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Capitulo 002
“Un Pequeño Paso equivocado, y una Gran Caída”
El malvado ogro que había aterrorizado Sallivan durante meses, al fin se había ido. Ahora sus pobladores podrían vivir en paz, pues sus cosechas y sus ovejas estaban a salvo. El miedo se había acabado, y todo gracias a un gran héroe que había aparecido de la nada para salvarlos. Cuando la gente se enterara de lo ocurrido, de seguro harían una gran fiesta. Nora, mesera de la posada Mawa, y “líder no electa del pueblo”, no cabía de la emoción que sentía. Mientras salían de la que alguna vez fue la guarida de aquella horrible criatura, ella simplemente deseaba salir corriendo al pueblo y decirles a todos lo que había ocurrido.
- Es usted grandioso, señor Rick. – Pronunció con entusiasmo la mujer de cabello negro, mientras caminaba a lado del hombre de armadura roja que había lograda tan increíble hazaña. Para esos momentos, él seguía cargando su casco bajo su brazo derecho, pero ya tenía de nuevo su capa blanca atada alrededor su cuello. – No sabe cómo le agradezco lo que hizo por nuestro pueblo. Sallivan había vivido atemorizada por meses, ni siquiera los guardias podían hacer algo contra él. Usted es nuestro héroe.
- No tiene nada que agradecer. – Contestó con amabilidad el guerrero, y en ese momento le extendió su mano, en la que sostenía otro más de los anuncios que había hecho para encontrar alguien que los pudiera ayudar con el ogro. – Después de todo, fue gracias a su cartel que me enteré del problema que tenían y pude venir a ayudarlos. Usted es la verdadera héroe de Sallivan, señorita Nora…
Al decir esas palabras, él la volteó a ver con una sonrisa galante y una expresión de ligera galanura, tal vez inconsciente, pero que igual provocó que el rostro de Nora se pusiera totalmente rojo y balbuceara por un par de segundo antes de poder responder.
- Gra... Gras... cias… - Murmuró algo apenada, aunque su estado no duró mucho, pues la molesta voz de la tercera persona que iba con ellos la sacó abruptamente.
- ¡Bien, ya es suficiente! – Exclamó con fuerza el caza recompensas de cabello anaranjado y puntiagudo al salir de la cueva, dando zancadas; no se le veía nada contento. – No hizo la gran cosa, ¿de acuerdo? Dejemos de echarle flores a este sujeto, ¡Y dame mi dinero!
Ambos se voltearon confundidos hacia aquel extraño individuo.
- ¿Tú dinero? – Exclamó Nora con molestia, poniendo sus manos a cada lado de su cintura. – Es obvio que la recompensa es para el señor Rick, él derrotó al Ogro, ¡no tú!
- ¡Eso no es justo! Yo ya lo tenía dominado y cansado antes de que este sujeto llegara, ¡la mitad me corresponde!
Bueno, era cierto que se había esforzado, hasta había logrado herirlo en el ojo, y recibido algunos golpes. Pero era obvio que el señor Rick hubiera derrotado a ese ogro sin ayuda de ello; después de todo, lo había hecho sin sudar. Además, sus golpes habían sido más que nada su culpa. De haberle hecho caso cuando le decía que tenía que pelear con un ogro, o cuando intentaba decirle que una espada no podía dañarlo, las cosas hubieran sido más sencillas y menos peligrosas. Pero no, el muy impertinente y egocentrista pensó que podía hacerlo todo él solo. Además, no le gustaba para nada la forma tan altanera en que lo estaba pidiendo. La verdad, no le daba muchas ganas de darle ni una mísera moneda.
- Puede hacer lo que usted desee con ese dinero, señorita Nora. – Dijo de pronto el hombre de armadura, tomando por sorpresa a la mesera. Rick tomó de nuevo su casco entre sus manos y se lo colocó sobre su cabeza, acomodándoselo. – Yo no necesito ninguna recompensa. Yo hice esto porque es mi deber, no por dinero.
- Pero usted se ganó ese dinero limpiamente, usted se lo merece.
- La tranquilidad suya y de su pueblo son la única recompensa que necesito…
De nuevo volvió a verla con esa misma expresión de antes. Aunque tuviera ya su casco puesto, las palabras que decía y cómo las decía con una galante sonrisa, hacían que Nora casi se derritiera. Pero, como antes, Xyon tenía una opinión totalmente contraria a ésta.
- ¡Eso es estúpido! – Exclamó sin deparo. – Eso no es una recompensa, ¿Cómo puedes comer o beber con eso? ¿Y por qué dices que era tu deber? ¿Eres Caballero, Guardia o qué?
- Soy un poco de todo eso…
Rick se alejó un par de pasos de ellos, dándoles la espalda. Se quedó quieto por unos segundos, y luego se giró rápidamente hacia ellos de nuevo, de forma segura y firme, colocando su mano derecha en su cintura y su puño izquierdo con su gema a la altura de su rostro.
- Soy un Paladín. – Pronunció con firmeza y orgullo, pero no recibió la reacción que esperaba.
- ¿Pala qué? – Preguntó Xyon sin tacto, alzando su ceja izquierda.
- Paladín. Como un caballero, pero no le sirvo a ningún rey o reino específico. Yo me dedico a proteger a las personas y cuidarlas, sin importar quienes sean, a qué reino pertenezca, o contra quién o qué sea.
Xyon lo miraba fijamente, como si realmente le estuviera poniendo atención a lo que decía, pero en el fondo no era del todo así. El concepto que le planteaba aquel individuo le era, no sólo totalmente desconocido, sino además inverosímil. Se quedó en silencio por largo rato, y lo primero que salió de sus labios luego de eso fue…
- Y, ¿todo eso… gratis?
- ¡Por supuesto que gratis! – Dijo con fuerza el chico de armadura de golpe; aparentemente la actitud de ese tipo ya lo había exasperado un poco. – ¿Qué no estás entendiendo? Soy un héroe.
- ¿Y por qué un héroe usaría un armadura tan afeminada como esa?
Rick parpadeó confundido al escuchar esa pregunta. ¿Armadura afeminado?, ¿de qué estaba hablando? El caza recompensas rió divertido y señalo hacía la parte de abajo de su atuendo.
- Hasta eso de abajo parece parte de una faldita o algo así.
- ¿Qué dijiste?
- Faldita. ¿Quieres que te lo deletree?
- Quisiera ver que te atrevieras.
-F... A... L... D...
- ¡Te voy a…! – Rick no pudo aguantar más tanta insolencia y de golpe se le lanzó encima, intentando hacerle una llave con sus brazos.
- ¡A ver si como ladras muerdes! – Fue la respuesta de Xyon, que se le lanzó encima de la misma forma, intentando hacerle exactamente lo mismo.
Nora miró incrédula como ambos forcejeaban entre sí, intentando derribar al otro, y incluso dándose algunos golpes o empujones. ¿Eran todos los hombres de ese mundo igual de bobos?
- ¡Tranquilos los dos! – Exclamó con fuerza, gritando, intentando llamar su atención y que se calmaran. – El dinero es del señor Rick, ¿de acuerdo? Si él no lo quiere, veré que hacer con él, pero eso debe de ser decisiones de todos en el pueblo, no mía.
- ¡¿Y yo no tengo nada que decir a eso?! – Cuestionó con molestia el caza recompensar, mientras le jalaba una oreja a Rick y tenía un pie contra su pecho.
- ¡No tengo tiempo para esto! – Agregó él a su vez y se zafó del agarre del chico, empujándolo hacia atrás con fuerza con una patada, haciéndolo caer de sentón. Luego, se arregló su capa y se puso su capucha como si nada. – Me alegra haberles podido ayudar, señorita Nora; pero ahora tengo otro trabajo del cual ocuparme.
- ¿Pero no se puede quedar un poco más? Todo en el pueblo querrán conocerlo, de seguro le prepararan una comida, o toda una fiesta.
- Lo siento, pero hay cosas muy importantes que debo hacer. – El tono de Rick se puso muy serio de golpe al voltearse al camino. – Ustedes aún no lo saben, pero hay un peligroso enemigo rondando por estas tierras. Un enemigo que pone en peligro las vidas de miles, y tiene un poder tan grande que me temo que sólo yo y mis compañeros podemos detenerlo...
Nora se quedó confundida al oír esas palabras, y no fue la única. Incluso con todo su enojo, Xyon también fue capaz de oírlo, y de detectar que no estaba bromeando; realmente hablaba enserio, y no sólo eso, parecía estar preocupado al respecto. Sin embargo, antes de que alguno pudiera hacerle alguna pregunta, pasó a empezar a caminar por el camino, con la clara disposición de irse, sin importar quien intentara detenerlo.
- Tenga mucho cuidado, señorita Nora. – Pronunció como palabras de despedida mientras se alejaba, y su capa ondeaba ligeramente a su paso.
Nora lo miraba fijamente mientras se iba, maravillada por la persona tan grandiosa que había conocido; un verdadero héroe, como los que ella creía que sólo existían en los cuentos.
- Qué hombre tan grandioso… - Susurró en voz baja mientras sus brillantes ojos seguían fijos en su andar.
Xyon simplemente la miraba de reojo en silencio. ¿Qué todas las mujeres eran así de... bobas? Tal vez. Pero pese a todo, no podía evitar pensar en esas palabras que aquel “Paladín” había dicho. ¿Qué era todo eso de un peligroso enemigo?
- - - -
- Soy un Paladín, protejo a la gente. – Murmuraba mientras caminaba y repetía lo mismo que Rick acababa de decirle hace unos minutos, pero lo hacía poniéndole “voz de idiota” a sus palabras, que mostraba el enojo que lo inundaba por lo ocurrido. – Claro que lo hago gratis, soy un súper héroe… Bla bla bla… ¡Maldito presuntuoso engreído!
Xyon ya se estaba yendo de Sallivan, y tristemente con las manos vacías, pues Nora no había aceptado darle absolutamente nada de la recompensa; como premio de consolación por sus heridas y el intento, le había invitado una comida, que si bien no había despreciado, tampoco lo había hecho del todo feliz. Para cuando dejó el pueblo, efectivamente, todos estaban muy felices por la noticia de la derrota del Ogro, y poco a poco se veía que se estaba empezando a armar una fiesta… A la cual él no tenía el menor interés en quedarse.
Mientras caminaba por aquel camino arbolado paralelo al río, no podía dejar de echarle toda la culpa de lo sucedido a ese entrometido de armadura roja que se había metido en su combate, arruinándolo todo. Aunque claro, él se burlaba diciendo que lo había salvado, pero Xyon estaba seguro de que hubiera podido esquivar ese golpe y acabar con el ogro él solo sin su ayuda... tal vez. La sola idea de que un idiota con armadura que se creía héroe le hubiera arrebatado una recompensa, y encima de todo ni siquiera la hubiera reclamado, lo hacía enfurecer hasta lo más hondo.
- Lo único que ese idiota consiguió es que yo perdiera mi recompensa, ¡y ya contaba con ese dinero para pagar mis deudas! Y todavía se atreve a darse el muy bueno y digno con tanta prepotencia. Si lo vuelvo a ver lo voy a… ¡Ah!
Inspirado meramente por la ira, alzó su pie y pateó con todas sus fuerzas el árbol más cercano que encontró. Pero, obviamente, eso no fue una gran idea, pues el mayor daño lo recibió su pie mismo, no el árbol.
- ¡Argh!, ¡Maldita… Sea…! – Exclamó con dolor mientras se intentaba agarrar su pie adolorido, mientras con el otro daba algunos brincos imprudentes hacia atrás, hasta quedar en la mera orilla de la colina por la que estaba caminando, quedándose balanceándose en ella. – Ah... ¡Ah! ¡No!, ¡espera!
La mitad de su único pie en tierra estaba prácticamente volando en el aire, mientras la otra mitad apenas y lo lograba sostener. Agitó sus brazos con rapidez para intentando balancearse, pero sus intentos fueron inútiles contra la poderosa gravedad, y terminó cayendo hacia atrás, rodando por la pequeña colina, y luego quedando estampado de narices en la tierra, justo a un par de centímetros del caudaloso río. Intentó de inmediato de alzarse, pero un segundo después su propio bolso de equipaje, que había salido volando durante su caída, descendió directo hacia su cabeza, golpeándolo y prácticamente enterrando su cara en el suelo.
Se quedó tirado en el suelo, boca abajo, sin moverse, por casi medio minuto. Cualquiera hubiera pensado que estaba inconsciente, pero no... De hecho sólo estaba tirado, intentando digerir de la mejor forma lo “singular” que había sido todo ese día, pero no pareció hacerlo del todo bien.
- ¡Me llevan los Siete Infiernos! – Exclamó con fuerza de pronto, alzando un poco la cabeza y el torzo, para luego golpear la tierra con sus puños repetidamente. Tenía tierra y raspones por toda la cara. – ¡¿Qué todo me tiene salir mal este día?! Gaia, ¡¿Por qué me tratas así?! ¿Es porque no te di ninguna ofrenda el último festival?, ¡¿cómo quieres que te dé ofrendas si no me das dinero?!
Resultaría obvio para estos momentos que Xyon no era precisamente el mejor caza recompensas... o persona. Era hábil con su espada, muy hábil; muchos lo habían reconocido por ello en el pasado, pero de hecho era para lo único que era bueno, lo único en lo que resaltaba, y en ese mundo esa habilidad te daba muchas opciones, pero no todas muy agradables: podías ser soldado, ladrón, asesino, guardia personal, o caza recompensas. ¿Por qué había elegido ser caza recompensas de todas ellas?, simple: era la única en la que no recibías órdenes de alguien más... o hacías algo lo suficientemente malo o ilegal como para que la justicia te buscara. Y hubiera sido perfecto, de no haber sido por esa horrible mala suerte que siempre lo seguía.
¿Era acaso que el destino se empeñaba en maltratarlo? ¿La Diosa Gaia se divertía con su desgracia?, ¿era tal vez su bufón personal al que le arrojaba pasteles a la cara para ver qué hacía? ¿Es que acaso nunca tendría ni un sólo golpe de suerte...?
Algo pareció llamar su atención en ese momento y sacarlo de su autocompasión. Por el rabillo de su ojo izquierdo, logró divisar la silueta de algo que estaba a su lado, a un par de metros de él. Lentamente giró su cabeza hacia esa dirección para ver qué era, pero se encontró con la sorpresa de que no era algo... sino alguien.
Había una persona, tirada a lado del río, no muy lejos de él. Estaba recostada sobre su costado izquierdo y le estaba dando la espalda, pero podía ver que era alguien delgado, de cabello oscuro, corto, que vestía una camisa azul oscura y unos pantalones negros; ambas prendas estaban algo sucias, y tan viejas que parecían ligeramente rotas. No se movía en lo absoluto, como si fuera una roca, y al parecer ni su caída ni sus gritos habían logrado reacción alguna en él. ¿Acaso...?
- ¿Eh? ¿Pero qué…? – Murmuró confundido mientras se sentaba con cuidado y volteaba a mirar con más cuidado. En efecto, era una persona. Lentamente se le aceró gateando por el suelo, con mucha cautela en sus movimientos. Sus ropas y su cabello estaban mojados, por lo que era posible que hubiera estado en el río. – Oye, ¿estás bien?
Con algo de temor acercó su dedo índice a su hombro, picándole ligeramente y moviéndolo al mismo tiempo, pero aquel individuo no reaccionó en lo más mínimo.
- “¿Estará muerto?” – Pensó para sí mismo con cierto temor.
¿Era posible que hubiera caído al río y se hubiera ahogado? Pero si fuera así, ¿por qué estaba afuera? ¿La corriente la había empujado hasta ahí? No, estaba lo suficientemente lejos de la orilla para ver que había salido, o alguien lo sacó. ¿Alguien sacó el cuerpo del río y lo dejó ahí? Bueno, eso era algo que él entendía, pues se encontraba tentado a hacer lo mismo; ya había tenido un día lo suficientemente malo como para que ahora lo involucraran en un posible asesinato.
De pronto, notó que el cuerpo se movía ligeramente; ¿estaba respirando? En efecto, los movimientos de su torso indicaban que estaba respirando lentamente.
- Oye, amigo. – Pronunció de nuevo, ahora con más fuerza y lo tomó del hombro. – ¿Te encuentras bien? ¿Qué te pasó?
Lo giró con cuidado hacía él para ponerlo boca arriba y ver bien quién era o que le había pasado. Sin embargo, ese acto trajo consigo un par de sorpresas. La primera, es que al poder verle de frente, pudo detectar que esa persona era una mujer, una de apariencia joven, de cabellos negros, cortos hasta su cuello, de piel blanca y refinada. Era delgada, y algo pequeña en su complexión. Su rostro tenía una forma delicada, aunque en esos momentos tenía algunas manchas de lodo en ella, y sus ojos estaban plácidamente cerrados como si durmiera. Y la segunda sorpresa, fue que, además de estar empapada, sucia y tirada a lado del río... su camisa se encontraba totalmente rasgada del frente, y su tozo se encontraba expuesto, y eso incluía el área de su busto...
- ¡¿Qué demonios...?! – Exclamó sorprendido el caza recompensas, haciéndose hacia atrás ligeramente como reacción inicial. – ¿Una chica? Pero...
Intentando tranquilizarse, pasó a mirarla con más cuidado. A pesar de su complexión y rostro joven, si se podía ver que no era una niña; debía de tener al menos unos veinte años o más. Tenía un rostro delicado y hermoso, de muy buen ver, sin ninguna imperfección además de las manchas de lodo que tenía. En otras palabras, debía de ser una persona de buena posición, a pesar de las ropas sucias y viejas que usaba. Estaba inconsciente, totalmente inconsciente, y su respiración era lenta y pausada, pero constante. ¿Qué era lo que le había ocurrido?
- “¿Qué hace una chica semi desnuda, inconsciente a la orilla del río?” – Se preguntó algo confundido. – “¿La habrán atacado? Pero...”
Luego de analizar su rostro por algunos segundos, no logró evitar desviar su mirada ligeramente hacía abajo, hasta esa parte de su cuerpo tan “especial” que se suponía no debería de estar tan expuesta. Tenía un cuerpo delgado y delicado, como el de una muñeca de porcelana, perfectamente hecha al detalle. Su busto era mediano, no muy chico, pero tampoco muy sobresaliente. Xyon pareció ligeramente fascinado por esa imagen…
- “Cielos, que hermosa es…” – Pensaba sin quitarle los ojos de encima. – “Me preguntó cómo….”
Su mano se movió prácticamente de manera inconsciente hacia ella, lenta y peligrosamente a su torso. ¿Cómo se sentirían? De pronto se detuvo a medio camino, apartando la mano rápidamente.
- “¡¿En qué está pensando?!”
Se volteó hacia otro lado, intentando usar toda su fuerza de voluntad para no volverse de nuevo hacia ella. Su rostro estaba sonrojado, y se le veía algo ansioso. Esa era definitivamente una situación complicada para él. No era precisamente alguien con mucha experiencia con las chicas. Cómo se dijo antes, Xyon era muy hábil con la espada, pero era en lo único que era bueno. La mayoría de las mujeres le tenían miedo o desconfianza desde la primera vez que lo veían; Nora no era la primera, ni sería la última. No era exactamente la primera chica que veía desnuda… Pero…
No pudo aguantar más y tuvo que virarse de nuevo, echándole otro vistazo. La imagen ante él era una muy hermosa… y tentadora visión.
Volteó hacia un lado y hacia el otro de manera consecutiva, asegurándose de que nadie estuviera cerca; si alguien lo viera en esa situación, si que tendría un problema. Pero en efecto, estaba solo. No se veía la presencia de nadie alrededor, y el único ruido perceptible era el del agua del río fluir. Era demasiado tentador para dejarlo pasar. Además, no se trataba de hacer algo tan malo, sólo… Tocar uno, un poco; luego se lo compensaría de alguna forma, o eso era lo que él se repetía a sí mismo en su mente para convencerse.
Se le volvió a acercar, y observó con más detenimiento su cuerpo. Luego, comenzó a acercar su mano temblorosa y nerviosa hacia ella, hasta colocarla por completo sobre su pecho derecho, presionándolo un poco. Su expresión se lleno de cierto asombro.
- “Cielos… Son tan suaves, es la primera vez que tocó unos así…”
De manera tímida movió su palma lentamente hacia un lado y hacia el otro, acariciándolo ligeramente. Definitivamente se iría al Quinto Infierno por eso…
- ¿Elly? – Escuchó de pronto que una vocecita pronunciaba de golpe, y como todo niño que se encontrara haciendo algo malo, el menor sonido lo hizo quedarse helado.
Apenas capaz de moverse, movió su cabeza lentamente hacia ella, divisando como sus ojos, adormilados, pero aún así semi abiertos, lo miraban fijamente con la ligera confusión típica de alguien que se acaba de despertar.
- ¡Ah!, ¡No es lo que parece! – Exclamó rápidamente, retirando su mano de golpe y haciéndose hacia atrás. Eso había sido una estupidez, ¿en qué estaba pensando?, ahora se metería en serios problemas. – ¡No estaba haciendo nada malo!, yo sólo estaba... ¡verificando que no estuvieras herida!… Sí… eso...
Xyon se viró hacia otro lado apenado, intentando encontrar alguna explicación más creíble, o suplicando que realmente le hubiera creído. ¿Y si salía corriendo? No sabía su nombre, y para cuando le dijera a alguien lo sucedido, él ya estaría muy lejos y nunca regresaría a ese pueblo. Era una opción. Sin embargo, mientras pensaba en qué hacer, se dio cuenta de que aquella extraña se sentaba con cuidado en el suelo, sin dejar de verlo no ni un sólo segundo. Luego, de la nada, se apoyó en sus manos y rodillas y comenzó a acercársele con cuidado, mirándolo con cierta curiosidad en sus ojos.
- ¿Elly? – Volvió a pronunciar mientras se le acercaba.
- ¿Ah? – Murmuró confundido el caza recompensar al ver como se le acercaba de esa forma. – Oye, ¿Qué... te pasa?
La extraña se le acercó más y más, hasta estar a unos escasos centímetros de él, y luego se inclinó más al frente, alzando su rostro hacía el suyo, hasta tenerlo muy cerca. Sus ojos azules y cristalinos lo miraban fijamente, analizándolo, viéndolo profundamente. Esa mirada, sumado a la cercanía que provocaba que sus pechos casi rozaran su cuerpo, hacían que Xyon se pusiera más que nervioso, y su rostro se puso rojo de golpe.
- ¿Cuál... es tu... problema? – Murmuró casi tartamudeando. – No te me acerques así que no respondo…
- ¿Elly?
- Sí, lo que sea, pero… ¡Al menos tápate un poco! Digo, no es que no quiera… ¡Sólo cúbrete!
Rápidamente tomó su capa y se la quitó, colocándola alrededor de ella para que se cubriera. Cómo no había gritado ni corrido, ni hecho ningún escándalo, lo más seguro era que no se había dado cuenta de lo ocurrido al estar semiinconsciente, y era mejor dejarlo así. Ahora pasaba de ser un pervertido que intentó tocarla estando dormida, a ser el buen samaritano que la ayudó cuando estaba en problemas... No había duda, definitivamente iría al Quinto Infierno por esto.
La chica miró confundida la capa que él había puesto sobre sus hombros, y entonces bajó su mirada. Fue en ese momento en el que pareció notar por primera vez que estaba descubierta de su torso, y eso pareció sorprenderla, aunque no tanto como alguien esperaría de una situación así. En lugar de sobresaltarse, gritar, o algo similar, tranquilamente tomó la capa y se rodeó con ella, cubriéndose el cuerpo, sin hacer nada más.
- Bien, mucho mejor. – Murmuró el caza recompensas y entonces se colocó de cuclillas frente a ella para poder verla a los ojos, y ella lo miró a él a su vez.
Tenía una expresión seria y ligeramente indiferente en su mirada. No parecía preocupada, confundida o asustada; de hecho se veía muy normal. Lo miraba como con una curiosidad casi infantil, o eso fue lo que Xyon percibió.
- Ahora dime, ¿Cómo te llamas?
- Elly.
- ¿Qué fue lo qué te pasó?
- Elly.
- ¿Dónde vives?
- Elly.
- ¿Puedes decir algo que no sea “Elly”?
La chica guardó silencio por unos tres segundos, y entonces contestó...
- ¿Elly?
Ambos se quedaron quietos y callados luego de ello, mirándose fijamente a los ojos, como si esperaran algún tipo de reacción del otro. De pronto, la mirada de Xyon se endureció de golpe y rápidamente la tomó de los hombros con fuerza, zarandeándola un poco sin mucho tacto.
- ¡¿Te estás burlando de mí o qué?! – Le gritó con cierta molestia en sus palabras. La joven sólo apretó los ojos y gritó.
- ¡¡Elly!!, ¡Elly!
¿Qué era todo eso?, ¿era una broma o acaso realmente sólo podía decir esa palabra? Pero parecía que entendía bien lo que le decía... ¿o no?
- Debiste de haberte golpeado la cabeza o algo.
- Elly…
- Oh, bueno…
Se paró rápidamente y se arregló su traje, limpiándose el polvo y lodo que le había quedado luego de su caída. Después tomó de nuevo su equipaje y se lo echó al hombro.
- Sigue el camino de por allá y llegaras a Sallivan, es un pueblo. – Le indicó señalando el camino, en la dirección en la que él venía. – Busca al Jefe de Caballería, él te ayudara; puedes quedarte con la capa. – Dicho eso, se dispuso a volver al camino y largarse de ahí. – Adiós, fue un gusto tocarte… ¡Digo!, ¡Conocerte!
Y entonces comenzó a caminar sin preocupación alguna, pero no pudo avanzar mucho, pues en cuanto dio un par de pasos sintió que lo tiraban de la manga de su traje para detenerlo. Al virarse sobre su hombro, vio que la chica estaba de pie a su lado, y lo sujetaba de su manga mientras lo miraba fijamente.
- ¿Qué? – Preguntó, aunque de hecho sabía que no iba a recibir alguna respuesta entendible.
- Elly…
En efecto Xyon no entendió que quiso decir con ese “Elly”, pero sus ojos ahora tenían un rastro de suplica y miedo en ellos, lo que le indicó que no quería que la dejara sola. Bien, al menos al fin reflejaba una reacción “normal”. ¿Qué hacer? Ya se había portado demasiado bien, le había dado su capa, y le había indicado hacia dónde ir, ¿qué más quería que hiciera? Claro que… también la había tocado indebidamente mientras estaba desmayada…
Y entonces recordó lo que había dicho luego de caer, cómo le había gritado a su diosa y maldecido su mala suerte, y justo ocurría... esto. ¿Era acaso un fruto más de esa maña suerte que era su eterna compañera?, ¿o tal vez una respuesta a su queja?
- “¿Esto es algún tipo de prueba, Gaia?” – Volteó a ver de reojo a un lado y luego de nuevo a la chica, que seguía viéndolo... con esos ojos... ¡esos ojos de cachorrito triste!, ¿por qué lo estaba viendo así? Lo hacía sentir realmente incomodo. – ¡Está bien!, te llevaré a Sallivan, ¡pero sólo eso! Maldita sea…
La extraña sonrió ligeramente al escucharlo.
- - - -
Se respiraba una gran alegría en Sallivan. La plaza del pueblo estaba llena, se escuchaba algo de música, y la gente comía y reía con entusiasmo. Era un día de celebración para todos, o al menos para todos. Para Xyon esa “fiesta” no era más que un recordatorio más del fracaso rotundo que había sido ese día. Su plan era irse lo antes posible, pero al parecer eso no le iba a ser posible pronto por el nuevo predicamento que se le había presentado. Muy de mala gana avanzaba entre la multitud de gente en la plaza, seguido por detrás por la chica del río, envuelta y cubierta aún con su capa. Estaban buscando la oficina de la Caballería local; se pensaría que en un pueblo pequeño encontrarla no sería difícil, pero tuvieron que dar un par de vueltas antes de dar con ella.
La oficina era un edificio de dos pisos, de apariencia algo vieja, construido de piedra, con dos puertas de madera, también algo viejas al frente. Por dentro, la primera habitación era de forma cuadrada, casi vacía, excepto por un escritorio y libreros que estaban al fondo, unas sillas para sentarse del lado izquierdo, y del lado derecho había lo que parecían ser las rejas de tres celdas, las cuales estaban vacías en esos momentos. La única persona en ese lugar era un hombre sentado en la silla del otro lado del escritorio, con sus pies arriba de éste mientras leía un periódico con tranquilidad.
- ¿Es usted el jefe de caballería? – Preguntó el caza recompensas desde la entrada. El hombre bajó el periódico y se volteó hacia ellos.
- Ese soy yo. – Pronunció con un tono de voz grave, mientras colocaba el periódico en escritorio, y luego se ponía de pie.
Para sorpresa de Xyon, no se trataba precisamente de un hombre de apariencia intimidante. Era un hombre de estatura baja, algo robusto y de piel oscura. Tenía un amplio bigote café que adornaba su rostro, y casi le ocupaba todo éste. Llevaba un casco de acero sobre la cabeza que prácticamente escondía sus ojos, y unas hombreras y pecheras también de acero. Su apariencia era algo cómica de hecho, o a Xyon así le parecía, pero intentó disimularlo. El hombre se subió bien sus pantalones negros, y caminó hacia ellos con seguridad en cada paso.
- Soy Connor, el Jefe de Caballería de Sallivan. – Se presentó al estar de pie frente a ellos. Parecía que diría algo más, pero se calló de golpe al notar a Elly, que estaba parada a lado del chico. A simple vista su cabello mojado y despeinado, su rostro sucio, y como estaba envuelta en esa manta vieja, daban la impresión de que algo malo le ocurría. – ¿Qué le pasó a ésta muchacha?
- No lo sé. La encontré casi desnuda en la orilla del río.
- ¿Casi desnuda? – Exclamó sorprendido el Jefe, aunque de inmediato su atención se viró hacia Xyon, de forma casi acusadora. – ¿No será que hiciste algo inapropiado con ella?
El caza recompensas se sobresaltó al escuchar tal afirmación.
- ¡Por supuesto que no! – Contestó de inmediato con fuerza, aunque no lograba evitar recordar lo que había hecho al hallarla dormida; de seguro eso podría considerarse “inapropiado” de cierta forma, pero definitivamente no había hecho lo que ese hombre estaba pensando en esos momentos.
Connor se le quedó viendo por algunos segundos con ciertas dudas. Al igual como había ocurrido con Nora, la sola apariencia de aquel individuo le resultaba muy sospechosa, y la situación no lo favorecía. Pero igual no tenía pruebas de algo malo hubiera pasado siquiera, así que sólo le quedaba preguntarle a la victima que había ocurrido.
- Bien, siéntate unos momentos, hija. – Murmuró con gentileza y entonces guió a Elly hacia una de las sillas a un lado para que se sentara, y luego se puso de cuclillas frente a ella para poder verla con claridad.
La joven no presentaba ninguna reacción en su rostro. Parecía ida, o más bien ausente, como si no entendiera dónde estaba o qué ocurría. Él había visto esas reacciones antes, y casi siempre se presentaban en personas que habían pasado por algún tipo de situación desagradable que las dejaba en shock.
- Ya estás a salvo aquí, ¿de acuerdo? – Le dijo intentando ser lo más gentil y delicado posible, y entonces tomó sus manos entre las suyas. – Ahora dime, ¿cómo te llamas?
- Elly.
- ¿Qué fue lo que te pasó?
- Elly.
- ¿Dónde vives?
- Elly.
- ¿Puedes decir algo que no sea “Elly”?
La chica guardó silencio por unos tres segundos, y entonces contestó...
- ¿Elly?
Todo el sitio se quedó en silencio, escuchándose sólo los sonidos que provenían de la celebración inminente en el exterior. Luego, Connor se giró de golpe hacia Xyon, notándosele que no estaba para nada contento.
- ¿Es esto algún tipo de broma, jovencito? – Comentó entre dientes el caballero.
Xyon no estaba mucho mejor. Por un lado le parecía gracioso ver como la escena de hace un rato en el río se había prácticamente repetido, pero la situación le parecía algo desesperante para esos momentos.
- Lo mismo quisiera saber, señor. – Contestó con desganó, poniendo sus manos atrás de su cabeza. – No puede decir nada más que “Elly”, y parece demasiado confundida. Creo que se golpeó la cabeza o algo.
- Supongo que eso es posible... O alguien la golpeó…
La expresión acusadora de Connor volvió una vez más al decir esas palabras y voltear a ver sobre su hombro al chico, el cuál de nuevo no lo tomó de manera positiva.
- ¿Qué está insinuando con esa mirada? Yo no le hice nada, ¿de acuerdo? ¡Yo sólo la encontré!
- Bien, hagamos esto. Le voy a dar un poco de ropa de mi hija para que no esté así, e iremos a ver al Dr. Loyd para que nos diga si puede identificar qué tiene.
- ¿Iremos? Oiga, yo sólo la traje, pero ya me voy...
- ¡De ninguna manera! – Exclamó de golpe el Jefe, antes de que pensar siquiera en irse, haciendo que incluso se asustara un poco. – Sea como sea, no te puedo dejar ir así como así sin saber si en verdad no le hiciste nada a esta chica.
Xyon se quedó perplejo. ¿Estaba hablando enserio? Le había dado su capa a esa chica, le había guiado que hacer, incluso la había traído hasta el pueblo él mismo, todo por ser ligeramente bueno para variar, ¿y ahora resultaba que era sospechoso de haberle hecho algo malo?
- Debe estar bromeando… - Murmuró en voz baja con cierto fastidio.
¿Qué otra cosa mala podría ocurrirle en el mismo día?
- - - -
Sin lugar a poder negarse, Xyon, el Jefe de Caballería, y la extraña del río se dirigieron a la cínica del pueblo. La enfermera de la recepción los había pasado al consultorio del doctor, y ahora los tres esperaban a que éste llegara. El consultorio era una habitación cuadrada, no muy espaciosa, en la que había dos camas para enfermos, un escritorio, un par de estantes con medicinas, y unos libreros. Sólo tenía una ventana que daba justo a la plaza, por la que se notaba el gran movimiento de afuera.
Mientras aguardaban, Xyon se veía algo ansioso. Estaba cruzado de brazos, recargado contra la pared, mirando hacia un lado y hacia el otro con insistencia, y su pie golpeaba el suelo repetidamente.
- ¿Qué te ocurre, chico? – Escuchó como Connor le preguntaba. – Te ves preocupado, ¿acaso tu consciencia ya te está empezando a delatar?
- ¡Nada de eso!, es sólo que… - Detuvo abruptamente su explicación, y entonces se giró hacia otro lado. – ¡No es su problema!
El caza recompensas se dirigió hacia la ventana, parándose frente a ella. Su estado no estaba relacionado con esa chica, si no por el lugar que estaban en sí. No era que le tuviera miedo a los hospitales, o a los doctores. Simplemente… ese tipo de sitios siempre lo ponían nervioso. Ese olor a alcohol desinfectante y medicinas en el aire, y la sensación de muerte constante… siempre lo intranquilizaba considerablemente.
La puerta del consultorio se abrió de pronto, y del otro lado se asomó un hombre mayor, de cabeza calva, aunque con algo de cabello canoso a los lados de ésta, de pequeños anteojos redondos que escondían sus ojos y un pequeño bigote, también canoso, sobre sus labios. Vestía una larga bata blanca, y bajo su brazo derecho cargaba una tableta para apoyarse y algunos papeles en ésta.
- Buenas tardes, Connor. – Saludó aquel hombre, cerrando la puerta detrás de él. – Disculpa la demora, salí un momento a la plaza; parece que la fiesta se pondrá muy movida, ¿no? ¿Qué paciente me traes ahora?
Con pasos lentos, se fue acercando a Xyon, hasta pararse delante de él y comenzar a analizarlo de arriba abajo a través de sus anteojos; el caza recompensas lo miraba confundido.
- ¿Qué malestares tienes, jovencito? – Preguntó el doctor mientras tomaba una pluma del bolsillo de su bata y se alistaba para anotar en su hoja de apunte. – ¿Alguna comezón inexplicable en tu área privada? ¿Estuviste metiendo tu varita en dónde no debías?
El chico de cabellos anaranjados parpadeó confuso al escuchar esas preguntas, aunque no tardó mucho en entender a que se refería.
- Oiga, ¡¿de qué me vio cara o qué?! – Exclamó con fuerza fe golpe. – ¡Yo no soy su paciente!
- Tu paciente es esta chica, Loyd. – Informó el jefe de Caballería, mientras señalaba con su mano hacia la extraña.
La chica de cabellos negros estaba sentada en la cama. Ya no traía las ropas de antes, sino un vestido largo de color negro de una sola pieza, de mangas cortas, y con algunos adornos blancos al frente. El doctor se acomodó sus lentes y entonces se acercó hacia ella.
- Eso cambia todo, ¿qué le ocurre?
Loyd tomó una silla y la colocó frente a ella para poder sentarse y mirar a la joven con mayor detenimiento.
- Este chico afirma que la encontró con su ropa rasgada e inconsciente en el río, y es incapaz de comunicarse con claridad.
- ¿De comunicarse?
- No puede hablar, sólo sabe decir “Elly Elly Elly”. – Agregó Xyon desde la ventana. – Así que no le pregunte cómo se llama, qué le pasó o dónde vive que sólo le contestará eso.
Al doctor le parecía muy interesante la información que le daban, pero también algo confusa. Tomó la cabeza de la chica con cuidado con ambas manos y comenzó a inspeccionarla con sus dedos. Ella no oponía mucha resistencia, de hecho se le veía muy calmada.
- No veo ningún indició de golpe en la cabeza. A simplemente vista se ve muy normal. ¿Dicen que no puede hablar?
- Elly. – Murmuró ella en voz baja, como queriendo contestarle.
- Sólo decir esa palabra una y otra vez. – Repitió Xyon.
Loyd se cruzó de brazos y pensó rápidamente en qué hacer.
- ¿Y han intentado pedirle que escriba algo? – Preguntó volteando a ver a ambos sobre su hombro.
Xyon y el Jefe se miraron entre ellos en silencio; ¿por qué no se les había ocurrido eso? Al interpretar su silencio como una negación, le extendió su tableta y pluma a la chica para ver si se podían comunicar con ella así.
- ¿Sabes escribir?
- Elly.
Era difícil saber si eso era un “sí” o un “no”, pero igual iban a hacer el intento.
- ¿Podrías escribirme aquí cómo te llamas, qué fue lo que te pasó y dónde vives?
La extraña lo miró fijamente en silencio sin hacer movimiento alguno al escuchar cómo le hacía esa petición. Al principio pensaron que posiblemente no le había entendido, pero de pronto tomó la tableta y comenzó a escribir algo en ella. Los tres la miraron ansiosos, esperando a ver que escribía. ¿Sería posible que al fin supieran quien era? Al terminar, volteó la hoja hacia ellos, para que pudieran ver su contenido: “Elly Elly Elly”. Los tres se quedaron helados al ver esto…
- Ese chiste ya no es gracioso – Murmuró Xyon en voz baja.
- Creo que nunca lo fue. – Agregó el Jefe del mismo modo.
Loyd suspiró un poco y se volvió a acomodar sus anteojos.
- Bien, en efecto sufre de algún tipo de retraso. Puede ser de nacimiento, aunque también podría haber sido causado por algún trauma físico, como un golpe en la cabeza que le provoqué algún tupo de amnesia temporal, o mental como un ataque o experiencia traumática.
- ¿Experiencia traumática?
- No es muy común, pero en ocasiones cuando alguien pasa por una experiencia horrible, su mente se queda en shock, y ésta bloquea todo lo que le hace daño, recuerdos y demás, y pueden quedar en un estado como éste.
- En otras palabras, está loca. – Comentó el caza recompensas con simpleza.
La joven pareció enojarse un poco al oírlo decir eso, y se paró rápidamente de la cama.
- ¡Elly! – Le gritó con fuerza, mirándolo con enojo.
- ¡Nadie entiende que quieres decir!, ¿qué no te das cuenta?
- ¡Elly Elly!
Ella seguía gritando esa palabra una y otra vez, agitando sus brazos con insistencia, pero en efecto, nadie entendía qué quería decir. Parecía como un niño pequeño o un animal, que no sabía hablar y sólo hacía sonidos y mímicas para intentar darse a entender, sin mucho éxito.
- ¿Qué hacemos ahora? – Le preguntó Connor al Loyd.
- Bueno, si es a causa de algún trauma, en ocasiones este estado es reversible, pero para ello necesita estar muy tranquila, y de preferencia rodeada de cosas conocidas y familiares que la hagan sentir cómoda y segura.
- Pues suerte con eso, no tenemos idea de quién es, así que ni idea de qué le parezca familiar o conocido.
- Elly. – Repitió de nuevo, acercándose a Xyon y parándose delante de él. – ¡Elly!
- ¡¿Qué demonios quieres?! – Le gritó con enojo. – ¡¿No sabes decir alguna otra palabra al menos?!
- ¡Elly!
Connor y Loyd miraban toda la escena con cierta curiosidad. La chica parecía algo indiferente hacia ellos dos. Los miraba y oía como si no estuvieran realmente ahí, pero era diferente con ese chico. A él parecía entenderle todo lo que le decía con mayor claridad, y actuaba de manera más suelta y normal. ¿Qué significaba eso?
- Creo que de alguna forma tú le pareces conocido, o al menos se ve tranquila y a gusto a tu lado. – Comentó el doctor, tallándose la barbilla. – ¿Seguro que tú no la conoces, chico?
- ¡Por supuesto que no! No la conozco, y definitivamente no olvidaría unos pechos como esos.
- ¿Qué? – Connor volteó a verlo de manera acusadora al oír tal afirmación que se había escapado sin querer de sus labios.
- ¡Ojos!, quise decir ojos…. sí…
El caza recompensas se giró hacia otro lado algo apenado; ¿cómo se le pudo haber escapado decir algo como eso?
Connor seguía pensando que ese sujeto tenía algo que ver con todo ese asunto más de lo que él afirmaba, y las reacciones que esa chica tenía con él se lo aseguraban. Sin embargo, no tenía forma de saber si era de manera positiva o negativa. Se veía que en efecto ella se desenvolvía mejor con él, pero su experiencia lo hacía seguir pensando que estaba detrás de lo que le había ocurrido. ¿Qué hacer entonces?
- Creo que lo único que podemos hacer es preguntar si alguien en el pueblo la conoce. – Sugirió Connor. – Por lo pronto, si ella se siente segura contigo, creo que lo correcto será que tú la cuides, pero no te intentes pasar de listo que te estaré vigilando de lejos.
- ¡¿Qué?! – Exclamó él sorprendido, señalándose con un dedo. – ¿Yo?
- Elly…
Una pequeña sonrisita surgió en sus labios, mientras miraba a Xyon con una expresión más relajada que antes. La idea pareció no desagradarle, muy al contrario de él, que con cada minuto que pasaba la situación le parecía empeorar.
- - - -
Para cuando empezó el atardecer, la plaza estaba llena de gente. Se oía mucha música, y hasta algunos puestos de comida se habían instalado. Había gente bailando, cantando, comiendo, jugando… Era en verdad una fiesta que se había armado en sólo unas cuantas horas, y que tal vez se volvería una costumbre para Sallivan; eso era muestra indudable de la horrible situación por la que aquel malvado ogro los había hecho vivir en todo ese tiempo, y de la gran felicidad que les daba que eso ya hubiera terminado.
La Posada de Mawa también tenía mucho movimiento, pues varios iban a celebrar en ese sitio a beber un trago; ya para ese entonces el restaurante se transformaba en bar, aunque también había comida para quien quisiera cenar. Nora había vuelto al trabajo luego de su pequeña aventura. Como Rick había dicho, ella era de cierta forma la verdadera héroe de Sallivan, pues de no ser por ella eso nunca hubiera sido posible, y como tal, muchos esperaban que estuviera en la fiesta, celebrando con todos. Y lo haría, pero no hasta que terminara su turno; mientras eso no pasara, seguiría trabajando, después de todo se había ausentado mucho por ir a la cueva del ogro. Ese era el tipo de persona que era, siempre responsable con todo y con todos; por eso todos la respetaban mucho. En esos momentos se encontraba muy feliz y llena de energías, y las aprovechaba haciendo su mejor trabajo.
Una regla de Mawa era que, siempre que la puerta se abría y un nuevo cliente entraba, la mesera más cercana debía de recibirlos con una cordial bienvenida, sin importar que estuviera haciendo, excepto si estaba atendiendo a otro cliente. Eso haría que la persona se sintiera bien y feliz de estar ahí, o eso decía el dueño. En algún momento de esa tarde, esa responsabilidad le correspondió precisamente a Nora. Escuchó la campana de la entrada sonar a sus espaldas al abrirse la puerta y de inmediato se giró para recibir a quien quiera que estuviera entrando con una sonrisa.
- ¡Bienvenidos a....! – Comenzó a decir con entusiasmo, pero se detuvo de golpe al reconocer quien estaba parado en la puerta. – Ah, eres tú, ¿no te habías ido ya? ¿Decidiste quedarte a la fiesta?
Quien acababa de entrar era ni más ni menos que Xyon, el caza recompensas que había fallado en su intento de derrotar al ogro, y que se había ido muy molesto al no recibir la recompensa. El entusiasmo y buen humor de Nora se esfumó ligeramente al ver de nuevo a aquel sujeto.
- Esa no es forma de recibir a un cliente. – Comentó con fastidio el recién llegado. – Y no, no me quedé a su tonta fiesta; estuve obligado a volver, ¿de acuerdo?
Nora parpadeó sin entender a que se refería con eso de haber sido obligado. Fue entonces cuando notó que aquel individuo no venía solo. Parada a su lado, estaba una chica de cabello negro y corto, con un vestido largo también negro. Que tenía una expresión seria en el rostro.
- ¿Y ella quién?, ¿viene contigo?
- Algo así. ¿Nos das una mesa o qué?
Nora guió a ambos hacia una mesa redonda ubicado aproximadamente en el centro del establecimiento. Se fue, y dos minutos después les trajo dos platos de comida. No habían pedido nada, pero le pareció que aquella chica se veía algo hambrienta, y tenía razón. En cuanto colocó el plato frente a ella, sus ojos se iluminaron como estrellas y comenzó a comer con rapidez, como un pequeño animal hambriento de la calle. Nora y Xyon la miraban confundidos mientras comía.
Curiosa de cuál era su historia, se sentó con ellos y le preguntó con mucha amabilidad cómo se llamaba, a lo que ella respondió…
- Elly. – Murmuró entre mordida y mordida de su comida.
- Mucho gusto Elly, yo soy Nora. – Respondió la mesera con una amplia sonrisa.
- No se llama Elly. – Comentó de pronto el caza recompensas mientras comía. – Eso es todo lo que sabe de decir.
- ¿De qué estás hablando?
- Elly… Elly… - Volvió a repetir la extraña, alzando su mirada hacia ella.
Nora pareció confundirse más por todo esto, pero luego de unos minutos de intentar hablar con ella, le quedó muy claro que, en efecto, sólo podía decir “Elly”. De inmediato cuestionó al hombre de capa sobre el asunto, el que de muy mala gana comenzó a contarle toda la historia.
- ¿Inconsciente en el río? – Murmuró en voz baja algo sorprendida por la historia. – ¿Pero qué le pasó?
- No lo sé, nadie lo sabe. Y antes de que digas algo, yo no tuve nada que ver.
- Yo no dije nada…
De hecho, sí se le había ocurrido que posiblemente él le había hecho algo. Después de todo, en el poco tiempo que pasó con él, no le dio ninguna muy buena impresión. Sin embargo, había algunas cosas que le hacía pensar que no era eso. Primero, los tiempos no concordaban para ella, pues había estado con él casi todo el día, hasta que se marchó molesto. Segundo, ya se había ido, ¿quién volvería luego de hacer algo malo?, incluso el más idiota huye en esa situación, ¿o no? Y tercero, esa chica no se veía nada molesta, preocupada o asustada con él.
Luego de dar un largo trago de su cerveza, Xyon prosiguió contando.
- En fin, al parecer le gusté o algo, porque parece sentirse tranquila conmigo o algo así, no entendí bien lo que dijo el doctor, pero el Jefe de Caballería quiere que la cuide hasta que averigüe quién es, pero sólo le daré hasta mañana. Si no averigua nada, me iré; tengo asuntos importantes que atender.
- El Jefe Connor es un descuidado al dejar a una chica indefensa contigo.
- ¡Cómo sea!, no estoy en esta situación porque quiera, ¡¿De acuerdo?! Ahora, ¿nos das dos cuartos para dormir esta noche o tendré que ir a otro sitio?
- ¿Tienes para pagar dos cuartos?
Esa pregunta dejó helado a Xyon. ¿Dinero?, ¿cómo iba a tener dinero?, no había ganado la recompensa, ¡estaba casi en la ruina! De manera disimulada tomó la bolsa de dinero de su cinturón y la abrió, viendo las pocas monedas que traía en ella.
- ¡¿Qué no oíste la historia?! No me quedó porque quiera, pero si no vas ayudar, entonces nos podemos ir a dormir un callejón.
- No me amenaces. – Nora suspiró con fuerza y se frotó un poco los ojos. – Está bien, mira. Hoy es un día feliz para todos, lo que menos quiero es preocuparme. Les daré dos habitaciones para que los dos duerman, sin costo. Pero con esto, más las comidas que te he dado, ya queda saldada mi deuda por el intento que hiciste de derrotar al Ogro, ¿de acuerdo? No quiero que me vuelvas a decir que te debo algo. Todo con tal de no dejar a esta chica a solas contigo en la noche…
Xyon guardó silencio y siguió comiendo de mala gana. Le parecía todo muy bien, hasta que hizo la insinuación de dejar solo a esa chica con él. Al menos tenía comida y un lugar donde dormir, así que la situación no era tan mala. Pero aún así, la forma en que esta gente lo trataba hacía que le hirviera la sangre…
FIN DEL CAPITULO 002

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