyon, por su parte, parpadeaba confundido al ver esta escena, sin entender que era lo que había ocurrido. De la nada, tres siluetas parecieron correr a toda velocidad en su dirección, para luego colocarse de pie entre él y el mono, dándole la espalda. Eran tres personas, paradas lado a lado ante él. El primero de la izquierda tenía una larga cabellera castaña, el de en medio usaba una larga… y familiar capa blanca, y el de la derecha tenía cabello azul largo… Y lo que al parecer era una… ¿cola?

- ¿Y ustedes quién demonios son? – Murmuró en voz baja sin salir de su asombro.

- ¿Ya no me reconoces? – Pronunció el que estaba parado en medio, y entonces se giró a verlo sobe su hombro, mostrándole su rostro, más de la mitad cubierto por ese extraño casco rojo. – Una vez más te salvo de ser aplastado como uva, chico.

Los ojos de Xyon se abrieron de par en par ante la sorpresa, pero de inmediato se llenaron de una profunda y enorme rabia.

- ¡¿Qué?!, ¡¿tú otra vez Paladinucho?!

- ¿Paladinucho? – Rió divertida quien estaba parada a su derecha, que al parecer era una mujer. – Nunca había oído esa palabra. Supongo que es el caza recompensas bobo que decías, ¿no?

- ¡¿Caza recompensas bobo?! – Repitió molesto. – ¡¿Se puede saber que haces tú aquí?! ¿Y quiénes son estos sujetos?

En efecto, era ni más ni menos que Rick, el mismo sujeto que hace dos días se había entrometido en su combate contra el Ogro en Sallivan. Traía la misma armadura, la misma capa, y la misma espada brillante rojiza; la única diferente era que ahora estaba acompañado de otros dos sujetos más.

El mono se alzó de un salto una vez que el fuego se apagó. Volteó a ver a todos lados con molestia y entonces divisó a los tres extraños, comenzando a gritar con furia.

- Explicaciones para luego, Rick. – Comentó el hombre de cabellos castaños que estaba a su izquierda, mientras hacia su mano izquierda hacia arriba, revelando un brazalete dorado que traía en su muñeca, con una gema grande color amarillo brillante en ella.

El mono se les lanzó encima como fiera salvaje, y los tres parecieron ponerse rápidamente a la defensiva.

- ¡Helios!, ¡Amelia! – Exclamó con fuerza Rick, y ante su grito, los tres parecieron prácticamente desaparecer de enfrente de Xyon en un parpadeó.

- ¿Qué? – Exclamó sorprendido el Caza Recompensas, y rápidamente alzó su mirada. Los tres no habían desaparecido, sino que se habían elevado a una gran altura por encima del mono.

- ¡Aquallirus, despierta! – Pronunció Amelia con fuerza, y la gema azul de su cinturón comenzó a brillar, y colocando una mano sobre ella Xyon pudo notar una extraña energía parecía surgir de ella, hasta materializarse y alargarse fuera de la gema. Ella la tomó y la jaló rápidamente, revelando como esa energía se convertía en una brillante espada alargada de hoja delgada y con algunos grabados ondeantes en ella.

- ¡Ventiz, despierta! – Dijo Helios casi al mismo tiempo, y le gema amarilla de su muñequera pasó prácticamente por el mismo proceso, expulsando el mismo tipo de energía, y convirtiéndose en una espada un poco corta, de un protector amplio y dorado que asemejaban unos cuernos.

¿Más de esas espadas mágicas? Xyon había visto que Rick hizo lo mismo en la cueva del Ogro, materializar una espada de la gema de su mano. Le parecía recordar que había explicado algo al respecto, pero la verdad no le había puesto mucha atención. Lo único importante en esos momentos era que esos sujetos también tenían una espada como él. ¿Eso significaba que ellos también eran… Paladines?

El mono alzó sus brazos y rápidamente hizo juntar sus manos para aplastar a Amelia entre sus platillos, como si fuera una persona intentando aplastar una mosca. La joven rápidamente dio una maroma en el aire esquivando los platillos, y pareció aprovechar el impulso de aire que el choque de estos causó para moverse hacia el frente y posarse sobre la cabeza del mono como si nada. El mono por simple reflejo dirigió su platillo izquierdo hacia su cabeza para golpearla, pero Amelia volvió a saltar para esquivarlo, haciendo que el mismo se golpeara con fuerza con su propio platillo, dejándolo aturdido.

- ¡Relámpago! – Gritó la voz de Helios mientras descendía hacia su enemigo y extendía su espada hacía él. La hoja de su arma empezó a brillar con intensidad, y un fuerte e intenso relámpago, igual a los que surgen en el cielo en días de lluvia, se alargó hacia el mono, golpeándolo y cubriendo todo su cuerpo con un fuerte choque eléctrico que lo hizo retorcerse y gritar.

Luego de unos minutos, el efecto del relámpago se había apaciguado, aunque todo su cuerpo parecía estar cubierto de humo. Empezó entonces a caer hacía atrás sin oponer resistencia. Amelia, luego de saltar de su cabeza, había caído al suelo justo detrás de él, por lo que parecía que iba ser aplastar por el enorme cuerpo del monstruo. Pero ella no hacía el menor intento por quitarse de ese sitio o de esquivarlo; al contrario, se veía tranquila, y serene, viendo como se le acercaba. Entonces, alzó su mano izquierda hacia arriba, extendiendo toda su palma hacia él.

- ¡Hielo! – Gritó con fuerza, y su espada empezó a brillar. Todo a su alrededor de cubrió de una densa neblina fría que giraba con fuerza entono a ella, para luego alargarse por completo hacia el mono y cubrirlo de pies a cabeza.

Xyon miró sorprendido como todo el cuerpo de aquel extraño ser empezaba a cubrirse poco a poco se escarchas de hielo, cada centímetro de él en tan sólo un segundo, y cada vez más rápido, hasta convertirse prácticamente en una estatua de hielo inmóvil, con el cuerpo inclinado hacia atrás por la caída que estaba teniendo, pero ahora congelado en el tiempo en la misma posición, totalmente inmóvil.

Lo siguiente que ocurrió fue que Rick se posó sobre el pecho del mono, encajando la hoja de su arma  en el hielo hasta casi introducir la mitad de ésta.

- ¡Explosión! – Fue el turno de Rick de gritar. Al igual que con el resto, su espada resplandeció a su grito, y todo el interior de hielo empezó a brillar con fuerza como la luz de una antorcha.

Rick se alejó rápidamente de un salto del mono, y mientras estaba suspendido en el aire, literalmente la estatua de hielo ante ellos hizo explosión en pedazos. Pedazos de hielo volaron por todas direcciones, algunos estuvieron incluso cerca de golpear a Xyon. Además del hielo, también volaban pedazos de lo que al parecer era aquel mono. Pedazos de su cuerpo, sus brazos, sus piernas, su cabeza, incluso le pareció ver que uno de los platillos giraba con fuerza en el aire y se quedaba clavado contra un árbol. También había extraños pedazos de metal de gran tamaño, que volaban y luego caían en picada al suelo como granizo. El mono había sido destruido por completo…

Los tres paladines estaban de nuevo en tierra y reunidos en el centro de todos los restos de su último contrincante, y miraban las diferentes partes que habían quedado con algo de curiosidad. Rick tomó su casco y se lo retiró, revelando su cabellera negra. Su expresión era seria y algo fría.

- Sin duda era uno de ellos. – Señaló, agachándose y tomando un pedazo de metal oscuro, y analizándolo de lado a lado.

- Era un mono gigante con pantalones, ¿te quedaba alguna duda? – Comentó Amelia con un tono de broma.

- Aún así es la primera vez que vemos uno con esa forma. – Agregó Helios, colocando una mano en su barbilla. – Me pregunto cuántos tipos diferentes habrá.

Mientras ellos inspeccionaban y hablaban entre ellos, parecían haberse olvidado de que había otras dos personas ahí. Xyon y Elly habían visto todo desde lejos, y cada uno parecía impresionado a su modo. Esos sujetos no sólo habían derrotado a esa cosa: lo habían hecho pedazos. Y no sólo lo habían derrotado y hecho pedazos, encima de todo lo habían hecho en un instante, sin el menor problema, sin el menor daño a ellos, de manera perfecta.

- Elly. – Murmuró sorprendida sin apartar sus ojos de ellos; parecía que su hazaña la había sorprendido demasiado.

Por su lado, era obvio que Xyon no compartiría su mismo entusiasmo. En lugar de eso, estaba parado con los brazos cruzados, mirando todo con una notoria expresión de enojo. Evidentemente no le agradaba en lo más mínimo que el mismo presumido del día anterior se presentara de pronto a lucirse de nuevo en sus narices.

- De nuevo usando tu maldita magia pagana, ¿eh? – Pronunció lo suficientemente fuerte para que lo escucharan, y los tres se voltearon hacia él al mismo tiempo. – ¡¿Qué les hace pensar que necesitaba de su ayuda?!, ¡en especial la tuya, engreído de armadura afeminada! ¡¿No tienes a alguien más a quien molestar?!

- ¡Elly! – Dijo con fuerza la joven detrás de él, como si lo estuviera regañando por lo que decía.

- ¡Tú no te metas! Eres mujer, así que no puedes ser parcial. Todas ustedes enloquecen por una cara bonita y dientes perfectos.

- ¿Elly?

Mientras Xyon seguía parloteando, y a su manera discutiendo con Elly, los tres Paladines parecían tener su atención puesta en otra cosa. No les parecía molestar todo lo que Xyon decía, de hecho casi ni lo notaban. Las miradas serenas y duras de los tres estaban fijas justo en esa otra persona, en la chica de vestido negro que estaba con él. No se fijaban en sus heridas o en sus ropas rotas; en lo que se fijaban era en esas grandes alas de acero que se encontraban en su espalda, y en ese brazo en forma de hoja de espada que tenía…

La expresión de Rick se endureció mucho más conforme seguía analizándola desde su posición. La forma de las alas, su material, como se movían, esas pequeñas luces que despedía, la hoja de su espada de acero oscuro... No tenía ninguna duda.

- Oigan, ¡¿me están oyendo?! – Les gritó Xyon luego de un rato de qué ninguno le contestara nada a sus palabras, pero el resultado fue el mismo.

- Amelia. – Pronunció Rick de golpe, y volteó a ver sobre su hombro a la chica de azul detrás de él.

Ella asintió con su cabeza como indicación de que entendía. En ese momento clavó sus ojos como agujas en Elly, la cual se sorprendió ante esto, pero al parecer había entendido que algo no estaba bien.

- ¡Burbuja de Agua! – Gritó  Amelia con fuerza, extendiendo su mano izquierda hacia ella.

Su espada brilló con fuerza como respuesta a sus palabras, y antes de que pudieran siquiera intentar comprender que ocurría, el cuerpo de Elly comenzó a ser rodeado por agua que parecía surgir de la tierra, envolviéndola por completo, hasta formar una gran esfera de agua que flotaba en el aire, con Elly flotando en su interior.

- ¡¿Qué?! – Exclamó atónito el caza recompensas, dando un paso hacia atrás por mero reflejo. – ¡Oye!, ¡¿Qué están haciendo?!

Elly abrió la boca como queriendo decir algo, pero de ella sólo surgieron burbujas de agua. Rápidamente intentó moverse en el interior de la esfera de agua, buscando salir a toda costa de ella, pero no le dieron tiempo de hacer algo como eso.

- ¡Hielo! – Exclamó con fuerza la chica de cabello azul, y su espada volvió a brillar, al tiempo que la esfera flotante de agua comenzó a solidificarse rápidamente, desde abajo hacia arriba, convirtiéndose entonces en una esfera de puro hielo blanco, ocultando en su interior la figura de su prisionera.

- ¡Elly!

Xyon intentó acercarse a la esfera, pero ésta se elevó y luego pasó volando justo sobre su cabeza para luego dirigirse directamente hacia los tres Paladines, posándose delante de ellos. El hielo envolvía por completo a la chica, tanto que prácticamente era imposible verla desde el exterior.

- ¿Segura que no puede escapar de eso? – Cuestionó Rick, dándole unos pequeños golpecitos al hielo con sus nudillos; parecía bastante sólido.

- Funciona con monstruos. No es el mismo hielo que uso contigo, éste es más resistente. Pero por si las dudas, deberíamos de darnos prisa.

Rick asintió de forma afirmativa, y entonces él y los demás parecían dispuestos a irse en ese momento. Sin embargo, se había olvidado de algo, o más bien de alguien.

- ¡Oigan! – Gritó Xyon con fuerza, llamando su atención. – ¡¿Qué creen que están haciendo?!, ¡¿qué tienen pensado hacerle?! ¡Sáquenla de esa cosa ahora!

- No te entrometas, chico. – Contestó el Paladín de armadura roja, mirándolo de reojo. – Nosotros nos encargaremos de esto desde ahora.

- ¿Encargarse de qué? ¡Esta chica está a mi cuidado! Me pagaron para que buscara a su familia, ¡¿quién se creen ustedes para hacerle eso?!

- Eres un tonto. Te estoy ahorrando trabajo innecesario. No encontraras a ningún familiar de esta chica, ni aquí ni en ningún otro lado.

- ¿Qué?

Xyon pareció no entender esas palabras. ¿A qué se refería con eso?, ¿acaso ellos sabían quién era Elly?, ¿sabían de dónde era? Había algo raro en su forma de actuar y hablar... ¿de qué se trataba todo eso?

- ¿A qué te refieres con eso? ¿Ustedes la conocen?

Rick suspiró con cierto cansancio, y se frotó sus ojos con sus dedos delicadamente. Parecía intentar buscar la forma adecuada de explicarse, pero al final decidió ir directo al grano.

- Escucha, la razón por la que no encontraras ninguna pista de quién es esta chica es simple. – En ese momento alzó su mirada de nuevo hacia él, y Xyon pudo notar una notoria seriedad reflejada en su semblante. – Esta chica no es una chica, ni siquiera es humana… Es una máquina…

- ¿Eh? – Exclamó confundido el caza recompensas, aún más confundido que antes.

¿Había escuchado bien? ¿Acaso acababa de decir que Elly no era humana?, ¿que era... una máquina...? Lentamente giró su cabeza hacia la esfera de hielo que flotaba a su lado. Era incapaz de verla, pero sabía muy bien que estaba ahí, inmóvil, atrapada, indefensa. ¿Era eso algún tipo de broma...?

- ¿Una máquina? – Repitió muy despacio, intentando comprender el significado de tal afirmación, pero al parecer no lo conseguía. – ¡¿De qué demonios estás hablando, tarado?! ¿Una máquina como un tren o un barco de vapor? ¿Usas tanto tu casco que éste te aprieta el cerebro o qué? ¡Por supuesto que es una humana! ¿O es que sabes tan poco de mujeres que las confundes con trenes?

Por si los comentarios hirientes de ese sujeto no fueran ya de por si suficientemente molestos, Rick escuchó como sus dos amigos ahogaban una ligera risa como respuesta a ellos, sobre todo Amelia. ¿Les parecía divertido? ¿Qué nadie estaba tomando enserio esa situación más que él? Respiró lentamente intentando tranquilizarse y no desear romperle la cara a ese tipo.

- ¿Cómo que de qué estoy hablando? Tú mismo has visto sus alas de acero y como transformaba sus manos en espadas, ¿o no?

- Sí, ¿y eso qué? Trucos de magia pagana, ¡como los de ustedes! – Respondió de inmediato, señalándolos con su dedo índice. – Tú lanzas fuego, aquel arroja rayos, y ella congela cosas… ¿Y eso es una cola?

Amelia miró de reojo sobre su hombro, mirando a su propia cola ondeado a sus espaldas de un lado a otro, aunque luego de que se la señalaran pareció apenarse un poco y la bajó, ocultándola detrás de su espalda. Parecía que realmente era parte de su cuerpo y no un adorno. ¿Pero cómo era eso posible?

- Bueno, creo él tiene un buen punto, Rick. – Señaló Helios, que continuaba sonriendo con despreocupación.

- ¡No!, no lo tiene. Las habilidades de esta chica no son magia, es algo más complicado que eso. Hemos visto habilidades y partes de metal similares a esas antes. Esta chica sólo puede ser una creación de las mismas personas que mandaron los osos que viste en Sallivan, y a este mono gigante.

De nuevo Xyon se quedó en blanco. ¿De qué estaba hablando? ¿Las mismas personas que enviaron a los osos y al mono? Quitando el hecho de que con eso le aseguraba que en efecto los osos y el mono tenían la misma procedencia, lo cual podría haber sido algo lógico... ¿A qué se refería con que Elly era una creación igual que ellos? Entonces recordó cuando estaban peleando en Sallivan, y como al cortar a aquellos osos su interior se veía metálico, y compuesto de diferentes partes extrañas... ¿cómo una máquina? ¿Esos osos eran máquinas? Entonces volteó a su alrededor, mirando todos los restos del mono en el suelo. No había sangre, no había carne, ni viseras… no había nada perteneciente a un ser vivo. Sólo pedazos de metal, metal oscuro… Igual al de las alas y espadas de Elly. Xyon pareció sorprenderse al notar esto. Entonces, ¿ese mono también era una máquina? ¿Y Elly...?

Xyon sacudió su cabeza para disipar todos esos pensamientos. No, era imposible, no tenía sentido, nada de eso tenía sentido; ¿cómo podría tenerlo? Ese tipo no hacía más que decir incoherencias.

- ¡Tonterías! – Exclamó con un tono elevado y contundente. – ¿Primero dices que Elly es un tren y luego que es un animal de peluche gigante?

- ¡Por supuesto que no!, ¡jamás dije ninguna de las dos cosas! Maldición, es como hablar con un bebé...

- ¡Pues di lo que quieras! No sé qué cosa extraña hayan fumado o bebido, ¡pero yo estoy completamente seguro de que ella es un ser humano de carne y hueso!

- ¿Cómo estás tan seguro de ello? – Cuestionó la chica de pelo azul con curiosidad, sobre todo por la forma en que lo había dicho.

- ¡Pues porque…! – Empezó a decir, pero se calló de golpe, quedándose con las palabras en la punta la lengua. – Bueno, ella…

Xyon miró hacia otro lado con algo de pena. ¿Qué estaba por decir?, ¿qué estaba seguro que era humana por que la había tocado mientras estaba inconsciente y justo hace dos noches acababa de tener relaciones con ella? Bueno, en efecto podía estar segura con ello, o ¿o no? Sería difícil no darse cuenta si estaba haciendo algo así con un ser humano o no, y definitivamente ella lo era. Su piel, su olor, su calor, como se movía y expresaba... No precisamente hablando, sino sus gestos; incluso sangraba como lo había demostrado al caer desde lo alto y golpearse hace unos minutos atrás. ¿Qué parte de eso no probaba que era humana?

- ¡Por qué lo sé y punto! – Contestó con simpleza, pero esas palabras no fueron suficientes para ellos.

- Sólo estamos perdiendo el tiempo; vámonos ya antes de que esto se derrita. – Indicó el hombre de armadura, y sin más se dieron media vuelta y comenzaron a caminar, con la esfera de hielo siguiéndolos por sí sola.

- ¡Oye!, ¡De ninguna manera dejaré que se la lleven de esa forma! – Rápidamente se les acercó con la clara intención de atacarlos si era preciso. – ¡A mí me pagaron por cuidarla y llevarla conmigo y justamente eso es lo que haré!

Rick dejó de caminar ene se momento, y Xyon se detuvo al mismo tiempo, parándose en posición listo por si se le ocurría intentar pelear. Sin embargo, en lugar de eso, escuchó como el Paladín reía ligeramente, aún dándole la espalda.

- Ya decía yo. – Murmuró en voz baja. – Así que de eso se trata todo esto.

Dirigió entonces su mano a su cinturón, en el costado izquierdo, y soltó de éste una bolsa de piel de tamaño mediano. Luego, se giró rápidamente hacia atrás, triando la bolsa hacia el frente, y haciendo que ésta cayera prácticamente a los pies de Xyon, el cual la miró sin entender.

-Ten, tómalo; es tuyo.

- ¿Eh? ¿Pero qué es esto?

- ¿Cómo que qué es? Es dinero, eso es lo que quieres, ¿no?

Xyon se sobresaltó un poco al oírlo y bajó de nuevo su mirada hacia la bolsa, que al parecer, en efecto, era una bolsa de dinero.

- ¿A quién quieres engañar? Tú y yo sabemos que eres sólo un caza recompensas en busca de fortunas fáciles; no quieras hacerte el héroe ahora. No finjas una falsa preocupación que no sientes que no somos tan ingenuos. Si eso es lo que quieres, sólo tómalo y sigue tu camino. También puedes quedarte con lo que la señorita Nora te dio, sólo vete y ya no nos molestes.

Xyon se quedó en silencio, mirando fijamente la bolsa de dinero a sus pies. ¿Podía quedarse con lo que aquella mesera le dio y sin tener que estar cargando con aquella chica de un lado a otro?, ¿y además quedarse con lo que hubiera en esa otra bolsa, que al parecer no era poco? Y todo eso sin tener que hacer nada realmente, sólo dejar que se fueran… Sonaba como una decisión fácil. Él no tenía realmente ninguna responsabilidad; ni siquiera conocía a esa chica. ¿Y si lo que decían era cierto y no había forma de que pudiera encontrar a algún familiar de ella porque no era humana? Entonces el esfuerzo sería en vano y una pérdida de tiempo… sonaba una decisión fácil…

Lentamente se agachó, poniéndose de cuclillas y acercando su mano derecha a la bolsa de dinero, tomándola entre sus dedos. Rick sonrió confiado al ver esto.

- Lo sabía. – Murmuró en voz baja y entonces se dio media vuelta, comenzando a caminar junto con los demás. – Andando.

Los tres empezaron a alejarse junto con la esfera de hielo. Xyon se había agachado para tomar la bolsa de dinero, pero no se paraba de dinero. Seguía de cuclillas, con la bolsa de dinero en su mano, a unos cuantos milímetros de la tierra, y con sus ojos puestos en ésta.

Eso era lo mejor, ¿o no? ¿Qué se suponía que debía hacer?, ¿ponerse a pelear con esos tres sujetos? Tenían espadas con magia pagana, ¿cómo iba a pelear con eso acaso? ¿Y para qué? Esa chica era fuerte; si ellos intentaban hacerle algo malo, obviamente no se las dejaría fácil y les terminaría pateando el trasero a los tres, con todo y su magia pagana. Estaría bien. Ella aparte ya no quería estar con él, ¿no? Intentó matarlo hace unos momentos atrás; de seguro eso era lo que ella deseaba.

Además, sólo le había causado problemas desde que la encontró. Hizo que se quedara un día más en Sallivan, que lo causaran de violador, que estuviera a la mitad de un combate contra unos horribles osos, lo obligaran a llevársela con él, luego estar en medio de una percusión pro su vida por el bosque, primero huyendo de ella y luego de un enorme mono gigante. Y si seguía estando a su lado, de seguro le ocasionaría más y más problemas. Eso también era lo mejor para él, era lo que deseaba…

Pero…

****

- Creo que de alguna forma tú le pareces conocido, o al menos se ve tranquila y a gusto a tu lado.

- Por lo pronto, si ella se siente segura contigo, creo que lo correcto será que tú la cuides…

- Yo creo que lo que ella quiere es estar contigo, chico.

- No puedes dejarla así como así luego de lo que le hiciste anoche. ¡Debes de tomar responsabilidad por tus actos!

- Ésta es la recompensa que ofrecí en el volante para quién derrotara al Ogro, la que el señor Rick rechazó. Te daré una nueva misión, y como pago te daré este dinero. La misión es que encuentres a la familia de esta chica, de dónde es, o dónde está su casa y la lleves ahí…

****

Xyon apretó con fuerza la bolsa de dinero entre sus dedos; su mano parecía temblar levemente…

****

Sus cabellos caían hacia abajo, casi escondiéndola, pero podía ver como tenía sus ojos cristalinos puestos fijamente en el él. Estos se veían temblorosos, acuosos, y todo su semblante parecía cubierto de cierta melancolía. Mientras la admiraba, sintió como una pequeña gota de líquido tocaba su mejilla, seguida de otra… Eran lágrimas. Estaba llorando, estaba llorando sobre él, y sus lágrimas le tocaban ligeramente su rostro cono rocíos.

****

Alzó su mirada rápidamente al frente. Sus ojos parecían llenos de rabia, pero no contra algo o alguien en especial. Simplemente parecían revelar una gran frustración, una gran e incómoda angustia que lo carcomía por dentro.

****

Su vestido negro se encontraba rasgado de diferentes partes debido a la caída, y tenía raspones y cortadas por todo el cuerpo, y algunas de ellas le sangraban levemente, además de una quemadura en su pierna donde le había pegado el rayo. Tenía los ojos cerrados y respiraba con debilidad.

- ¡¿Elly?! – Exclamó con fuerza y se le acercó, alzándola con cuidado en sus brazos – Oye, ¿me escuchas?, ¡Elly! ¡Eres una Idiota!, ¡¿por qué hiciste eso?! ¡Se supone que yo soy quien te tiene que proteger a ti!

- Elly... – Susurró muy despacio, apenas audible, y le sonrió levemente, abriendo ojos de nuevo.

****

Rick y los otros seguían alejándose con notoria tranquilidad. De pronto, el paladin de armadura sintió como algo lo golpeaba en la cabeza, justo en la parte de atrás con fuerza, sacándolo un poco de equilibrio y haciéndolo detener su marcha al igual que los otros; justo cuando no estaba usando su casco, qué conveniente. Por mero reflejo llevo su mano derecha a la parte donde había sido golpeado, frotándosela. ¿Qué había sido? Un vistazo a sus pies le resolvería esa duda: su propia bolsa de dinero, tirada en el suelo entre sus pies.

Los tres se giraron de nuevo hacia el caza recompensas, quien los miraba con una expresión llena de furia, con sus músculos tensos y sus dientes apretados. Su brazo derecho estaba hacia el frente y abajo, en la una posición que indicaba sin lugar a duda que acababa de arrojarle su propia bolsa de dinero a Rick.

- ¡Guárdate tu estúpido dinero! – Gritó con fuerza, apretando su puño y colocándolo frente a él. – ¡Esa chica se va conmigo te guste o no, Paladínucho!

¿Habrá encontrado el Xyon el coraje suficiente para pelear por algo?

FIN DEL CAPITULO 005

enero 06, 2013

Paladin Xyon: Capítulo 04


ADVERTENCIA: Clasificado para Mayores de 16 años, algunos capítulos pueden contener contenido violento, lenguaje vulgar moderado, desnudos parciales o contenido sexual implícito.

Capitulo 004
“La Nueva Misión”


Apenas un día después de haberse liberado de la amenaza de aquel horrible ogro que por tanto tiempo los atemorizó, el pueblo de Sallivan, en el Reino de Vallaria, recibió el sorpresivo y extraño ataque de unos seres de una... apariencia peculiar. Sería extraño de contar, pero la verdad era que esa misma mañana acababan de ser atacados por osos de peluche gigantes, que entraron en su pueblo, comenzaron a destruir las casas, y a causar un gran número de desastres, asustando a todos. Pero todo había salido bien al final; habían logrado repelerlos y salvarse.

Algunos de los hombres del Jefe Connor habían reunido las partes de aquellos osos, cabezas, piernas, brazos, torsos, en una pila para luego prenderles fuego de inmediato. Habían oído rumores de demonios que eran capaces de unir de nuevo sus partes del cuerpo y volver a la vida, y no se iban a arriesgar a que eso ocurriera. El recuento de los daños era amplio, sin embargo. Muchas casas habían sido destruidas, otras habían sido puestas patas arriba, hubo un par de incendios y diversos daños más. Hasta el momento parecía que nadie había muerto por fortuna, pero había muchos heridos, algunos de gravedad, y el doctor Lloyd y los soldados del pueblo estaban muy ocupados atendiendo a todos ellos. Pero en general, habían salido bien librados.

Pero los pobladores de Sallivan tenían que aceptar que todo eso se lo debían a la pronta intervención de una extranjera, una misteriosa chica de cabellos negros que había luchado sin temor contra ellos y les había mostrado justo cómo hacerlo; de no ser por ella, tal vez todo se hubiera perdido. Luego de aquel combate, y mientras afuera las personas intentaban comenzar a ordenar todo, en la posada, Nora, el Alcalde del Pueblo y el Jefe Connor, hablaban con la extraña y el caza recompensas que la acompañaban. Lo principal era, primero que nada, darles las gracias.

- Quiero agradecer a ambos lo que hicieron por nuestro pueblo. – Agradeció el alcalde, un hombre mayor, de bigote pronunciado y cabello canoso, vestido con un traje elegante azul. – Sallivan ha resistido muchos desastres en el pasado, pero en esta ocasión creí que no la contábamos. Ya he notificado a la capital de lo sucedido, y esperamos recibir refuerzos y apoyos para reconstruir nuestro pueblo muy pronto.

- Sí, sí, bien por ustedes. – Comentó con desgano Xyon, mientras masticaba.

El caza recompensas, ya para esos momentos vestido como se debía, y la extraña nueva salvadora del pueblo, estaban sentados en una de las mesas del restaurante, comiendo con cierta voracidad el desayuno que les habían servido. A ella se lo podían disculpar por su estado, ¿pero qué acaso ese individuo no podía comportarse con moderación al menos una vez?

- Pero creo que con todo esto ya quedó muy claro que sea quien sea está loca, sabe defenderse muy bien ella sola. – Agregó el chico de cabellos anaranjados. – Y que tampoco está tan privada de sus facultades, así que es imposible que yo haya abusado de ella de ninguna forma.

- Elly, quiero. – Comentó ella a su vez sin dejar de comer.

- Sí, eso mismo, ¿ven?

Unos segundos antes de que empezara el ataque, el Jefe Connor y Nora habían acusado a ese sujeto de haber abusado de la chica, pues los habían encontrado en una situación muy comprometedora en su cama. Era evidente que algo había sucedido entre ellos la noche anterior, y él no lo negó. Sin embargo, ahora no estaban muy seguros si había ocurrido contra la voluntad de ella o no, pues como habían visto sabía muy bien como patearle el trasero a alguien si quería, así que no era muy probable que él la haya forzado sin recibir algunos golpes… o cortes en el proceso. En vista de ello, no tenían más que disculparse por el malentendido, aunque no quisieran...

Connor se aclaró la garganta y entonces comenzó a hablar.

- Sea como sea, también es evidente que esta chica no es una persona ordinaria. Lo que vimos haya afuera me hace pensar que, de hecho, es probable que no sea humana.

- ¿Qué?, ¿también piensan que es un ángel? – Preguntó Xyon, mirándolos de reojo.
- Bueno, debe de ser algo así... ¿no? – Mencionó Nora con duda, y entonces se sentó con cuidado a lado de la chica, mirándola con detenimiento. – Sea lo que seas, salvaste a mi pueblo, y te estaré eternamente agradecida por ello.

Una amplia sonrisa de felicidad se dibujó en su rostro, y entonces tomó la mano de ella entre las suyas, sujetándola con fuerza. La chica la volteó a ver confundida, y luego miró sus manos. Ese acto le pareció algo extraño.

- ¿Elly…?

- Los ángeles no tienen alas oscuras ni hechas de metal. – Comentó el caza recompensas abruptamente con la boca llena. – Lo que esta tipa hizo tiene que ser alguna de esas magias paganas, como la de aquel idiota de armadura roja de ayer.

- ¿Magia pagana? – Comentó confundido el alcalde sin entender a qué se refería.
Lo cierto era que la llamada “magia” no era bien vista para los creyentes más radicales de Gaia, pues desde su punto de vista, el único poder de esa naturaleza era el de su diosa, y cualquier otro arte mágico que no fuera el de ella, era considerado como Magia Pagana, y en algunos reinos donde la religión tenía mayor influencia en el gobierno, estaba estrictamente prohibida. Vallaria no era el caso, pero aún así a algunos no les agradaba su uso, y al parecer ese chico era uno de ellos.

- Ángel, magia pagana, o lo que sea, no importa. – Contestó Nora con molestia. – Se arriesgó para salvarnos, y eso es lo que cuenta.

- ¡¿Y yo qué?! – Comentó con cierto enojo él a su vez, señalándose con su pulgar. – ¡Yo también salté a pelear con ellos!, ¿no recuerdas eso?

- Sí, pero de seguro sólo estabas buscando la mejor oportunidad para huir.

- ¡¿Qué dices?!

- Tranquilos los dos, no es momento para esto. – Interrumpió Connor para intentar calmarlos. – Sea como sea, dudo que encuentres a alguien que sepa quién es o qué es en este pueblo, chico. Lo más seguro es que ella no es de aquí.

- Qué mal. – Murmuró él con cierto sarcasmo y entonces dio un largo sorbo de su tarro, terminándose su bebida y con ello toda su comida. Acto seguido se puso de pie, se colocó su espada en su costado y su equipaje al hombro. – En fin, un gusto en conocerlos a todos. Han sido dos días divertidos y dolorosos, pero la verdad espero jamás volverme a parar en este mugriento pueblo otra vez. Con su permiso, tengo cosas que hacer. Ahora la chica ángel es su problema.

Y sin más, se comenzó a dirigir caminando con total tranquilidad hacia la salida, ante los ojos incrédulos de todos, incluida la chica de que hablaban. Ésta se paró rápidamente al ver como se iba y se le acercó casi corriendo, sujetándolo de su capa y jalándolo para que no se fuera.

- ¡Elly! – Exclamó con fuerza mientras jalaba su capa, casi ahorcándolo con ella.

- ¡¿Qué te pasa?!, ¡suéltame! – Pronunció él a su vez, intentando zafarse y de seguir caminando, pero no era capaz de moverse de su lugar.

- ¡¿A dónde crees que vas?! – Gritó furiosa Nora, parándose de su silla de un salto. – ¡¿Tú la trajiste aquí y ahora piensas abandonarla aquí como si nada?!

- ¡¿Y por qué no?! ¡Se ve feliz aquí, y no es mi problema ahora!

- ¡Elly!

En ese momento la capa se le escapó de sus manos a la joven, lo que terminó en que el caza recompensas saliera casi volando hacia el frente, chocando contra una de las mesas, estrellando su cara contra ésta, tumbándola y cayendo al suelo junto con ella, exhalando un agudo un grito de dolor.

- ¡Maldición! – Gritó con fuerza mientras se agarraba la cara, que estaba roja por el golpe. – ¡¿Cuántas veces me he golpeado la cabeza estos dos días?!

- ¡Elly! – Escuchó como decía con fuerza y lo siguiente que sintió fue que se le lanzaba encima, abrazándolo con fuerza en el suelo.

- ¡No!, ¡Déjame! ¡¿Qué es lo que quieres?!

Xyon intentó apartarla de él, empujándola con sus dos manos, pero de nuevo era incapaz de moverla siquiera. ¿Por qué era tan fuerte?

- Yo creo que lo que ella quiere es estar contigo, chico. – Comentó divertido el alcalde, mientras jugaba con su bigote.

- ¡¿Y conmigo por qué?!

- ¡¿Cómo que por qué contigo?! – Nora se le acercó rápidamente, parándose delante de él con una mano en su cintura y con la otra señalándolo fijamente. – No puedes dejarla así como así luego de lo que le hiciste anoche. ¡Debes de tomar responsabilidad por tus actos!

- ¡¿Qué yo le hice?!, ¡ya te dije que ella fue la que se metió a mi cuarto y me sedujo!

Eso tenía que ser una broma. Primero lo acusaban de ser un malvado violador y de meterlo a la cárcel, ¿y ahora le dicen que es el responsable de ésta completa extraña? Eso era ridículo, ¿cómo terminó en esa situación? Comenzó a maldecir por dentro el momento en que vio ese anuncio y decidió ir a ese pueblo.

- Tú eres un caza recompensas ambulante, ¿no? – Comentó Connor por su parte, con más tranquilidad que Nora. – Viajas seguido y recorres diferentes pueblos. Tú podrías llevarla contigo y buscar a su familia o su lugar natal. Y además, como ya es obvio para todos, se siente muy segura contigo. Tú eres el único que puede…

- ¡De ninguna manera! – Interrumpió de golpe, mientras intentaba ponerse de pie, aunque esa chica lo siguiera abrazando. – No soy niñera de nadie, ¿de acuerdo? Ya perdí mucho tiempo y excedí mi cuota de buen ciudadano más de la cuenta estos días. Tengo aún recompensas que perseguir y no tengo tiempo para ir arrastrando a una retardada que ni puede hablar, ¡¿de acuerdo?!

Sus palabras parecieron hacer reaccionar a la joven de negro, que lo soltó de golpe, dando un paso hacia atrás, mientras sus ojos sorprendidos lo miraban fijamente. Luego, su expresión pareció cubrirse gradualmente de una gran tristeza, hasta que él pudo notar que sus ojos se ponían temblorosos, y poco a poco parecían humedecerse.

- Oye, no empieces a llorar de nuevo. – Murmuró algo nervioso el caza recompensas. – ¡No es nada personal contra ti!, simplemente... ¡simplemente no tengo tiempo para esto!

Sin intención de dar más explicación, se dio media vuelta y siguió caminando a la puerta.

- ¡Eres increíble! – Exclamó furiosa la mesera, parándose atrás de la joven, colocando sus manos sobre sus hombros. – ¡¿Es qué acaso nunca piensas en alguien más que no seas tú?!

- ¡No! – Fue su abrupta respuesta sin voltear a verlos siquiera.

- Ya veo que eres una persona peor de lo que creí. Pero si eso es lo que quieres, ¡bien!

Nora se alejó caminando con rapidez hacia las escaleras, subiéndolas con pasos apresurados mientras todos la miraban con curiosidad, incluido Xyon, que se había quedado parado en la puerta sin entender a dónde iba tan de repente. Unos segundos después, la  mesera volvió a bajar con la misma rapidez, se les acercó y colocó sobre una de las mesas una bolsa de color marrón. Al colocarla, se escuchó un tintineo, como... ¿de monedas?

- Toma, es tuyo si lo quieres. Llevártelo.

- ¿Pero qué es eso? – Aún sin entender, el caza recompensas se volvió de nuevo hacia adentro, acercándose a la mesa.

- Ésta es la recompensa que ofrecí en el volante para quién derrotara al Ogro, la que el señor Rick rechazó. Te daré una nueva misión, y como pago te daré este dinero. La misión es que encuentres a la familia de esta chica, de dónde es, o dónde está su casa y la lleves ahí.

Todos los presentes se sorprendieron al escucharla decir eso, incluso la extraña chica, que al parecer había entender por completo sus palabras y también se había sobresaltado. Xyon miró a Nora, incrédulo, y luego miró la bolsa de dinero, comenzando a turnarse entre una y otra. Intentaba ver algún rastro de mentira en su rostro, o de falsedad en esa bolsa, pero no parecía ver ni una ni otra. ¿Era enserio lo que decía?

- ¿Estás bromeando? ¿Me darás todo ese dinero sólo para convencerme de ayudar a una persona que tú ni siquiera conoces?

- Es lo justo. Este dinero fue reunido por mí y todos como pago para aquel que salvara a nuestro pueblo. Ella nos salvó la vida, a todos, y sin ningún motivo para hacerlo. Así que sin lugar a duda, este dinero le pertenece a ella, y lo gastaré en su bienestar.

- Creo que todos estarán de acuerdo contigo, Nora. – Comentó Connor, asintiendo con aprobación a su discurso.

- No lo sé, ¿y si hiciéramos una votación...? – Intentó sugerir el Alcalde, pero un codazo de Connor en el abdomen lo hizo callar.

Xyon parecía incapacitado para comprender lo que se presentaba ante él. ¿Haría eso por una completa extraña? ¿Por qué?, ¿por qué tantas preocupaciones por alguien que hace menos de un día nunca había visto? Todo eso era algo que él no entendía, y una parte de su mente le decía que todo eso era algún tipo de broma. Pero no, al parecer todo eso era muy enserio. Se volteó hacia un lado de brazos cruzados, y se quedó callado por largo rato. No sabía bien qué decir o que contestar. Estaba realmente abrumado.

- Aun suponiendo que aceptara hacer esto, ¿qué te hace pensar que podría lograr saber a dónde pertenece esta chiquilla?

- Dijiste que la encontraste a la orilla del río. – Comentó Connor. – Tal vez fue arrastrada por la corriente. Río arriba encontraras algunos pueblos. Tal vez en alguno encuentres pistas.

De nuevo silencio. ¿Qué debía hacer? En definitiva necesitaba el dinero, pero...

Lentamente se volteó hacia la chica, que estaba de pie a su lado, mirándolo fijamente, expectante, esperando algún tipo de respuesta de su parte. Al parecer estaba acorralado. Un largo suspiró salió de sus labios y entonces extendió su mano derecha al frente, tomando la bolsa de dinero con algo desganado.

- Está bien, está bien. Pero que conste que este dinero era mío de todas formas. – Se giró y, como antes, comenzó a caminar hacia la puerta. – Vámonos, loca, no te quedes atrás que tenemos un itinerario limitado.

La “loca”, como la llamó, se sobresaltó sorprendida, y luego su rostro se iluminó por completo, cubriéndose de una notoria alegría y entusiasmo.

- ¡Elly! – Exclamó con fuerza y entonces corrió para alcanzarlo, y ambos salieron de la posada, perdiéndose de la vista de Nora y los otros dos.

- ¿Cree que hice lo correcto? – Cuestionó con algo de duda la mesera, virándose hacia el Jefe de Caballería. Éste asintió con su cabeza y colocó una mano sobre su hombro.

- Algo me dice que era lo mejor que podías hacer.

Esas palabras la animaron, y la hicieron sonreír. Esperaba que todo terminara bien para esa chica, pero ahora había que preocuparse por otras cosas. Un pueblo no se reconstruía solo después de todo.

- - - -

Para cuando el atardecer empezó, Xyon había decido acampar; luego de lo que había vivido esos días, dormir al aire libre no le resultaba tan malo. No le pidió opinión a su nueva compañera de viaje, pues de todas formas ni siquiera sabía hablar, así que daba lo mismo si se oponía o no. Acamparían a lado del río. Siguiendo el consejo de Connor, habían seguido el camino paralelo al río en el que la había encontrado, pero no tenía deseos de caminar en la noche, y la verdad estaba algo agotado de tanto ajetreo.

- No puedo creer que enserio haya aceptado hacer esto. – Comentaba con molestia, estando sentado en el suelo, con su espalda recargada contra una piedra y sus ojos en el cielo que poco a poco se volvía estrellado. – ¿Qué se supone que haga ahora?, ¿ir pueblo por pueblo preguntando “oiga, perdió a una chica con alas de acero en el río”? Qué tontería.

- Elly. – Escuchó que la joven pronunciaba no muy lejos de él.

Mientras Xyon estaba sentado quejándose y pensando en voz alta, ella parecía estar reuniendo leña para una fogata. Lo único que el caza recompensas veía era como iba y venía cada vez con más ramas, y luego las acomodaba perfectamente en un montículo. Se puso de rodillas frente a ellas y tomó dos varas gruesas para empezar a frotarlas entre sí e intentar encender fuego. Quién lo diría, parecía que sí sabía dormir a la intemperie, al contrario de lo que su apariencia refinada y delicada podría hacer parecer.

- ¿Sabes? – Comentó mientras miraba lo que hacía. – Ya me dieron el dinero, y esa chica no me va a seguir, así que prácticamente no estoy obligado a hacer nada.

- Elly.

- Bien podría abandonarte aquí e irme con el dinero tranquilamente, ¿no?

- Elly.

- Pero no lo haré. – Comentó, no muy animado por la idea, mientras se viraba de nuevo al cielo. – Supongo que a pesar de todo no soy tan bastardo como para hacerle eso a una chica con la que acabo de dormir la noche anterior.

- Elly.

- Pero será mejor que te portes bien, porque al primer problema que me ocasiones, lo haré sin pensarlo, ¿oíste?

- Elly.

- ¡Con un demonio! – Exclamó muy molesto de golpe, volteándola a ver de nuevo, pero ahora muy disgustado. – ¡Me tienes harto con tus “Ellys”!, ¡¿cuándo vas a aprender a decir alguna otra palaba nueva?!

Ella alzó su mirada abruptamente en cuanto dijo eso, y eso tomó por sorpresa a Xyon. La mirada de aquella chica se había puesto seria y algo fría, pero a la vez muy atemorizante. Se le quedó viendo fijamente por un rato, y entonces abrió la boca para decir...

- Bastardo. – Pronunció en voz baja de la nada, para después volver a lo que estaba haciendo.

Xyon parpadeó confundido sin entender que había sido eso... Pero luego le pareció comprenderlo y su mirada su endureció un poco.

- Muy graciosa... Así que repites las palabras que escuchas como un perico, ¿eh? Bueno, ya tenemos “Elly”“Quiero” y “Bastardo”. Vamos por buen camino.

- Elly.

La fogata se encendió en ese momento, y rápidamente comenzó a soplarle con cuidado para que se avivara.

- Apropósito, como evidentemente vamos a viajar juntos por un buen rato, creo que tengo que llamarte de alguna forma. – Comentó el caza recompensas y entonces se puso en pose como si estuviera pensando. – Cielos, me pregunto cómo te llamaras. Déjame adivinar... Te llamas... ¿Elly?

La chica se sorprendió un poco al oírlo y rápidamente alzó su mirada, que de nuevo no parecía muy feliz.

- Elly. – Pronunció con molestia, negando con su cabeza rápidamente.

- ¿No te llamas Elly? Qué raro, ¿entonces por qué sólo dices eso? Bueno, da igual, serás Elly, te guste o no.

Ella no pareció estar conforme con tal “decreto” de su parte, pero no peleó más. En su lugar volvió a cuidar que el fuego creciera, y acomodó los leños en torno a él como una tienda de campaña.

- Y sé que de todas formas ni podrás decirlo, pero para que lo sepas – En ese momento se recostó boca arriba en el suelo, con sus manos atrás de su cabeza como almohada, y cerró los ojos. – Mi nombre es Xyon, el Gran Xyon para ti.

La joven se quedó paralizada al oírlo. Su asombro pareció ser tal que soltó uno de los leños que sostenía. Su rostro estaba pasmado, y se puso incluso algo pálido de golpe. Lentamente alzó de nuevo su cabeza, volteando a ver al chico, recostado no muy lejos de ella, con sus ojos abiertos de par y par y sus labios ligeramente separados.

Luego de unos segundos de no escuchar ningún sonido de su parte o acción alguna, Xyon volvió a abrir sus ojos y volteó a ver qué estaba haciendo. Y no hacía nada, simplemente estaba ahí de rodillas, mirándolo fijamente.

- ¿Qué pasa? ¿No te gusta mi nombre o qué?

Ella siguió en el mismo estado por unos momentos más, pero luego pareció relajar más su expresión.

- Elly… - Fue su corta y suave respuesta, antes de volver a lo que estaba haciendo como si nada hubiera pasado, aunque su expresión había cambiado por completo.

“¿Y ahora que le pasa?” Pensó confundido el caza recompensas al no entender el porqué de su reacción.

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No pasó la gran cosa luego de aquello, y la noche llegó al fin. El bosque se cubrió de oscuridad y de silencio, y sólo las estrellas y el lento flujo del agua del río podían romper con esto. Xyon estaba recostado boca arriba a un lado de la fogata, mientras la chica, a la que se había dado la libertad de bautizar como “Elly”, estaba sentada al otro, abrazando sus piernas contra ella y con su barbilla posada sobre sus rodillas, mientras miraba fijamente la danza del fuego frente a ella.

El silencio le era muy incomodo a Xyon. Desde que le dijo como se llamaba, por alguna razón se había puesto así de seria, como si toda esa alegría que tenía de viajar con él se hubiera esfumado de golpe. ¿Para qué hizo tanto escándalo hasta prácticamente obligarlo a llevarla con él? Eso realmente era un fastidio.

- Oye, Elly. – Pronunció de pronto, volteándola a ver, pero ella no reaccionó en lo más mínimo. – Ellys. – Repitió de nuevo, pero el resultado fue el mismo. – ¡Elly!, ¡no te hagas la sorda!

La joven terminó por reaccionar en ese momento, alzando su mirada hacia él, aunque con cierto desgano.

- Sí, te hablo a ti, ahora eres Elly, recuérdalo. – Xyon respiró lentamente para tranquilizarse. – Sólo quería preguntarte… ¿Qué fue lo de anoche? Digo, ¿por qué hiciste... eso?

Un ligero sonrojo apareció en el rostro del chico, pero intentaba mantener la calma y de fingir cierta indiferencia al tema. Incluso se volteó a otro lado y colocó su mano en su barbilla de forma engreída.

- Digo... sé que soy irresistible y muchas mujeres pierden los estribos conmigo, es algo comprensible. – Esas palabras fueron seguidas de una ligera risa confiada que a Elly no le gustó en lo más mínimo. – Pero nunca me había tocado una que… Bueno, reaccionara como tú. No es que haya sido mi primera vez… No, claro que no, he tenido muchas experiencias, por supuesto que sí…

Volvió a reír de esa forma y el desagrado que se reflejaba en la mirada de Elly se acrecentó de golpe. Sin esperar a que terminara de hablar, y mientras no estaba viendo, se recostó en el suelo, dándole la espalda a la fogata, y por lo tanto también a él. Xyon ni siquiera se dio cuenta y siguió hablando.

- Y tampoco es que me desagradara, de hecho no estuviste nada mal... Se ve que tienes experiencia en eso, a diferencia de lo que tu apariencia inocente refleja. Sólo quiero decirte que si quieres repetirlo, sólo tienes que…

En ese momento la volteó a ver con la expresión más galante que le era posible, con una amplia sonrisa y sus ojos entre abiertos, casi con brillo en ellos... Pero para su sorpresa la joven estaba recostada ya sobre su costado, aparentemente quedándose dormida.

- ¡¿Por qué te duermes mientras te estoy hablando?! – Exclamó con fuerza, sorprendido y molesto al ver esto, mas Elly no se movió siquiera de su lugar al oírlo.

Frustrado, molesto y algo avergonzado, se cruzó de brazos y se recostó sobre su costado, también dándole la espalda a la fogata.

- “Está tipa en verdad está loca…” – Pensó con enojo, y entonces comenzó a intentar quedarse dormido.

Obviamente Elly no estaba dormida aún, y había escuchado todo su absurdo discurso. De hecho, ni siquiera tenía los ojos cerrados. No podía conciliar el sueño aún. En su lugar miraba fijamente al bosque oscuro, pensativa...

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Las reparaciones en Sallivan no serían terminadas en un sólo día. De seguro tardarían mucho tiempo en volver a sus vidas normales, pero los pobladores permanecían optimistas. Mientras esperaban los refuerzos, víveres y apoyo de la capital, ellos hacían lo suyo, limpiando sus propias casas y atendiendo a los heridos que parecían estar mejorando favorablemente. La mañana siguiente al ataque de aquellos osos, todas las personas del pueblo seguían levantando los escombros o intentando salvar lo que podían de sus casas destruidas. Todos se ayudaban entre ellos; eso reflejaba la gran unión que tenían siendo un pueblo tan pequeño.

Nora y otros más, estaban ayudando a la familia del panadero a buscar en los escombros de su casa algunas de sus pertenencias. El señor panadero estaba recuperándose en la clínica pues uno de los osos lo había lanzado volando por los aires durante el ataque. Nora no usaba su vestido de mesera en esos momentos, pues hubiera estorbado mucho para esa tarea. En su lugar usaba unos pantalones negros, una camiseta de mangas largas color amarillo, zapatos, y el cabello recogido. Estaba ayudando a retirar los pedazos de piedra y madera para excavar, y se le notaba algo acalorada. Se tomó un pequeño descanso para poder secarse el sudor y tomar algo de agua del pozo del pueblo. Pero mientras bebía, alguien interrumpió su descanso.

- ¿Señorita Nora? – Escuchó que una voz masculina pronunciaba detrás de ella y rápidamente se giró para ver quién era.

La auto proclamada líder del pueblo se sobresaltó sorprendida al ver a aquella persona, y su rostro se iluminó de tal emoción, que incluso tiró el balde de agua del que tomaba para acéresele casi corriendo.

- ¡Pero qué sorpresa! – Dijo alegre al estar parada justo frente a aquella. – ¡Volvió a Sallivan, señor Rick! Qué alegría verlo de nuevo…

Rick, aquel Paladín de Armadura y casco rojo, el mismo que hace dos días había ido a ese sitio para derrotar al ogro que los atemorizaba, estaba de nuevo ante ella. Vestía la misma armadura que en aquel entonces, y la misma capa, aunque traía la capucha hacía atrás y no sobre la cabeza. Aquel individuo sonrió de manera gentil al verla, y le hizo una pequeña reverencia con la cabeza.

- La alegría es mía de volver a verla, señorita Nora. – Comentó el Paladín. – Y de ver que usted está sana y salva...

- Oh, ¿por qué tanta alegría, eh? – Pronunció ahora una voz femenina, pero justo detrás de Rick, y al oírla éste pareció quedarse helado. – Yo también quisiera compartirla…

Tanto Nora como Rick se viraron en dirección a aquella voz, aunque con reacciones diferentes: Nora con cierta curiosidad, y Rick prácticamente con miedo.

Parada a menos de un metro de él, se encontraba una mujer, de cabellos azules, largos hasta su cintura, de piel blanca, vestida con un traje azul que se componía de de una camiseta sin mangas que dejaba al descubierto su ombligo, y una falda también azul. Sus piernas eran cubiertas con unas mallas negras. La chica sonreía ampliamente, como si fuera alegría, pero de hecho despedía una densa aura de enojo que a Nora también la puso algo nerviosa.

- ¡Ah!, ¡Amelia!, ¡espera! – Exclamó Rick rápidamente, dando un paso hacia atrás. – No es lo que crees…  yo sólo…

- ¿Ella viene con usted, señor Rick? – Comentó algo dudosa la mesera, señalando a la extraña con un dedo. En ese momento, le pareció notar algo extraño en aquella chica. Algo se movía detrás de ella de un lado a otro, ondeando... Algo alargado, de color azul del mismo tono que su cabello... ¿Eso era una...?

- ¿Señor Rick? – Murmuró la mujer, y Nora notó como su ceja derecha se movía ligeramente como tic al decirlo, y entonces empezó a caminar lentamente hacia Rick, quien daba un paso hacia atrás por cada paso que ella daba hacia el frente. – Con razón tenía tanta prisa en venir, señor Rick…

- Oye, espera, lo que pasa es que… - Rick intentaba explicarse, pero aquella mujer no le dio ninguna oportunidad de hacerlo.

- Aquallirus. – Pronunció en voz baja, sin dejar de sonreír, y la gema azul que usaba como adorno en su cinturón comenzó a brillar con fuerza con un ligero resplandor del mismo color.

De un segundo a otro, el cuerpo de Rick se cubrió por completo de hielo desde los pies hasta la cabeza, dejándolo petrificado a lado de Nora como una estatua de hielo sin vida.

- ¡¡Ah!! – Exclamó asustada, alejándose varios pasos de él. – ¡Se congeló!, ¡¿qué pasó?!

- Despreocúpate, él estará bien. – Dijo de pronto una tercera voz.

Nora seguía tan impresionada por lo que acababa de ver, que al oírlo sólo pudo reaccionar sobresaltada, y casi a la defensiva, lista para golpear a quien se le acercara, pero por suerte no fue necesario. La otra persona en el sitio era un hombre de apariencia joven, de cabello castaño claro, casi rubio, largo hasta por debajo de su cintura, de piel blanca, vestido con una túnica verde clara de mangas largas, con un cinturón blanco, y unos pantalones grises anchos. Tenía sus manos atrás de su espalda, y tenía una expresión amable y gentil, con una hermosa sonrisa que no era aterradora como la de aquella chica.

- Eso le pasa todo el tiempo, ya está muy acostumbrado a estar congelado. – Comentó algo divertido, inclinando su cabeza hacia su lado izquierdo.

- ¿Quiénes son ustedes?

- No debes de temernos. Somos compañeros de Rick. Yo soy Helios, y la de allá es Amelia.

- Mucho gusto. – Saludó la joven de azul, agitando su mano derecha, y ahora sonriendo de manera más natural, como si lo de hace unos momentos no hubiera pasado.

Al echarle otro vistazo con cuidado, Nora pudo ver con más claridad eso que había visto detrás de ella, y ratificó que su primera impresión había sido la correcta: era una... cola, una cola azulosa que se movía desde la parte trasera de esa chica. Eso la llenó de un abrupto asombro de golpe, aunque no tuvo mucho tiempo para pensar a profundidad en ello, porque en ese momento notó que el cuerpo de Rick, aún dentro del hielo, se cubría de un fulgor anaranjado, y luego su prisión empezó a derretirse con mucha rapidez, hasta dejarlo libre.

- ¿Ves?, ya se descongeló. – Señaló el que se había presentado como Helios, riendo ligeramente luego de eso.

- De... Debes dejar… de hacer eso, Amelia. – Comentó tartamudeando el paladín de armadura, mientras se abrazaba a sí mismo y temblaba debido al frío.

- Y tú debes de dejar de coquetear en cada pueblo que visitas, Rick. – Contestó ella con simpleza.

- ¡Yo no... coqueteo! Só.. lo... soy... amable...

Nora parpadeó confundida ante toda la escena, que ella consideraba algo entre inusual, cómica... y aterradora. Ese hombre había dicho que eran compañeros de Rick, ¿lo que debía de significar que también eran “Paladines” como Rick les había explicado? Bueno, ninguno de ellos usaba armadura o capa, de hecho los dos se veían muy normales... Excepto por la cola de ella.

- Veo que la pasaron muy mal luego de que Rick estuvo aquí. – Comentó de pronto el hombre castaño, volteando a ver los destrozos del pueblo con seriedad.

- Sí, así es. – Suspiró la mesera. – Si les contara lo que sucedió, no me lo creerían. El señor Rick ahuyentó al ogro, pero el día de ayer fuimos atacados por…

- ¿Osos de peluche gigantes? – Interrumpió él de pronto, completando su frase. Nora se sorprendió mucho al ver esto.

- Sí... - Contestó con algo de duda. – Pero... ¿cómo saben eso?

Los tres guardaron silencio y se voltearon a ver con seriedad entre ellos. El aire pareció tensarse de golpe en ese momento.

- Así que era cierto. – Murmuró Amelia, cruzándose de brazos y mirando al suelo. – Deben de seguir aún por los alrededores.

- ¿Pero porqué atacar este pueblo justamente el día siguiente a que yo estuviera aquí? – Preguntó Rick, al parecer ya mejor, aunque frotaba sus manos y exhalaba su aliento entre ellas. – Fue una desviación muy grande de la ruta que habían estado llevando todos estos días. ¿Creen que me estaban siguiendo a mí?

- Puede ser...

Nora no entendía la plática. ¿Cómo sabían de los osos? Aunque de hecho, no sólo parecían saber de ellos: era como si los conocieran muy bien.

La mujer de azul se giró de nuevo al pueblo, mirando sus edificios destruidos, y  las personas trabajando en la limpieza y reconstrucción. La escena le pareció fascinante de alguna forma.

- ¿Se fijan? Los desastres no fueron tan graves como en las otras ocasiones. Casi todos los edificios siguen en pie, y toda la gente sigue aquí.

- Estuvo muy cerca de no ser así. – Comentó Nora, con cierto orgullo en su voz. – Pero pudimos repelerlos y hacer que huyeran por donde llegaron.

Los tres se voltearon al mismo tiempo de golpe hacia ella, y los tres tenían una expresión de asombro en los ojos. Nora dio un paso hacia atrás algo intimidada, sin saber si acaso había dicho algo malo.

- ¿Lo que dice es cierto? – Preguntó de inmediato Rick, acercándosele un poco. – ¿Dice que los repelieron ustedes solos?

- Bueno... No solos exactamente... - Comenzó e intentar explicar, aunque se había puesto nerviosa por sus reacciones tan repentinas. – De hecho, le debemos la vida a dos individuos; sin ellos quien sabe que hubiera sido de nosotros.

- ¿Dos personas? ¿Quiénes?

- Uno es el caza recompensas de caballo anaranjado que estaba en la cueva del ogro, ¿lo recuerda, Señor Rick?

Dentro de su casco, Rick ponía una cara de confusión ante esa afirmación. Sí, por supuesto que lo recordaba; ¿cómo olvidar tan fácil a un sujeto tan desesperante y odioso como ese?, era algo imposible, aunque lo deseara.

- ¿Me está diciendo ese bobo derrotó a los osos? Eso imposible.

- Bueno, derrotó a unos cuantos, pero no él solo. Alguien más lo ayudó, y de hecho fue quién salvó a nuestro pueblo...

Los tres visitantes la miraron con curiosidad, y aparentemente ansioso de saber más al respecto.

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Cuando Xyon despertó la mañana siguiente, su acompañante ya estaba levantada, había apagado el fuego, y estaba llenando la cantimplora con agua del río; parecía que esa extraña chica era más útil de lo que pensaba. Intentó molestarla un poco, decir algunos de sus comentarios sarcásticos y ingeniosos, pero ella no reaccionaba en lo más mínimo. De hecho, parecía casi estarlo ignorando, concentrada en sus tareas, con su expresión pensativa y seria en el río, la cantimplora o la tierra. Al parecer la noche de sueño no había ayudado en nada a que dejara de estar tan extraña.

Xyon decidió ya no darle importancia a ello y ponerse en camino lo antes posible. Luego de desayunar en silencio un poco de la comida que habían comprado antes de irse de Sallivan, volvieron al camino paralelo al río, él caminando al frente, y ella  detrás de él, con su mirada baja. No estaba seguro de qué prefería, que estuviera de encimosa y sólo diciendo “Elly Elly Elly” una y otra vez, o ida y en lúgubre silencio como estaba ahora.

Luego de estar caminando y caminando sin que ninguno dijera nada por casi diez minutos, Xyon pareció desesperarse y entonces empezó a hablar en voz alta. Aunque no le respondiera, al menos no habría tanto silencio.

- Si no me equivoco, la ciudad de Kurastian debe estar cerca. – Comentó. – Esperemos que en ese sitio encontremos alguna pista de quién demonios eres. Estaría bien que me dieras al menos alguna pista de dónde buscar, con señas o algo.

- Elly... - Escuchó cómo ella murmuraba muy despacio, tanto que apenas le fue posible oírlo. Al menos había dicho algo, pero como si no lo hubiera hecho.

- Oye. – Pronunció el caza recompensas, volteándola a ver hacia atrás sin detenerse. – Has actuado muy rara desde anoche... Me refiero a más rara que de costumbre. ¿Qué te pasa?

Elly alzó su rostro ligeramente para mirarlo. Si fuera una persona “normal”, Xyon podría afirmar que se le veía desanimada, adormilada... incluso triste. Pero como no era el caso, era totalmente difícil adivinar qué era lo que le pasaba, y el que no supiera comunicarse hacía las cosas muchísimo más complicadas. La joven abrió su boca como si estuviera a punto de decir algo, tal vez de contestarle su pregunta, pero él no le dio oportunidad de hacerlo, pues de antemano sabía que no le iba a entender.

- ¿Sabes?, mejor olvídalo. – Comentó con desgano, volteando de nuevo al frente. – Igual no podrías ni decírmelo, qué más da. Debería de aprovechar que no quieres hablar para descansar.

La mirada de Elly se endureció de golpe al oír esas palabras. Mientras caminaban, ella miraba fijamente con molestia su espalda cubierta con esa vieja capa. Parecía que al fin la actitud del caza recompensas la había hecho enojar; había tardado demasiado de hecho. Pero la verdad no parecía estar precisamente enojada... sino algo deprimida.

De pronto, al desviar su mirada hacia su lado derecho, algo en el río pareció llamarle la atención, lo que provocó que se detuviera abruptamente y se quedara viendo “eso”. Xyon, por su lado, no pareció notarlo, y no sólo siguió caminando como si nada, sino que incluso continuó hablando solo en el proceso.

- Esperemos que podamos terminar con esto rápido. – Comentaba mientras miraba al frente. – Tengo muchas otras recompensas que obtener, lugares que visitar, y la verdad no me es costeable viajar con compañía. Incluso el dinero que me dio esa mujer se me acabará en un par de semanas si lo tengo que gastar entre dos. Aunque al parecer eres buena peleando. Sí, ahora que lo pienso, si tanto quieres viajar conmigo, estará bien que trabajaras también. Si me ayudas a conseguir algunas recompensas, podríamos hacer nuestro viaje más agradable. ¿Estarías dispuesta a hacerlo o no te quieres ensuciar las manos?

Fue hasta ese momento que se dignó a voltear hacia atrás, y fue entonces que se dio cuenta de que la chica de vestido negro ya no estaba ahí.

- ¡¿Qué?! ¡¿A dónde demonios se fue?! – Exclamó sorprendido, buscándola con su vista hacia todas direcciones, hasta que logro divisarla muy atrás en el camino, tanto que apenas y le era visible.

Elly se encontraba de pie en el mismo sitio que se había detenido, y volteando de igual forma hacia el río. Lo que miraba de hecho era a dos personas, un chico y una chica, ambos jóvenes, de seguro ambos de menos de veinte años, vestidos con ropas de campesinos. De seguro eran habitantes de alguna villa cercana. Se encontraban llenando unas vasijas con agua en el río, mientras platicaban, y reían entre ellos. Elly apreciaba principalmente la forma en que se miraban. Los ojos de uno se encontraban con los del otro, y sus mejillas se ruborizaban. Sus sonrisas se extendían de oreja a oreja, y reflejaban con esos sencillos actos la completa felicidad que sentían en esos momentos. Sus ropas eran viejas, por lo que muy probablemente eran pobres, sin cosas valiosas, sin una casa bonita o comidas deliciosas y caras... Pero ahí estaban, sonrientes, felices, uno al lado del otro, llenando vasijas de agua como si fuera lo más maravilloso del mundo...

El chico metió su mano en el río y le aventó algo de agua al rostro a la chica de pronto de manera expontanea. Ésta cerró los ojos y rió divertida.

- Oye, ¡no! - Exclamó entre risas y luego lo imitó, arrojándole agua a él ahora. - ¡Eres un niño!

 Ambos empezaron a jugar con el agua, y luego la chica se puso de pie y comenzó a correr, siempre sin dejar de reír. El chico lo perseguía de la misma forma, y unos segundos después la alcanzó, abrazándola con fuerza por detrás con fuerza. Ambos se quedaron juntos, en silencio, simplemente de pie, abrazados, pegados... Ella se giró ligeramente hacia él, sólo lo suficiente para poder extender su rostro hacia el chico, y besarlo con dulzura en sus labios. Él le correspondió ese beso sin ninguna oposición, cerrando sus ojos y rodeando su cintura con sus brazos.

Felices, como si todo eso fuera lo más maravilloso del mundo... Toda esa escena pareció fascinar tanto a Elly que no le importó quedarse atrás. Ella seguía de pie en el camino, mirándolos fijamente en silencio, con su rostro cubierto de una notoria melancolía...

- ¡Ahí estás! – Escuchó como la molesta voz de Xyon pronunciaba, y antes de pudiera reaccionar siquiera, sintió como su puño le hacia un coscorrón con fuerza en la cabeza.

- ¡Elly! – Exclamó con algo de dolor, agarrándose la cabeza con ambas manos y poniéndose de cuclillas.

El caza recompensas estaba ahora parado a su lado, mirándola con mucho enojo en su rostro.

- ¡¿Por qué te quedas atrás?!, ¡¿Qué tienes pensado hacer si te pierdes?! Todavía que me tomó todas estas molestias por ti. ¿Qué crees que me gusta estar viajando contigo intentando buscar quién demonios eres? Me agradaría al menos una compañera de viaje que supiera hablar, pero aquí estoy, cumpliendo esta maldita misión y aguantando tu odiosa actitud…

Xyon siguió hablando y hablando, sin notar o importarle que cada frase hiriente no hacía más que empeorar el estado de ánimo de su receptora. Mientras él seguía quejándose, ella estaba dándole la espalda, con sus manos sobre su cabeza, en el sitio donde le había dado el coscorrón. Pero conforme seguía con su discurso, sus mansos se iban cerrando más y más, cada vez con más fuerza, hasta formar dos puños con.

- Sigo preguntándome si todo esto es por la maldita ofrenda que no le di a Gaia en el último festival. – Seguía parloteando el caza recompensas, ya para ese momento más para sí mismo que para ella. – ¡¿Qué acaso no te he divertido ya suficiente...?!

Elly alzó su mirada de golpe hacía él y se la clavó encima como navajas. Xyon se sobresaltó un poco ante este acto, en especial al ver esos ojos llenos de furia y molestia con los que lo miraba; casi parecía que salía fuego de ellos.

- ¿Eh? Oye... ¿Qué te pasa…? – Comentó nervioso, dando un paso hacia atrás, y comenzando a pensar que tal vez había cometido un error...

De pronto, la joven alzó su mano lentamente hacía él, extendiendo su palma, y ante los ojos incrédulos del caza recompensas, una pequeña esfera de energía color rojo empezó a formarse justo frente a su mano, creciendo hasta tener el tamaño de una pequeña pelota, y luego prologarse como un rayo hacía él.

- ¡¿Qué estás haciendo?! – Exclamó atónito, pero rápidamente se agachó, haciendo que dicho rayo pasara a unos escasos centímetros de su cabeza, y chocara contra algunos árboles cercanos, destruyéndolos y luego provocando una pequeña explosión.

Pasmado, el chico de cabellos naranjas se alzó de nuevo lentamente, volviéndose hacia los rastros del ataque.

- ¿Cómo lo hiciste...? – Susurró en voz baja, pero luego pareció reaccionar. – ¡Espera un segundo!, ¡eso pudo haberme matado!, ¡¿por qué hiciste...?!

Cuando volvió a mirar a Elly, el brazo derecho de ésta estaba brillando y tomando la forma de espada, justo como había visto en Sallivan el día anterior, y un segundo después sus dos grandes alas de acero surgieron de su espalda, despidiendo las mismas luces rojas.
- O… Oye… Cálmate. – Intentó decir el chico, retrocediendo lentamente con sus manos alzadas hacia ella. – Vamos a hablarlo, ¿sí? No quise…

- ¡¡Elly!! – Gritó ella de golpe, interrumpiendo cualquier cosa que estuviera por decir, y en un segundo su cuerpo se elevó en el aire, flotando, y acto seguido se le lanzó encima como un animal salvaje, blandiendo la hoja de su brazo derecho contra él con fuerza.

- ¡¿Qué estás loca?! – Exclamó sorprendido el caza recompensas y por mero reflejo desenvainó su arma para defenderse con ella. Pero, en cuanto recibió el choque de la hoja de ella contra la suya, el impacto fue de tan fuerte que el cuerpo entero de Xyon salió volando hacia atrás como un muñeco de trapo. – ¡¡Aaaaaaaaaah!!

El golpe lo empujó como tres metros hacia atrás, para luego caer el suelo, y comenzar a rodar aún con el impulso y terminar boca abajo en el camino. Mareado, confundido, y algo adolorido, intentó ponerse de pie... Lo cual se volvió más fácil y rápido al divisar como ella se le aproximaba de nuevo de forma casi asesina.

- ¡¿Pero qué fue lo que hice?! – Gritó casi con miedo, comenzando a correr hacia el bosque, intentando perderla entre los árboles.

- ¡¡Elly!!

La joven lo seguía volando desde atrás, esquivando con gran agilidad y precisión cuanto tronco se encontraba en su camino, aunque en ocasiones simplemente lo cortaba con su hoja y lo hacía a un lado para seguir con su camino. Muchos dicen que no hay nada peor en el mundo que una mujer molesta. Mientras corría, Xyon comenzaba a pensar que sí había algo peor: una mujer molesta que podía volar, tenía gran fuerza y brazos de espada...

Xyon seguía huyendo, intentando pensar rápidamente en qué hacer. Podría intentar enfrentarla, pero eso no había salido bien hace un momento. Podría correr hasta que se cansara, pero ella volaba así que posiblemente primero se cansaría él. Aunque también tal vez se le pasaría el enojo luego de un rato, ¿pero y si lo alcanzaba y mataba antes de eso? Luego de dar un par de vueltas y de dejarla atrás unos metros, rápidamente decidió escalar el árbol más cercano que tenía, casi como un mono o un gato intentando protegerse de un perro, aunque él no quería protegerse por la altura, sólo esconderse.

Pareció que su plan funcionó, pues para cuando Elly llegó al sitio, no lo vio por ningún lado. Se quedó flotando con sus pies suspendidos a unos treinta centímetros del suelo, y miraba hacia un lado y hacia el otro, intentando encontrar alguna señal de qué camino había tomado. Xyon se encontraba justo sobre ella, parado en una rama, oculto detrás del tronco. En otras circunstancias, con otro enemigo, se le hubiera lanzado encima a atacarla desde las alturas, aprovechando la sorpresa. Pero esa era una situación atípica; no podía matarla... Aunque ella al parecer quería hacerlo. Para su buena o mala suerte, no tuvo que tomar esa decisión, pues la rama en la que estaba apoyado al parecer era más frágil de lo que había previsto, y terminó por crujir y luego romperse, haciendo que el gran caza recompensar cayera en picada.

- ¡¡Aaaaaaaaaaah!!, ¡¡Maldición!! – Exclamó con fuerza mientras caía.

El crujir de la rama y su grito, alertaron de inmediato a Elly, que se giró hacia arriba, pero justamente para ver que él ya estaba a una distancia bastante corta de ella, y lo próximo que sintió fue que le caía encima como una roca, aplastándola y luego haciendo que ambos terminaran tirados en el suelo.

- ¡¡Elly!! – Exclamó con sorpresa y dolor al ser golpeada, y luego aplastada por su presa.

Para cuando Xyon logró reaccionar y darse cuenta de lo que había pasado, se encontraba tirado sobre ella, aprisionándola por completo con su cuerpo. Sus reflejos se agudizaron de golpe, y antes de que ella pudiera reaccionar, la tomó con fuerza de su muñeca izquierda y su hombro derecho, colocándola contra el suelo e intentando evitar que siguiera atacándolo, lo cual no le resulto muy difícil, pues ella ya no parecía estar interesada en ello. En su lugar se quedó recostada, con su rostro mirando hacia otro lado, sin oponer más resistencia.

-¡¿Se puede saber cuál es tu problema ahora?! – Le gritó él con fuerza.

- ¡Elly! – Exclamó ella de la misma forma, apretando sus ojos con fuerza.

- ¡¿Qué se supone que significa eso?!

Eso ya no tuvo respuesta. Una vez más Elly guardó silencio, y ni siquiera lo volteaba a ver. Xyon no tenía ni idea de qué le había ocurrido, pero no necesitaba más para estar seguro de que no estaba bien la cabeza. ¿Cómo podía un día meterse a su cama, estar de encimosa y llorar por irse con él, y al siguiente sin motivo alguno querer atacarlo como desquiciada? ¿Qué le había ocurrido?, ¿por qué era así?, ¿por qué no podía hablar?, ¿qué eran esas alas y esas espadas?

Un fuerte sonido sacó a Xyon de sus pensamientos y lo hizo desviar su atención a otro lado. Un golpe agudo resonó, y le pareció sentir que la tierra debajo de él temblaba un poco. Escuchó el sonido de los pájaros volando, y luego vio sus siluetas pasando sobre él; algo los había asustado.

- ¿Qué fue eso?, ¿lo oíste? – Murmuró muy despacio, mientras intentó descubrir de donde venía.

Volvió a sonar una vez más, y otra, y otra más, y cada vez con más fuerza. Fuera lo que fuera, se estaba acercando. Xyon se paró rápidamente, tomando su espada con ambas manos, y mirando a su alrededor con insistencia, hasta que detectó de qué dirección provenía. Pudo escuchar en ese momento que los árboles crujían al ser rotos y derribados. Poco a poco, entre los troncos, miró que algo grande se movía y se acercaba cada vez más, quitando todo lo que encontraba en su camino. Xyon se tensó. Sujetó su espada con fuerza frente a él, y espero paciente a que llegara. ¿Qué era?, ¿un monstruo?, ¿un animal?, ¿o...?

Los últimos arboles que los separaban de esa criatura fueron derribados y tirados hacia un lado, y su apariencia completa fue revelada.

- ¡¡Aaaaaaaaargh!! – Rugió con mucha fuerza  al estar parado ante ellos, y su gritó hizo resonar el bosque entero.

- ¡¡¿Pero qué diablos es esa cosa?!! – Exclamó atónito el caza recompensas, sin poder evitar retroceder  un poco por la impresión.

La enorme criatura, de más de tres metros que se encontraba erguida ante él era... Un mono... O algo similar. Era un mono gigante, café, de ojos grandes y rojos, con una amplia sonrisa aterradora que enseñaba todos sus dientes. Y por si eso no era suficiente, usaba unos pantalones anchos verdes, un chaleco dorado y tenía pegado a cada mano un extraño plato dorado al parecer hecho de metal, de forma circular. Era... algo realmente singular...

Otro enemigo de extraña apariencia aparece ante Xyon, ¿qué querrá esta vez?

FIN DEL CAPITULO 004